domingo, 27 de agosto de 2017

LOPEZ REGA, EL PERONISMO Y LA TRIPLE "A"-CAP.-13 El ministerio

LOPEZ REGA, EL PERONISMO Y LA TRIPLE "A"
 MARCELO LARRAKY




13

El ministerio

     Carlos Silber acababa de ver la jura de López Rega por televisión cuando recibió una llamada telefónica desde la Casa Rosada. Con quince minutos en el cargo, el nuevo ministro de Bienestar Social le encomendó que buscara un terreno de ocho manzanas para construir un hospital regional, el más grande de toda la Mesopotamia. Tenía pensado el nombre: Victoria Montero El 25 de mayo de 1973 López Rega llegó al Estado. Podía movilizar recur-sos, formar y controlar grupos políticos, realizar alianzas con caudillos provinciales. Disponía de un amplio presupuesto para lanzar planes de obras públicas, entregar subsi-dios, responder a las necesidades populares. El ministerio le permitía construir poder y prestigio personal. Aspiraba a que su acción social fuese recordada como la de Evita. Y estaba dispuesto a mostrarle a la sociedad la idea que tenía de sí mismo: sería el hombre que salvaría a la Argentina. Perón le había dado esa oportunidad y le había demostrado su preferencia: el 26 de junio, un día antes de que lo sacudiera el infarto, recorrió con él los pasillos del ministerio. En cambio, nunca visitó a Cámpora en la Casa Rosada durante los días de su fugaz gobierno. El primer objetivo político de López Rega en el ministerio fue arrancarle una concesión a Gelbard. Perón había apostado por el titular de la CGE con el propósito de establecer una alianza entre los industriales nacionales y el Estado, que actuaría como motor en el desarrollo de la economía. Uno de los pilares sobre los que se sustentaba esa política de crecimiento era el plan de construcción de viviendas. Gelbard había programado su lanzamiento a través de la Secretaría de Viviendas y con el Banco Hipotecario como agente de financiación. Su equipo ya tenía todo en regla: crédito para materiales, líneas de redescuentos, planos de las viviendas, equipamiento. Pero de un día para el otro, la secretaría y el banco oficial cayeron bajo la órbita de Bienestar Social. De este modo, López Rega logró apropiarse de un eje importante de la política de reactivación.

      

Gelbard, que consideraba a López Rega como "niño mimado" de Perón, entendió que no estaba en condiciones políticas de enfrentarlo. Pragmático, decidió realizar un acuerdo táctico, un pacto de convivencia, que se verificó con el nombramiento de Duilio Brunello, un hombre de su íntima confianza, en un cargo jerárquico en el Ministerio de Acción Social. También le facilitó fondos de una cuenta bancaria secreta de la Presidencia para que comprara dos pisos en la avenida Libertador 3540, en Palermo. De todos modos, el ministro no los usó y siguió viviendo junto a Isabel y Perón. El cuarto piso lo ocupó Chiquitina y el décimo fue para Norma y Raúl Lastiri, en vísperas de que éste alcanzara la presidencia, aunque el inmueble quedó registrado a nombre de ella. El pacto entre López Rega y Gelbard también habría incluido la participación común en otros negocios de la gestión pública.

     El plan de construcción de viviendas representó para López Rega la idea fuerza de su accionar ministerial. Implementó tres programas con acuerdos de la CGT y el Ministerio de Trabajo. Entre otros beneficios, los trabajadores que poseía nun terreno tuvieron la posibilidad de construir su casa con apoyo oficial. López Rega puso a la cabeza del proyecto a Juan Carlos Basile.

     Se planificó la construcción demedio millón de viviendas en el término de dos años. El 60 por ciento quedaba a cargo del Estado y el 40 por ciento restante en manos de empresas privadas. Esto implicaba la erradicación de las villas de emergencia. López Rega había prometido transformar cada una de ellas en una ciudad jardín, y en ese marco le ofreció participar del proyecto al padre Carlos Mugica, que había sido asesor espiritual del grupo de estudiantes que luego fundaría Montoneros. El sacerdote se sumó al trabajo como asesor

ad honorem, pero se opuso a trasladar a los villeros a un complejo de viviendas. Prefería construir casas sobre la misma villa de Retiro. Al cabo de un tiempo, las diferencias en este punto obligaron a Mugica a renunciar al trabajo en el Ministerio.

Para el pacto López Rega-Gelbard, véase María Seoane, El burgués maldito, Buenos Aires, Planeta,1998, pág. 270. En entrevista con el autor, el ex secretario Legal y Técnico de la Presidencia Gustavo Caraballo, que respondía políticamente a Gelbard, confirmó que el ministro de Economía compró los dos departamentos para López Rega, pero dijo no recordar con precisión de dónde se había obtenido el dinero, aunque supone que era de fondos reservados. Como parte del acuerdo Gelbard-López Rega,C araballo fue secretario general de la Presidencia durante el período en que gobernó Lastiri. Asimismo, Giancarlo Elía Valori aseguró al autor que el Plan Europa (que preveía el desembarco de inversiones europeas) fue bloqueado por la unión de Gelbard y López Rega.

Basile era ingeniero. Vivía en los Estados Unidos cuando conoció a Perón y López Rega en Puerta de Hierro en 1972. Entre sus antecedentes laborales contaba con la inspección de la obra de hormigón y soldaduras de las Torres Gemelas. Su socio era el cubano-americano Luis Prieto Portar. Basile ayudaría a López Rega a editar un libro de sabiduría hindú cuando estaba prófugo de la Justicia en 1977. Luis Prieto Portar le consiguió protección legal. Véase capítulo 17.

A partir de la renuncia de Mugica, López Rega sembró sospechas sobre el destino de los 34 millones de pesos que le había concedido al cura. Mugica fue al Ministerio y lo increpó, y al regresar a su parroquia anunció a sus fieles que tenía la sensación de que el ministro lo mandaría a matar. El 2 de julio de 1973, la organización Acción Nacionalista Argentina colocó una bomba en el domicilio particular de Mugica. Una semana después, dos personas entraron a su edificio, cortaron la electricidad de los ascensores y golpearon su puerta al grito de "Carlos", pero el cura no estaba. Mugica sería asesinado el 11 mayo de1974, a la salida de su parroquia, San Francisco Solano, al anochecer, al recibir disparos de una metralleta de un hombre con vestimenta oscura, que previamente lo había llamado por su apellido y conversó unos minutos con él. Según los testigos, tenía bigotes poblados. Luego se introdujo a un Chevy color verde claro, de techo vinílico negro, que estaba estacionado en la vereda con la puerta abierta, y partió. Véase causa judicial AAA, cuerpo II,

 fojas 180-289. Para profundizar la relación de Mugica y López Rega véase Olga Wornat,

Nuestra Santa Madre. Historia pública y privada de la Iglesia Católica argentina,

Buenos Aires, Ediciones B, 2001, págs. 126-133 y Martín de Biase, Entre dos fuegos. Vida y asesinato del Padre Mugica, Buenos Aires, Ediciones de la Flor, 1998, capítulo 13.

    Después de la caída de Cámpora, la Juventud Peronista intentó contra atacar y enfrentó a López Rega. Estaba golpeada y confundida porque, si bien creía que el ministro se le estaba yendo de las manos a Perón, era evidente que éste brindaba un aval implícito a cada uno de sus movimientos. El dilema que se le presentaba a la izquierda peronista era cómo denun-ciar a López Rega sin cuestionar la figura del Líder. Intentando una resolución política de ese interrogante, la JP lanzó la "teoría del cerco", en la que acusaba a López Rega de haber atrapado al General, de retardar el cambio revolucionario y de interferir en el contacto directo entre Perón y su pueblo. El 23 de julio de 1973, la JP y sus organizaciones afines movilizaron a más de cien mil personas hasta los alrededores de la residencia de Gaspar Campos para apoyar el encuentro en que el General recibiría a los líderes juveniles por primera vez desde su llegada a la Argentina. Pero el Líder no estaba interesado en debatir con ellos, sino en disciplinarlos. Su respuesta aturdió a la JP. Los hizo recibir por López Rega. Y cuando los jóvenes pidieron un diálogo sin intermediarios, indicó que canalizaran sus solicitudes a través de la misma persona: López Rega. Fue una operación maquiavélica, clásica de Perón.

     Por su parte, luego del encuentro, el ministro se mostró ajeno a un supuesto conflicto con la JP, negó diferencias con ésta y delimitó un horario de atención a sus reclamos. Lo que ha ocurrido es que el general Perón, ante un pedido de "los muchachos" que lo fueron a ver, me llamó y me dijo: "López, los muchachos quieren conectar conmigo. ¿Cómo podemos hacer?". "Que me indiquen qué es lo que quieren y yo se lo traslado", le dije. Y eso fue todo. La gente suele olvidarse de que yo sigo siendo, con mucho honor, el secretario privado del general Perón y no hago más que facilitarle su tarea y cumplir en lo que está a mi alcance, para evitarle tropiezos y problemas. Lo voy a decir con toda claridad: ante la solicitud del General, los días jueves a la mañana, que es cuando yo tengo más tiempo, de 9 a 11 estaré en mi despacho para recibir con gusto a los dirigentes que tengan alguna inquietud para transmitir al General. Esto lo hago solamente a efectos de posibilitar un camino más directo, para que no anden penando y dando vueltas de un lado para otro, buscando gente que los pudiera acercar o influencias que no existen. Si ellos dicen que no quieren verme a mí, tienen el derecho de hacer las cosas como se les dé la gana. Yo no puedo forzar a la JP ni tengo la menor intención. Yo soy un servidor de la Nación porque el General me coloca allí. Si el General me dice "López, salga", yo salgo; si el General me dice: "López, quédese". Yo me quedo. Soy un soldado que cumple la verticalidad del general Perón y que cumple su tarea como un argentino que tiene noción de lo que la Patria necesita.

Antes de permitir el encuentro con Perón, López Rega hizo palpar de armas a los dirigentes juveniles. Posteriormente, en la edición del órgano montonero El Descamisado, para presentar la reunión como unt riunfo político de la JP, se excluyó al ministro de Bienestar Social de la foto. Sólo se mostró a los dirigentes juveniles con el Líder, bajo el título "Contacto permanente, sin intermediarios". Unos meses después, la conducción montonera alcanzó una conceptualización diferente sobre la "teoría del cerco": "nosotros pensábamos que López Rega era brujo, la palabra misma indica el elemento mágico. Un brujo que le pone un cerco mágico. Entonces vos atacás a la brujería para que Perón no quede solo y sí unido al pueblo. Si uno en realidad piensa que a López Rega lo puso Perón, no tiene mucho objetivo atacar a López Rega. Porque saca a López Rega y pone a otro, y sigue haciendo lo mismo. Porque el que manda es Perón realmente y no López Rega". Véase "Charla de la Conducción Nacional ante las agrupaciones delos frentes 1973" en: Roberto Baschetti (comp.), De Cámpora a la ruptura. Documentos 1913-1916, volumen I, Buenos Aires, De la Campana, 1996

     A estas alturas, debido a la utilización del aparato del Estado, el ministro se había con-vertido en un imán para todas las fuerzas que querían neutralizar a la izquierda peronista. López Rega mantenía una comunión de intereses con la CGT y las 62 Organizaciones, y así como en Ezeiza unieron fuerzas por primera vez, la nueva cruzada consistió en instalar a Isabel en la fórmula presidencial junto a su marido para cerrar definitivamente el paso de "los infiltrados" en el gobierno. Así, los herederos del vandorismo, que en 1966 se habían opuesto a Isabel, ahora se juntaban tras ella, motorizados por el entonces ignoto impresor de Suministros Gráficos que la había acompañado en nombre de la logia Anael. La concepción de la fórmula Perón-Perón fue forzada, y se concretó pese a las dudas políticas e incomodidades personales que provocó en el Líder. Perón abrigaba la idea de compartir la fórmula con Ricardo Balbín. Sería el legado histórico de la última etapa de su vida, que dejaría sentada su vocación por la unidad nacional para reconstruir la Argentina. Era el objetivo que se había trazado y la razón que justificaba su llegada al gobierno por tercera vez. La figura de Balbín también seducía en alguna medida a Montoneros, aunque su inclinación por éste, un radical situado en las antípodas de su identidad revolucionaria, estaba dictada menos por la generosidad política que por la desesperación. Para Monto-neros, la elección de Balbín representaba un grito de denuncia hacia la sociedad, para que se involucrara y se aliara frente al peligro que representaría López Rega si se adueñaba del poder a través de Isabel, en un momento en que todos estaban pensando cuánto tiempo podría soportar la salud de Perón en el ejercicio de la titularidad del gobierno.

Luego del encuentro con Perón y la JP, López Rega hizo estas declaraciones para distintos noticieros televisivos. Archivo fílmico Roberto Di Chiara

     Mientras la JP continuaba sus críticas hacia López Rega, el Consejo Metropolitano del Justicialismo, sin el aval del congreso partidario, lanzó la fórmula Perón-Perón. El ministro llevó a una delegación a la residencia de Gaspar Campos. Perón los recibió en el jardín de invierno, junto con Isabel. Había más de veinte personas que comenzaron a soltar frases elogiosas acerca de su esposa. Peróne scuchó en silencio cada participación hasta que dio un golpe en la mesa y dijo que no estaba de acuerdo con su designación por dos razones:

     -¡No podemos cometer el mismo error que en 1951! Y además no tengo salud y es posible que no termine mi período presidencial. No quiero dejar expuesta a Isabel a semejante situación.

     Esa semana mediaron dos encuentros personales entre Perón y Balbín, uno en el Congreso, otro en Gaspar Campos, en los que sobrevoló la posibilidad de una fórmula conjunta, y también la Secretaría de Prensa y Difusión empezó a estudiar ideas para comunicar la presentación de la fórmula peronista-radical. Pero la presión sobre el Líder continuó. López Rega, a través de Carlos Villone (lo había transformado en secretario de Estado y era su "operador político" dentro del ministerio), utilizó otra vez a Norma Kennedy para que con su metro cincuenta y cinco y no más de cuarenta y cinco kilos de peso actuara como punta de lanza en la promoción de la fórmula matrimonial. No estaban solos: el apara-to sindical apoyaba ese armado (como muestra de lealtad, Rucci había expresado que si el presidente" elegía una escoba" de vice, él la votaba), y también lo hacía el aparato político del Movimiento, representado por el titular del Congreso Justicialista, Eloy Camus, el senador jujeño Martiarena, y los gobernadores Julio Romero (Corrientes), Amado Jury (Tucumán) y el pampeano José Regazzoli, entre otros. Una novedad fue el realineamiento del gobernador de La Rioja, Carlos Menem, que hasta entonces se proclamaba cercano a Montoneros, pero que, sensible a los nuevos vientos que soplaban en la interna, se transfor-mó de pronto en un ferviente isabelino.

En un principio, Montoneros lanzó públicamente la fórmula Perón-Cámpora. Luego de aceptar que no tenía mucho sustento (Cámpora había sido desplazado para impedir que quedara en la Presidencia cuando muriera Perón), iniciaron conversaciones con Balbín a fin de apoyar su candidatura a vice. La pelea por el poder estaba en ese cargo. Había señales que permitían creer que el General no resistiría mucho tiempo como primer mandatario. En un artículo de la revista Time titulado "El consejo de los doctores", publicado el 20 de agosto de 1973, se transcribió una conversación entre Taiana, Cossio y el mismo Perón, que por la precisión permite inferir que es una reproducción literal o que al menos fuere construida a través de una fuente de primera mano. Según el texto, Taiana le recomendó a Perón que no se sometiera a grandes esfuerzos y situaciones límites. El diagnóstico del médico fue que el Líder podría vivir algunos años más si se cuidaba, pero que si se hacía cargo de la Presidencia reduciría notablemente su plazo vital. Por lo tanto, le aconsejaba no asumir ese compromiso. Por su parte, antes de que se lanzara la candidatura de Perón, los médicos firmaron el siguiente comunicado: "Perón se encuentra restablecido de la afección comprobada el 26 de junio del corriente. La actividad futura debe contemplar y ajustarse a la situación física vinculada a la edad y a la afección cardíaca padecida". Véase Jorge Taiana, El último Perón, Buenos Aires, Planeta, 2000, pág. 131. En entrevista personal, Salvador Liotta, otro de los médicos de Perón, comentó que frente al estado de salud del General se redactaron tres actas consecutivas que fueron remitidas a la Escribanía General de la Nación. "Ese mismo día mantuvimos una conversación con López Rega y Lastiri sobre las dificultades médicas que encontrábamos para una candidatura presidencial de Perón. Nosotros queríamos preservar la salud del paciente.

     Cuando la estrategia para imponer a la esposa de Perón ya estaba bien aceitada, las nuevas autoridades del Partido Justicialista, libres de miembros camporistas, convocaron al congreso partidario para elegir la fórmula en el Teatro Cervantes. El 4 de agosto, entre los delegados que no pudieron entrar y los que no pudieron hablar (Camus, que presidió el con-greso, reiteraba "no escucho", "no escucho", cada vez que un opositor le pedía la palabra), la disidencia quedó neutralizada, en medio de la confusión y la coerción de las armas que se ocultaban en los palcos. Norma Kennedy tomó un micrófono y lanzó a viva voz la fórmula "Perón-Perón"; su moción fue aclamada a los gritos. El General se negó a convalidar el acto con su presencia, pese a que lo esperaron durante dos horas. Sin embargo, luego de quince días de incertidumbre, aceptó a su esposa como candidata a vice. Quizás ese gesto no haya respondido a sus convicciones íntimas, pero por acción u omisión, forzado o no por los hechos, Perón le concedió a su tercera mujer el derecho a sucederlo en el ejercicio del gobierno. Nunca lo había hecho con nadie. En agosto de 1951, Evita había tenido que renun-ciar a esa postulación ante su reticencia, y frente a miles de personas que le rogaban que aceptara. Sin embargo, según la profecía de López Rega, con Isabel en la vicepresidencia el espíritu de Eva podría descansar en paz. Su misión inconclusa sería cumplida por ella.

     A fines de agosto de 1973, la situación política del ministro de Bienestar Social se volvió inestable. Al menos eso especulaba la prensa. En realidad, el General decidió correrlo del centro de las críticas para evitar que su presencia entorpeciera el apoyo de la izquierda peronista a la fórmula. Sin embargo, el peso de la campaña esta vez recayó sobre los sindicatos. En cambio, López Rega salió de gira por el interior del país en busca de aliados. Contaba con dos argumentos importantes: su influencia sobre Isabel y la chequera del ministerio. El 23 de agosto de 1973 lo recibió el gobernador Carlos Menem, quien le organizó un acto público en el balcón de la Casa de Gobierno de La Rioja junto al presidente provisional Raúl Lastiri y Norma López Rega, la primera dama. El 28 de agosto, el ministro viajó junto a Isabel Perón a Paraná, Entre Ríos, en el avión oficial Patagonia T 01. Por la mañana entregó subsidios y pensiones. Por la tarde colocó una ofrenda floral en homenaje al caudillo "Pancho" Ramírez. La prensa se empeñaba en consultarlo sobre su posible renuncia. Él en desmentirla.

En cuanto a la opinión de Perón sobre la candidatura de Isabel, hay testimonios contrapuestos: El 15 de septiembre de 1973 el General le escribió a su médico Antonio Puigvert: "A Isabelita la han 'candidateado' en segundo término para 'vicepresidente' y como tal la candidatura ha sido proclamada en el Congreso 'por aclamación'; significa que mis muchachos quieren que yo gobierne solo y no hemos tenido más remedio que darles el gusto". En esa misma línea, su ex delegado Oscar Albrieu indica que cuando le anunciaron la candidatura de su esposa, "Perón se enojó y hasta amenazó con volver a España. Pero después entre 'el Brujo' e Isabel lo convencieron". Véase Somos del 7 de enero de 1977. Por su parte, cuando un enviado de Montoneros que viajó a Puerta de Hierro en 1972 le comentó a Perón lo importante que sería la figura de Evita para promover el retorno, el dueño de casa respondió que para la nueva coyuntura él ya había preparado a Isabel. (Entrevista del autor con Fernando Vaca Narvaja.)

     En ese viaje a Paraná, una chica de 20 años entregó una carta a uno de los guardaes-paldas para que se la alcanzara al ministro. Era una admiradora. Por entonces, López Rega acababa de conformar su custodia. Según los registros de Ceremonial del Ministerio, en el asiento número once del avión voló el comisario retirado Juan Ramón Morales. La butaca de al lado estaba destinada a Licio Gelli, pero su nombre está tachado del listado con tinta de lapicera. El resto de la custodia viajaría por medios terrestres, un Farlaine y dos Ford Falcon. Morales pidió viáticos para ellos. Una brigada estaba integrada por Isaac Fernán-dez, Alfredo Lanata, Juan Carlos Lagos, Rodolfo Almirón, Edwin Farquharson y Toribio Chanampa, el chofer. La brigada II estaba compuesta por Antonio Rainieri, Joaquín Durán, Rafael Luisi, Miguel Rovira y el chofer, Rogelio Casas. La participación de Lagos sería provisoria. En 1986 le explicaría a la Justicia los motivos por los que sería apartado del grupo. Para conformar su custodia, López Rega empleó a ex policías, la mayoría de los cuales habían sido expulsados de la fuerza por diversos delitos. Las denuncias sobre sus antecedentes criminales eran espeluznantes. Sin embargo, un día antes de la asunción de Perón, Raúl Lastiri firmaría el decreto para reincorporarlos a la fuerza.

En ese viaje, López Rega declaró: "Les puedo asegurar que la versión es absolutamente falsa y antojadiza. Llevo treinta y cuatro años al lado de nuestro Líder. Tengo el honor de ser uno de los fundadores del Movimiento junto con el General Perón. He vivido siempre a su lado. He estado con Evita desde el comienzo de su lucha hasta su fallecimiento. Algún día la historia explicará estas cosas con claridad, aunque yo no esté para golpearme el pecho. ¿Si me retiró la confianza, entonces por qué Perón me dice que me quede a su lado? Cuando no sabían cómo atacarme, empezaron a decir que yo era brujo, astrólogo, espiritista. Sabía que esos ataques se producirían abierta o solapadamente. La atacaron a Evita, a la señora Isabel. Pero en dieciocho años nadie se preocupó cuando el General estuvo enfermo. Ahora dicen que a Perón lo tengo secuestrado. En realidad él es quien nos tiene secuestrados a todos". Véase La Razón del 29 de agosto de 1973 y Las Bases del 5 de septiembre del mismo año.

Para la declaración judicial de Lagos, véase capítulo 19. Una denuncia que en 1975 se incorporó al expediente judicial de la Triple A indica: "Los policías de 1964 tenemos un amargo recuerdo de la gente que rodea a este personaje (se refiere a López Rega). En aquella época en la policía había una brigada que se dedicaba a asesinar ex delincuentes ya retirados de la actividad, con el único propósito de sacarles dinero; esa banda estuvo capitaneada por el hoy comisario mayor Morales. Lo secundaban el hoy comisario Almirón y tres o cuatro más. Respecto de este último, fue autor del asesinato de un oficial del ejército norteamericano agregado a la embajada de su país. Luego las muertes fueron el trabajo diario de esos sujetos, amparados por un jefe de policía delincuente. También usted podría ilustrarse (le informan al diputado que investigaba la AAA) por intermedio de aquel ex diputado nacional López Aguirre que posteriormente fue jefe de la Policía de la Provincia de Buenos Aires. Éste sabe muy bien delas actividades de esos sujetos... Cuando regresa al país López Rega, averiguó dónde podría conseguir individuos de esa catadura. Estaban en una fábrica. Ejercían funciones de vigilancia, y, como reunían las condiciones que él buscaba, los llevó. Enseguida organizan las AAA, y dados los éxitos que van obteniendo, los asciende a todos de un saque. Les dio tres categorías". Véase foja 58 del I cuerpo del expediente Triple A. Para el caso del oficial norteamericano muerto, véase capítulo 17. En cuanto a los antecedentes de Miguel Ángel Rovira, había llegado a ser el suboficial más joven de la Policía Federal, por su destacada actuación en la Brigada de Robos y Hurtos del comisario de Evaristo Meneses. Esa brigada, en menos de dos años había matado "a 150                                                                                                                                                                                            delincuentes". Cuando llegó al ministerio, Rovira se atribuía veintidós de esas muertes "por derecha".

En el Ministerio, López Rega armó también un departamento de prensa para difundir las actividades oficiales. Desplazó a Alejandro Yebra, un funcionario de carrera, y colocó a Jorge Conti (un periodista de Canal 11 que se había mostrado muy audaz y simpático en uno de sus viajes a Puerta de Hierro) con el propósito de promover su imagen como la de un ministro en acción, resolutivo, ligado a Perón y al pueblo. Conti armó un aparato de prensa para cumplir con esa tarea. Y, como refuerzo propagandístico, López Rega volvió a recurrir a Las Bases. El órgano oficial del Movimiento se transformó en su espacio de promoción ministerial y personal. Allí no dejó de publicar sus escritos esotéricos.

En septiembre, Perón envió al ministro a Argelia con el argumento de que debía repre-sentarlo ante la Conferencia de Países No Alineados. El General le entregó su discurso y lo acompañó hasta el aeropuerto. López Rega estuvo fuera del país casi tres semanas. La gira incluyó una escala por Europa, que en el ministerio fue pasible de diferentes conjeturas. Para esa fecha, por su intermedio,  la P2 ya había elevado sus peticiones a Perón.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                           Cuando López Rega asumió en el Ministerio de Bienestar Social,

Las Bases estaba en virtual estado de abandono, con personal que respondía a Lastiri. La desconfianza entre éste y el ministro era mutua. El nuevo presidente ordenó a sus colaboradores no poner un pie en el ministerio. López Rega, por su parte, hizo limpieza de personal no confiable y delegó el manejo de la revista a Emilio Abras, nuevo secretario de Prensa y Difusión. Abras designó director al nacionalista Américo Rial, quien recibía las pomposas gacetillas del ministerio y debía darles formato periodístico. También sumó artículos de geopolítica e historia revisionista, pero no pudo escapar de la misión última de

Las Bases: hacer de la revista la Radiolandia de López Rega, sin olvidar la publicación de los relatos de mitología hindú recreados por la pluma del ministro. Uno de los relatos con los que más se identificaba era la historia de un Gran Mago que tenía poderes extraordinarios, cumplía con los designios del Altísimo y le demostraba al Rey cómo podía convertir el plomo en oro, para mejorar la vida del pueblo con su arte mágico. Véase Las Basesdel 5 del septiembre de 1973. Rial, por su parte, fue despedido de la dirección en febrero de 1974, porque López Rega consideró que la revista no brindaba una cobertura adecuada a la importancia de sus viajes. Su lugar lo ocupó Jorge Conti, a quien el ministro consideraba un hombre de su propia tropa. Conti, que en aquella época estudiaba Escribanía en la Universidad del Salvador, se presentaba a los exámenes junto a parte de la custodia del ministerio, quienes lo esperaban en la puerta del aula. Conti causaría admiración por la velocidad con que se recibió de escribano.

El 29 de agosto de 1973, Gelli (por intermedio de López Rega y en nombre del "Consejo Supremo Universal") le escribiría a Perón que "tuviera presentes" los siguientes nombres para el futuro gobierno: Alberto Vignes, ministro de Relaciones Exteriores; César de la Vega, secretario de Bienestar Social (en caso de posible vacante del titular, sustituirlo y nombrarlo ministro); general Miguel Ángel Iñíguez,  jefede la Policía Federal (en sustitución del actual general Ferrazano); Guillermo de la Plaza, asesor del Ministerio de Relaciones Exteriores; Loureiro Ron, presidente del Banco Hipotecario; contralmirante (RE)Juan Questa, un cargo en el Ministerio de Defensa; brigadier mayor Osvaldo Cacciatore; un cargo en la Fuerza Aérea, y general Suárez Mason, oficial de enlace. Perón tuvo más en cuenta el consejo de P2 que el de Montoneros: aceptó siete de las ocho nominaciones. En el caso de Guillermo de la Plaza, que aspiraba a ser ministro de Relaciones Exteriores, Gelli tuvo la delicadeza de explicarle por qué no lo proponía para ese cargo: "Me hicieron ver que, para volver a ubicarse en la nueva compaginación gubernamental, era necesario comenzar con un cargo menor. Estoy convencido que el puesto asignado representa para usted un verdadero 'trampolín' para llegar a más altos y merecidos niveles. Me informaron que el amigo Vignes aceptó el cargo de ministro sólo con la condición de poder contar con su colaboración". Véase revista Humor ya citada. Para esa época, la influencia de Valori sobre el General se veía cada vez más debilitada. En entrevista con el autor, Valori relató que intentó ver a Perón en Gaspar Campos en julio de 1973 cuando estaba convaleciente del ataque al corazón y se encontró con Gelli y López Rega, quienes le cerraron el paso: "¿Qué hacés acá? Mejor que te vayas. Olvidate de la Argentina", le dijo Gelli. No pudo verlo.

     A esas alturas el Ministerio de Bienestar Social ya tenía vida propia. López Rega estaba ubicado en un despacho del primer piso, sobre la calle Hipólito Yrigoyen, con ventanales a la Casa de Gobierno. Su oficina era parte del área neurálgica del ministerio denominada "Unidad Ministro", en la que, además de salones de reuniones, había lugar para la Secreta-ría de Coordinación de Carlos Villone (el mismo despacho que había ocupado el banquero David Graiver durante la gestión del ex ministro Francisco Manrique), y para el subse-cretario general del ministerio, Duilio Brunello. Dentro de la Unidad Ministro, López Rega podía sentirse a cubierto: también había una oficina destinada a la custodia, a la que repor-taba su jefe de seguridad el comisario retirado Morales, secundado por Almirón y Rovira, varios ex policías y la guardia de los "argelinos".

     Fuera de la Unidad Ministro, pero siempre en el primer piso, estaban distribuidas las secretarías y subsecretarías de Estado: Minoridad y Familia (César de la Vega), Deportes y Turismo (Pedro Eladio Vázquez), Seguridad Social (Celestino Rodrigo); Salud Pública (Do-mingo Liotta), Vivienda y Urbanismo (Juan Carlos Basile), entre otras. La cobertura del ministerio a las necesidades sociales más urgentes de la población descansaba sobre dos áreas: la secretaría de Promoción y Acción Social, ubicada en el primer piso, y la Dirección Nacional de Emergencias Sociales, emplazada en una repartición estatal de la calle Salgue-ro 3457, que no era otra que la vieja sede que había ocupado Suministros Gráficos, de modo que, si en 1966 López Rega le prometió a Perón que pondría ese edificio al servicio de su retorno y del Movimiento, de alguna forma había cumplido.

Almirón tenía una ametralladora Zening plegable, que se colgaba al hombro de una correa. Parecía un walkie-takie. Ya la habían utilizado los norteamericanos en Vietnam. Se comentaba que disparaba casi cien tiros por minuto. Era la envidia del ministerio. Por otra parte, en un viaje a Roma, López Rega había contratado a ex miembros del OAS, que se hospedaban juntos en un hotel. Eran suboficiales y oficiales del Regimiento de Paracaidistas coloniales del ejército francés, que habían combatido al Frente de Liberación Nacional (FLN), la guerrilla de Argelia, y luego conformaron un grupo de ultraderecha. Cuando el presidente francés Charles De Gaulle concedió la independencia a Argelia, los ex miembros del OAS atentaron en varias oportunidades contra él, pero sin éxito. Por estos hechos, veintidós miembros del OAS fueron fusilados, tras ser condenados a pena de muerte por una corte marcial. En la Argentina, la "custodia argelina" resguardaba la seguridad de algunos funcionarios ligados al ministro, entre ellos la del entonces presidente Raúl Lastiri. Uno de los puntos donde le brindaban protección era el bar Tabac, de Coronel Díaz y Libertador, donde Lastiri y la primera dama Norma López Rega solían tomar un cafecito acodados en la barra en forma de riñón. Los ex OAS habían llegado a la Argentina con la promesa de que, tras un tiempo de actuar como gardes de corps, les cederían tierras en la provincia de Entre Ríos, donde crearían una colonia agrícola. Entrevista con un ex secretario de la "Agrupación 17 de Octubre" de agentes del Ministerio de Bienestar Social. La agrupación fue liderada por Oscar Sotaita, ex boxeador de la década de los cincuenta, amigo de Perón. En entrevista con el autor, Raúl Lastiri (h) dijo no recordar que su padre tuviera "guardia argelina".

     El motor de la distribución de los recursos era la oficina 1010 de Ignacio Lanzilloti. Era difícil que la gente que hacía cola desde la madrugada sobre la puerta de Defensa 120 no recibiera atención a sus requerimientos cuando llegaba a ese despacho. En "la 1010" se entregaban subsidios para comedores escolares, vales de comida, colchones, chapas e incluso material para montar una casa prefabricada; el personal también solía viajar en comisión al interior del país para repartir víveres. Si las necesidades de alguien excedían las posibilidades de la oficina (por ejemplo, si requería una casa del Programa de Viviendas), se lo enviaba al Banco Hipotecario, del tercer piso, uno de cuyos directores era Carlos Martínez, pese al desagrado que causó su designación en su hermana Isabel Martínez de Perón. Por otra parte, la Dirección Nacional de Emergencias Sociales (comandada por el militar retirado Leandro Salato, y al que reportaban varios miembros de la fuerza que res-pondían a Osinde) tenía armado un operativo para resolver en forma inmediata urgencias surgidas en caso de inundaciones, misiones de salvataje y rescate o búsqueda de medica-mentos imprescindibles. Emergencias Sociales contaba con una red de comunicación propia que llegaba a todo el país. También se daba respuesta a cuestiones muy puntuales: un helicóptero llevaba una silla ortopédica a una villa; volaba un avión a las islas Malvinas para recoger a un "kelper" y trasladarlo a la Patagonia, donde sería operado, o se enviaban   marcapasos atómicos a Salta para combatir el mal de Chagas. En sus depósitos, Emer-gencias acumulaba víveres, chapas y colchones. Y también era uno de los lugares donde el ministerio guardaba una buena cantidad de armas largas. Otra base de Emergencias Sociales estaba ubicada en Olivos, pegada a la residencia presidencial, con material para necesitados y una batería de ametralladoras como para organizar una operación comando.

     En poco menos de tres meses de gestión, López Rega consolidó su poder doméstico (continuó viviendo con Perón e Isabel y también colocaría a Carlos Villone en la secretaría privada de Perón) y logró conformar una línea propia dentro del Movimiento: el lopez-rreguismo. En su posición, podía ofrecer a sus nuevos aliados el uso del aparato del Estado, tanto para dar respaldo al clientelismo político como para combatir al enemigo interno del Movimiento: la Tendencia.

     Para los que se sumaban a la misión, el ministro tenía un discurso de bienvenida pragmático y realista:

     -Perón se muere. La heredera es un invento mío. Pueden actuar desde el ministerio. Tienen las puertas abiertas.

     Apenas el ministerio se puso en funcionamiento, se subieron a las distintas secretarías y subsecretarías ex tacuaras del Movimiento Nueva Argentina (MNA),militantes de la Juventud Federal del estanciero De Anchorena, miembros de la CNU, un sector del Encuadramiento (otra fracción se había plegado a la Tendencia), cuadros técnicos de Guardia de Hierro (a quienes por adherir a algunas ideas del fascismo rumano los lopezrreguistas de paladar negro los sospechaban de "zurdos"), grupos sindicales ortodoxos especializados en la capacitación doctrinaria, y militantes del CdeO. Toda agrupación que deseara eliminar del mapa a la izquierda peronista podía encontrar su refugio en alguna delas oficinas. Era un ministerio de puertas abiertas. En mérito por haber sido uno delos primeros avales de López Rega, allí también entraba, aunque abriera las puertas a patadas, Norma Kennedy, que tenía peso propio y una base en un departamento de San Telmo, con pistolas y ametralladoras, y guardia oficial de la Policía Federal. La Kennedy encontraría un lugar institucional en reconocimiento a sus acciones: el lopezrreguismo la designaría en la "Secretaría de Movilización" del Movimiento Justicialista. Sin embargo, el ministro no tenía entera confianza en estas agrupaciones juveniles. Necesitaba de un aparato propio que saliera a pelearle "la calle" a la Tendencia y que le respondiera en forma directa: decidió crear la Juventud Peronista República Argentina (JPRA), que sostuvo con los recursos de las arcas del ministerio, y hasta les permitiría el ingreso a la rama juvenil del Consejo Superior Peronista, el organismo institucional desde donde comenzaron a combatir a la Juventud Peronista Regionales, la agrupación de superficie de Montoneros. De este modo, López Rega creó su propia juventud peronista.

     El armado político de la JPRA correspondió en primera instancia a Carlos Villone, quien reunía en su oficina a jóvenes de distintas agrupaciones ortodoxas y les ofrecía estructura y presupuesto oficial. El Gordo Vanni, que había sido nombrado asesor de gabinete del Ministerio, también participó a su modo en la construcción del grupo juvenil adicto al ministro: recibía a dirigentes en una suite del Sheraton con champagne y dos o tres chicas, que no formaban parte de la negociación, pero servían para aliviar las tensiones derivadas de la discusión política. Al frente de la JPRA quedó Julio Yessi, un novel militante prove-niente de Lanús, que ubicó en el ministerio a más de una docena de colaboradores remunerados que se movían armados de una manera aparatosa por los pasillos.

En agosto de 1973, cuando López Rega estaba en Argel, Perón recibió a la JP Regionales junto a agrupaciones juveniles de derecha, y les pidió que armaran un padrón, votaran y se reorganizaran para asumir una representación única. De ese modo, puso a la recién creada JPRA al mismo nivel que Montoneros. Aunque para la organización el hecho fue considerado casi una victoria, porque la JPRA había sido designada la rama juvenil oficial del Movimiento Nacional Justicialista, Firmenich se fue de la reunión diciendo que no iban a abandonar las armas. "El poder político brota de la boca de un fusil. Si hemos llegado hasta aquí ha sido en gran medida porque tuvimos fusiles y los usamos; si abandonáramos las armas retrocederíamos en las posiciones políticas". Véase El Descamisado  de septiembre de 1973. Las elecciones juveniles jamás se realizaron.

     Yessi era asesor directo de López Rega. En el control administrativo instaló a Carlos Duarte, en la secretaría privada del ministro, que pobló de mujeres.

     Aunque los de la Tendencia decían que la JPRA era un sello de goma creado por el Ministerio de Bienestar Social, la conducción juvenil lopezrreguista se sentía parte de un aparato poderoso. Tenían poder de ejecución, armas, bastante dinero, les sobraban mujeres y estimulantes. Todo en nombre de la lealtad absoluta a Perón. Por la noche, los militantes solían armar una mesa larga en Fechoría, que despertaba la curiosidad de la fauna artística porteña. Una vez, uno de ellos, harto de tener siempre el mismo auto, lo estacionó pegado al restaurante y le colocó una bomba, y luego lo hizo pasar como un atentado montonero. El ministerio le compró uno nuevo. Un plan similar trazó un ex miembro del MNA que frecuentaba el ministerio: les ordenó a otros militantes que balearan la puerta de su casa, y al día siguiente apareció (con un brazo vendado, aparentando estar herido) en una conferencia de prensa y denunció el ataque de la izquierda peronista. La estrategia de presentarse como blancos militares de Montoneros les permitía revalorizarse políticamente dentro del ministerio y conseguir mayor presupuesto. Dentro del esquema de represión a la izquierda desde el Estado, un militante juvenil enrolado en el ministerio podía brindar asistencia social a los necesitados, repartir comida y también participar de acciones armadas. El límite entre una acción y la otra era bastante borroso. Pero el que era convoca-do para la segunda opción debía pasar antes por el micro cine.

     Dos días después de que Perón triunfara con el 62 por ciento de los votos en las elec-ciones del 23 de septiembre de 1973, José Ignacio Rucci fue asesinado en un atentado. El jefe de la CGT se había transformado en un blanco para todos aquellos que querían romper el Pacto Social. El día que rubricó el Acta de Compromiso en el Ministerio de Economía, en mayo de 1973, Rucci comentó que "con esta firma, estoy firmando mi sentencia de muerte...". Cuando quedó tendido en una vereda de Flores, atravesado por veintitrés disparos, las sospechas acerca de la autoría de su crimen se desparramaron sobre varios sectores, simbolizados en las figuras de López Rega, Lorenzo Miguel y también de José Gelbard. Pero la operación fue ejecutada por Montoneros, requirió de varios meses de inteligencia previa, y su intención original fue dar una respuesta militar por la participación sindical en la masacre de Ezeiza. También era una forma de presionar a Perón.

Yessi había llegado por recomendación de la familia Vázquez, que tenía mucha influencia en el ministerio: el médico Pedro Eladio (recibido a los 22 años con diploma de honor) ocupaba la Secretaría de Deportes y Turismo, y Demetrio Horacio, además de asesor de López Rega, era interventor en la Caja Nacional de Previsión para Trabajadores Autónomos. Además, su padre, Demetrio, español, era propietario de la empresa de transportes Rojas (Vázquez-Rojas) que aportaba ómnibus para las movilizaciones peronistas, y cuyo pago por servicios prestados al ministerio derivaría en una causa judicial. Pedro Eladio Vázquez, al que luego apodarían cariñosamente "el novio de Isabelita", en virtud de que le brindaba sus cuidados como médico, compartía con López Rega la misma visión esotérica.

El micro cine estaba ubicado en el segundo subsuelo del ministerio. En un depósito, debajo del escenario, se guardaban las armas. Una provisión importante se produjo a partir de que "Manuel", como  llamaban sus seguidores a Manuel de Anchorena, fuera designado embajador en Inglaterra. Por su gestión directa en ese país, logró que se enviaran ametralladoras Sten MKII (se comentó que eran doscientas), que permitían ser desmontadas con facilidad y además venían con un silenciador adaptable a otra arma muy utilizada en el ministerio, la ametralladora Sterling. Los Sten eran ideales para operaciones clandestinas. El pago se instrumentó a través de la Dirección de Administración, a cargo de Rodolfo Roballos. A su vez, a los que participaban de acciones armadas se les recomendaba "no llevarse a dormir la ametralladora a la casa", puesto que no habían sido traídas para defensa personal sino para ser usadas en operaciones que surgían desde el mismo ministerio. (Datos obtenidos en una entrevista del autor con el ex secretario de la Agrupación 17 de Octubre del Ministerio de Bienestar Social.

     Si bien Montoneros nunca asumió la responsabilidad de la operación en forma oficial, la muerte de Rucci le trajo consecuencias negativas: fortaleció la alianza entre el lopez-rreguismo y el sindicalismo ortodoxo y desencadenó una violencia mayor contra la izquierda peronista; las políticas se radicalizaron y hubo cada vez menos espacio para posiciones intermedias. Desde el ministerio surgió la idea de dar una respuesta a la muerte de Rucci. La víctima fue elegida en forma espontánea, casi al azar. En una oficina del primer piso, alguien comentó que Enrique Grinberg, militante de Derecho de la JP, había festejado con un brindis la muerte del líder sindical. Juan Carlos "El Negro" Mercado, que trabajaba en la oficina 1010 de Lanzilloti y tenía una credencial del Ministerio de Defensa, juntó a algunos muchachos de la Unidad Ministro y a otros del primer piso, hizo sacar un Rambler 660 negro (por entonces la Dirección de Movilidad y Transportes estaba a cargo del comisario retirado Hugo García Rey), y anticipó la operación a la seccional policial del barrio para que liberara la zona; luego se trasladaron hasta el departamento de su objetivo, que vivía en la calle Blanco Encalada, en Belgrano. En el viaje, Juan Carlos Mercado comentó que confundiría a Grinberg haciéndose pasar por otro "Negro", con el que se había reunido cuando intentaban homogeneizar posiciones en torno a la JP. En mérito a ese conocimiento, Grinberg bajó a la entrada de su edificio cuando recibió el llamado desde el portero eléctrico. Pero apenas se asomó al hall, dos hombres le dispararon desde el costado con pistolas Bersa y otro, de frente, gatilló su Colt11.25. Grinberg cayó muerto. Con la misión cumplida, el grupo volvió al Rambler y retomó el camino hacia el organismo estatal, que a esas alturas ya funcionaba como un bunker. La operación fue muy comentada en el ministerio.

     Luego de la muerte de Rucci, se produjo el ajuste ideológico del Consejo Superior Justicialista, organismo oficial del peronismo, que en ese entonces estaba integrado por Lorenzo Miguel, Humberto Martiarena, Jorge Camus, Norma Kennedy y Julio Yessi, entre otros, y expresaba la alianza entre el lopezrreguismo y el aparato político y sindical del peronismo ortodoxo.

Sobre la anticipación fatalista de Rucci, véase Carlos Leiva, Economía y política en el tercer gobierno de Perón, Buenos Aires, Biblos, 2003, pág. 69. Para una aproximación a las tareas de inteligencia, diseño del atentado y ejecución de Rucci, véase artículo publicado por el autor en Noticias del 21 de septiembre del 2002.

Entrevista al ex secretario de la agrupación 17 de Octubre. Juan Carlos "El Negro" Mercado fue muerto por la Triple A en 1974 por un "ajuste de cuentas" interno del ministerio. Apareció en un baldío de Villa Domínico el 24 de marzo de 1974. Véase causa judicial Triple A, cuerpo 33, foja 6.551.

     El primero de octubre de 1973, en una reunión convocada por el presidente provisional, Raúl Lastiri, y el ministro del Interior, Benito Llambí, y en presencia de Juan Perón, que asis-tió en calidad de presidente electo, el Consejo Superior Peronista se declaró en "estado de guerra" contra los "infiltrados marxistas del Movimiento". El Consejo redactó un "documen-to reservado" que fue leído por el senador José Humberto Martiarena y distribuido entre los gobernadores provinciales presentes. A través del documento, el Movimiento Nacional Justicialista llamó a asumir la propia defensa y atacar al enemigo en todos los frentes y con la mayor decisión, aduciendo que en ello iba la vida del Movimiento y de sus dirigentes. A efectos de esa defensa, impartió una serie de directivas, declarando el estado de movili-zación de los elementos materiales y humanos para afrontar esa guerra, llamando a una campaña de reafirmación de los principios doctrinarios justicialistas que debía esclarecer las diferencias con el marxismo. "En esta campaña (aclaró el documento) no se admitirá intromisión alguna de elementos pro marxistas con pretexto de polémica u otro similar, y se les excluirá de toda reunión y del acceso a todos los medios de difusión del Movimiento. "El consejo invitó a "los grupos o sectores que en cada lugar actúan invocando adhesión al Peronismo y al general Perón", a "definirse públicamente en esta situación de guerra contra el marxismo" y a "participar activamente en las acciones que se planifiquen para llevar esta lucha", instando a acatar, difundir y sostener sin vacilaciones ni discusiones de ninguna clase, las orientaciones y directivas emanadas por Perón tanto en el orden partidario como en función de gobierno, "como auténtica expresión de la verticalidad que aceptamos los peronistas". En el parágrafo b) del ítem 5, "Unidad", se especificó: "Nadie podrá plantear cuestiones personales, o disensiones de grupos o sectores, que afecten o entorpezcan la lucha contra el marxismo", mientras que en el h) se obligó a excluir de los locales partidarios "a todos aquellos que se manifiesten de cualquier modo vinculados al marxismo, a sus posiciones políticas o a sus actos"; en tanto, el ítem 6, "Inteligencia", advirtió que "en todos los distritos se organizará un sistema de inteligencia al servicio de esta lucha, el que estará vinculado con el organismo central que se creará". El ítem 9, "Medios de lucha", precisó: "Se utilizarán todos los que se consideren eficientes, en cada lugar y oportunidad. La necesidad de los medios que se propongan, será apreciada por los dirigentes de cada distrito". En el último punto de las directivas, el Consejo Superior Peronista llamó a sus dirigentes a "participar en la lucha iniciada, haciendo actuar todos los elementos de que dispone el Estado para impedir los planes del enemigo y reprimirlo con todo rigor". Cuando se habla de los "actos de lucha" y la utilización de "elementos de Estado", en ningún punto de las directivas se menciona que las acciones a llevar a cabo deben ser enmarcadas dentro de la ley. Luego de este documento del justicialismo se iniciaron la "caza de brujas" y la represión ilegal contra la izquierda por parte de agentes del Estado.

     Otro de los personajes que ostentaba armas por los pasillos del Ministerio de Bienestar Social era Felipe Romeo. Había nacido en Italia, inició su militancia en Tacuara, y luego prosiguió su actividad política con los nacionalistas del MNA. Siempre aparecía pegado a Luis Palmas de las Carreras. Hacia 1973, Romeo no se desprendía de su Magnum 440, que tenía desde antes de que Clint Eastwood la popularizara en la película Harry el Sucio.

     Romeo ofreció sus servicios al ministerio con el propósito de cumplir su sueño de publicar un diario nacionalista, para el que nunca había podido reunir fondos. Los obtuvo con López Rega. El ministro necesitaba un arma más poderosa que Las Bases, y le confió a Romeo la dirección de El Caudillo, un semanario que nació por una decisión del Consejo Superior del Movimiento para contrarrestar las críticas de El Descamisado al gobierno peronista. El Caudillo fue financiada en su mayor parte con avisos de Bienestar Social, que promovían el espíritu de paz y unión de las familias argentinas. Felipe Romeo, al que apodaban "La Viuda" en honor a su devoción por Hitler, solía llegar al ministerio con cuatro o cinco custodios y algunas mujeres que mantenía. Si lo que Romeo buscaba era instruc-ciones, entraba al despacho de López Rega, aunque ya tenía claro dónde estaba el enemigo. No esperaba que nadie se lo señalara. Pero cuando lo que necesitaba era plata, se sentaba en el despacho de Rodolfo Roballos, el director administrativo.

     El Caudillo salió a la calle el 16 de noviembre de 1973, decidido a representar en forma pública la esencia del documento reservado del Consejo Superior Peronista. En el primer párrafo de su editorial explicaba su razón de ser: “Hace mucho que estamos en la lucha. Por eso sabíamos de antemano que no bien el General llegara al país intentarían copar la revolución popular que tanto nos ha costado. No esperaron mucho. El primer día nomás quisieron apropiarse del palco de Perón. Así les fue. Los sacamos reculando. Podríamos, nosotros sí, hacernos los burros y dejar que se quemaran solos. Pero, como el pueblo lo exige, preferimos desenmascararlos y quitarles la capucha a estos recién llegados. Así lo hicimos. Les dijimos las verdades en la cara y los llamamos, para darle nombre y apellido, TRAIDORES INFILTRADOS. [...] Ahora le tienen miedo a la purga, los cobardes que matan por la espalda. Y no se dan cuenta que esta purga no es nada comparada con lo que el pueblo les prepara...”

Véase el documento completo en el Anexo documental. Para una cronología del terror paraestatal —crímenes, secuestros, desapariciones y atentados— contra la izquierda durante los gobiernos de Raúl Lastiri y Juan Perón, véase el artículo de Sergio Bufano en revista Lucha Armada, n° 3, 2005. La lista fue elaborada por Latin American Studies Association

     El Caudillo se propuso "defender a Perón con todos los calibres" (25/1/74). No pensaban quedarse de brazos cruzados. "Por cada balazo que recibamos los apretaremos y masacra-remos contra cualquier paredón" (14/7/74). Desde sus páginas, la revista convocaba a los "hermanos peronistas" a seguir de cerca al enemigo. "Averiguá quiénes son, cómo actúan, donde se reúnen, dónde guardan los fierros. Vos podés hacerlo. Marcalos de cerca. Cuanto más sepas, más podrás hacer" (7/7/74).

     Algunas semanas, para ahorrarse el trabajo de escribir lo que pensaban, El Caudillo reproducía los discursos de Perón en las editoriales. A través de la revista, López Rega también atacaría a Gelbard: pronto dejarían de ser aliados y el empresario se convertiría en otro de sus enemigos. E leditorial del primer número, firmado por Felipe Romeo, ya alcanzaba al "poder financiero" que sostenía a los "infiltrados". Las críticas se extendían a Jacobo Timerman, director de La Opinión, por hacerle "el caldo gordo" a la Tendencia. A los dos los consideraban parte de un aparato sinárquico, fuerza de la oligarquía financiera internacional, que comandaba el "frente opositor" a Perón. La guerra que emprendía la revista también atravesaba el campo cultural, y alcanzó a dos periodistas del "repugnante panfleto marxista Satiricón, que promociona la cultura anal y la masturbación: Mario Mactas y Carlos Ulanovsky". Los periodistas, que habían sido contratados por el Ministerio de Educación para hacer El Diario de los Chicos, fueron los primeros amenazados de muerte de una larga lista: "O Taiana los hace renunciar o el pueblo peronista los va a colgar", proclamó El Caudillo.

     En muchos casos, esas sentencias tendrían carácter de profecías, que hacían honor al lema de la revista: "El mejor enemigo es el enemigo muerto". La columna más temible se titulaba "¡Oíme!", una doble página que representaba un modo más o menos brutal de marcar al enemigo. En los primeros números, los blancos eran temáticos (una "piba" guerrillera, el barbudo de las manifestaciones, un compañero confundido), pero luego, cuando la Triple A empezó a sembrar la calle de cadáveres carbonizados, los "¡Oíme!" tuvieron nombre y apellido. Las coincidencias entre los señalados por El Caudillo y los muertos serían feroces.

     Nada de lo que Perón soñó para su tercer gobierno se había cumplido. Desde el mismo día de la asunción, el General vivió agobiado por las presiones. Había contraído muchos compromisos, algunos de ellos contrapuestos, para volver a la Argentina. Y había perdido el control de las fuerzas de izquierda y derecha del Movimiento, que empezaban a imponer a los tiros sus opiniones. El 19 de octubre, a una semana de haber asumido el gobierno y poco antes de condecorar a LicioGelli con la Orden del Libertador San Martín, Perón ya daba muestras de desaliento. Le escribió a Jorge Antonio, que seguía viviendo en Madrid, entre otras razones, porque nadie podía darle garantías por su vida si decidía trasladarse a Buenos Aires. ¡Qué bien estábamos en Madrid cuando estábamos tan mal! Es lo que puedo decir desde aquí. Yo tengo la obligación de unir a todos los argentinos pero algunos insensatos no lo entienden y las ambiciones y puñeterías de los apresurados me llenan de amargura. Gelbard anda bien, pero lo tenemos muy controlado. López Rega, enloquecido, me crea cualquier cantidad de problemas; así le irá. Usted no venga todavía; de estar aquí lo jugarán con uno u otro grupo y Usted se debe al país y al Movimiento que lo necesi-tan...Perón no envió la carta por correo. La llevó en mano el coronel español Enrique Herrera Marín, una de sus amistades desde el exilio en República Dominicana, que había llegado de visita a Buenos Aires. Según un testimonio directo, Herrera Marín traía un plan de represión.

La primera redacción de El Caudillo se instaló en el centro de Buenos Aires, sobre la calle Sarmiento yl uego en otra casa de la calle Lavalle, que antes había ocupado el Movimiento Federal de Manuel de Anchorena. Estaba justo al lado de la comisaría 5 de la Policía Federal. Romeo tenía en su oficina una silueta humana en la que practicaba tiro al blanco. A la redacción llegaban ex miembros de la Juventud Federal (ahora militantes de la JPRA), como "El Cabezón" Adrián Amodio, Juan Alfredo Muciaccia, los hermanos Gerez o "El Francés" Doudebs y otros de la Concentración Nacional Universitaria (CNU), que, además de pasearse por el ministerio, tenían su búnker en la sede de la Unión Obrera Metalúrgica. La CNU salió a la luz en diciembre de 1971, con el asesinato de la estudiante Silvia Filler en Mar del Plata (un crimen entonces repudiado por la CGT en un comunicado publicado en

Las Bases), y tenía a su entera disposición las páginas de El Caudillo, en la que publicaba comunicados firmados por el periodista Carlos Tórtora. En la revista también había espacio para difundir las actividades sociales de la JPRA, elCdeO, la JSP, o para publicar un reportaje tipo "publinota" a algún funcionario del ministerio o un jerarca del sindicalismo. La redacción la manejaba Miguel Tarquini, un periodista que había trabajado a las órdenes de Bernardo Neustadt y que intentaba rescatar viejas plumas del nacionalismo para impregnar la revista no sólo de odio sino también de ideología. (Entrevista del autor al periodista Héctor Simeoni y al ex secretario de la agrupación 17 de Octubre del Ministerio de Bienestar Social). En el año 2005, el ex JPRA.

Adrián Amodio brindó asistencia técnica y una antena para que la Asociación de Madres de Plaza de Mayo pudiera tener su propia radio. Véase artículo de Gabriela Vulcano en el diario

Perfil del 22 de enero de 2007. Para staff de El Caudillo véase también el artículo de Adrián Murano en Veintitrés, 15 de febrero de 2007. Por último, el actual secretario general de la CGT, Hugo Moyano, fue acusado en 2007 ante la justicia, en el expediente Triple A, de haber estado vinculado con miembros de la banda de ultraderecha CNU a través de la JSP de Mar del Plata, desde inicios de 1970.

     El 21 de noviembre de 1973, por la madrugada, Perón tuvo una crisis cardíaca. El médico Cossio era inhallable; Domingo Liotta, funcionario de Bienestar Social, había viajado de visita a China. El jefe de la custodia Juan Squer recurrió a un médico clínico que vivía a la vuelta de Gaspar Campos. Cuando el doctor Julio Lagleyze llegó a la residencia, encontró a López Rega asistiendo a Perón con un tubo de oxígeno portátil. El presidente tenía dificultades para respirar. El médico lo observó y diagnosticó un edema pulmonar. Le pidió al ministro tubos de goma para atar de manos y pies a Perón, a efectos de reducir la circulación y aliviar el trabajo cardíaco, y llamó a un servicio de emergencias. Isabel le acercó una caja de medicamentos y le preguntó si alguno servía. Lagleyze encontró ampollas con aminofilina, e inyectó el remedio en el brazo del General. Al rato llegaron los médicos de la clínica de Olivos. Perón todavía estaba agitado. Unos minutos después, llegó el doctor Cossio, lo encontró en la cama y le recomendó que se durmiera. Había sido sólo un susto, dijo. En realidad, una taquicardia paroxística le había provocado un edema pulmonar supra venticular. Este imprevisto obligó a suspender el viaje a los Estados Unidos que Perón proyectaba para visitar a Richard Nixon, con el propósito de reacomodarse a los nuevos tiempos que corrían.

La opinión de Perón sobre López Rega es coincidente con la suministrada por Emilio Romero: "Una vez me invitó a merendar a su casa de Puerta de Hierro, aprovechando que su mujer Isabel Martínez y López Rega estaban en Buenos Aires. Me dijo 'a ver si tenemos suerte los dos y «los muchachos» no la dejan volver de Buenos Aires'. De López Rega me dijo que al final le ocurriría como a los ratones atolondrados: que se ingestaría con el queso". Véase el artículo "Perón íntimo" publicado en La Vanguardia el 3 de julio de 1974. Para la carta de Perón a Antonio, véase Correspondencia de Juan Domingo Perón, tomo I, pág. 263.

En cuanto al testimonio que implica a Herrera Marín con la represión, corresponde a Pedro Cotella, el hijo que Alicia Eguren tuvo con un diplomático de carrera antes de conocer a John William Cooke. Fue cedido al autor por su entrevistador, el documentalista Eduardo Montes Bradley. Allí Cotella indica: "Al poco tiempo de llegado Perón a la Argentina, en el año 1973, una tarde me llama mi madre, me cita en la confitería La Fragata y me advierte que íbamos a vernos con un personaje que tenía algo importante que comentarle. Mamá se sienta con él, hay una discusión larga. Esta persona trae consigo un dossier, una carpeta con documentos y le pide como en secreto que la revise rápidamente porque no se la puede entregar ni va a permitirle hacer copias. Después de la cita, noto que mamá está extraordinariamente preocupada y me explica el sentido de la reunión. El personaje era el coronel Herrera Marín, que en Madrid había sido para Perón lo que en Panamá fue el teniente Omar Torrijos, es decir, el enlace y jefe de la custodia entre Perón y Franco. En realidad era un oficial dela inteligencia militar española formado en la escuela del nazi Otto Skorzeny, que había hecho una buena relación y tenía un cariño sencillo y leal hacia el general Perón. En los viajes de tantos peronistas a Puerta de Hierro, Herrera Marín había trabado relación con personajes como mi madre. El documento que esa tarde Herrera Marín le presenta era ni más ni menos que el diseño de lo que muy pocos meses después conoceríamos como la Triple A. Ese documento fue entregado ese mismo día en manos de López Rega. A partir de allí, entre López Rega e Isabel, que en todo esto jugó un papel relativamente pasivo, viene a tomar forma, a corporizarse la etapa operativa y puesta en marcha del proyecto. Un proyecto de represión basado fundamentalmente en la experiencia de la Guerra Civil española". Una versión en el mismo sentido, sobre el modelo español de represión ilegal aplicado durante el peronismo, es brindada por Miguel Bonasso en su libro

El Presidente que no fue. Los archivos secretos del peronismo (Buenos Aires, Planeta, 1997). Bonasso toma como base el testimonio de Gloria Bidegain, hija del gobernador de la provincia de Buenos Aires. Según ella, en mayo de 1973, en una sobremesa en Madrid, escuchó la confidencia de Perón a su padre: "Lo que hace falta en Argentina es un 'Somatén'". "El Somatén" era un grito de guerra de las milicias paramilitares catalanas, que se reunían a toque de campana para perseguir a sus enemigos en el siglo XI. La metodología fue reflotada por el general Primo de Rivera al momento de dar el golpe de Estado en España en 1923.

     En el Uruguay gobernaba José María Bordaberry, un presidente civil dominado por los militares; el general Augusto Pinochet acababa de aplastar la experiencia socialista de Salvador Allende en Chile, y comenzaba apercibirse, en su concepción y sus efectos, la estrategia de represión a la izquierda que había elaborado Washington para el continente. En el último trimestre de 1973, las relaciones entre la Argentina y los Estados Unidos fueron rediseñadas en los encuentros entre el canciller Vignes (un miembro de la P2) y el secre-tario de Estado norteamericano Henry Kissinger. Bajo el eufemismo de "Nuevo Diálogo", la Argentina se había propuesto ser una suerte de "vocero de Estados Unidos" en América latina. Perón le había ordenado a su canciller:

     -Donde apunte Kissinger, sígalo usted.

     Tras la crisis cardíaca, el argumento oficial para explicar lo ocurrido fue el mismo de la otra vez: una gripe. Dos días después, Perón, secundado por López Rega, apareció en televisión:

     -Algunos me echaron con gato y todo, pero están equivocados: no estoy listo todavía.

     El 26 y el 27 de noviembre de 1973, los cables de la embajada norteamericana hicieron una evaluación más compleja. Informaban que aun cuando se tratara de minimizar la serie-dad de la situación, el ataque había sido severo y la vida de Perón había corrido peligro. Consideraban que el equipamiento de la residencia era inadecuado para afrontar la emer-gencia médica, y tenían la información de que los médicos le habían recomendado a Perón que trabajara sólo dos o tres horas por día. En términos políticos, la embajada se inclinaba por la versión de que Perón ya estaba fuera de juego y que sus recaídas ponían a la Nación en constante alerta: la muerte del presidente podía ocurrir en cualquier momento. Y en caso de que sobreviviera, existían serias dudas de que fuera capaz de hacer mínimos esfuerzos para resolver las divisiones dentro de su movimiento, combatir al terrorismo y lidiar con los problemas económicos, entre otras cuestiones. Sobre la sucesión, una vez ocurrido el deceso o la renuncia por motivos de salud, las especulaciones eran múltiples.

Por entonces, en el marco de la guerra contra el comunismo, los generales latinoamericanos se instruían en la Escuela de las Américas. Era un centro de adiestramiento militar del Comando Sur del Pentágono, ubicado en Panamá, especializado en contrainsurgencia y donde se enseñaban métodos de tortura. A través de los golpes de Estado, muchos de los generales que pasaron por sus aulas llegarían a ser presidentes y alcanzarían posiciones de privilegio dentro de los Estados de sus respectivos países.

Los cables enviados al Departamento de Estado están firmados por Max Krebs y Wayne Smith, e indican: "Nosotros creemos que el presidente de la Cámara Raúl Lastiri, antes que Isabelita, probablemente asumirá el cargo, en el caso que Perón dimita. La izquierda indudablemente reaccionará fuerte, pero si los militares y otros partidos lo apoyan, probablemente sobrevivirá al menos hasta nuevas elecciones (que serían pedidas por otros sectores como precio del apoyo). El presidente provisional tendría dificultades en mantener el orden, los militares se pueden sentir obligados, a pesar de la presente renuencia, de asumir el control anticipado ante la amenaza de la izquierda. Esto, no obstante, causará más fuerte reacción de la izquierda y puede conducir a una guerra civil. En el presente, los militares parecen estar profundamente preocupados por cualquier desarrollo que lleve a remover a Perón de la escena y están realmente renuentes a reasumir el rol impopular de gobernar directamente, una carga recientemente abandonada. En caso de que Perón pueda morir, la situación acá sería impredecible. Nosotros creemos no obstante, que las siguientes consideraciones son las más probables: Aunque es generalmente aceptada como vicepresidente, la aceptación de Isabelita como presidente sería extremadamente limitada; hecho del que ella, sin duda, está enterada. Parece probable, por otra parte, que resigne o sea forzada (hasta por los peronistas de derecha que la apoyaban, que estaban ansiosos por mantener el apoyo militar) a renunciar. Lastiri, López Rega, Gelbard e Isabel están todos aliados (por mutua conveniencia). Por lo tanto, las posibilidades son, en un esfuerzo por conformar a todos, que la "pequeña mujer" debe resignar su lugar a favor de Lastiri. Lastiri sería probablemente aceptable para los militares, pero ellos como muchos otros observadores pueden tener dudas sobre si él podría controlar a la izquierda peronista. No obstante, nuestros contactos indican que los militares son reacios por ahora para asumir responsabilidades para gobernar, y aparentemente no han hecho planes para eso. Ellos prefieren, si es necesario, guiar la fuerza detrás de un presidente civil, como en el caso de Guido después de la caída de Frondizi en 1962. Si la ley y el orden se ven seriamente en peligro, los militares pueden hacer un movimiento preventivo. Ellos pueden también ser tentados si Isabel insiste en su sucesión, pero tal intervención sería probablemente el resultado de mayor violencia, hasta una guerra civil. Si la Juventud Peronista está menos que entusiasmada con Lastiri, menos aún lo están con los militares. Hasta la UCR estaría más feliz con Lastiri que con Isabel".

     La vicepresidenta Isabel Perón, por su parte, ya había puesto en marcha la Fundación Cruzada de la Solidaridad, con su correspondiente personería jurídica. Desde fines de 1972, hacía casi un año, Isabel había abierto una cuenta con su nombre de soltera en el Banco Comercial de La Plata, donde los empresarios empezaron a realizar sus contribuciones económicas. Aunque algunos interpretaban que la realización de esos aportes era una forma apenas velada de comprar la voluntad de la esposa de General con el objeto de obtener privilegios en un futuro gobierno peronista, el dinero estaba destinado a la constitución de la Cruzada, que lo repartiría entre los necesitados, al estilo de la Fundación Evita. En menos de un año, la solidaridad empresarial había aportado casi ochenta millones de pesos (ocho millones de dólares de la época). Las donaciones materiales fueron acumu-lándose en la Dirección de Emergencias Sociales del ministerio y el mismo organismo (a veces a través de Carlos Villone, otras veces vía el Gordo Vanni) se ocupaba de realizar compras a distintos proveedores para distribuirlas en beneficio de los humildes. López Rega era el vicepresidente de la Cruzada, y su hija Norma integraba el directorio. Para diciembre de 1973, el ministro podía presentar con orgullo su balance de gestión en la función pública: la construcción de viviendas en el barrio de Villa Corina de Avellaneda, la inauguración de las piletas populares de Ezeiza, la puesta en marcha del plan "Venecia argentina" que preveía la realización de un complejo turístico en las islas del Delta que podría albergar a ocho millones de personas; el reparto de 7157 pensiones, la distribución de 725 toneladas de ropa y de 1200toneladas de alimentos; además, planeaba repartir un millón de juguetes para el próximo Día de Reyes, en un proyecto denominado Cruzada de Amor. Los números parecían reflejar la más palmaria concreción del proyecto de la Argentina Potencia, que en menos de seis meses estaba despedazando los últimos sueños del "socialismo nacional".

     Para festejar la Navidad, López Rega, imitando la costumbre de Victoria Montero en Paso de los Libres con su horno de barro, mandó a elaborar 120 toneladas de pan dulce para distribuir en asilos y hospitales. Pero la obra de Bienestar Social ("un Ministerio con Vida", como decía su Departamento de Prensa) que coronó el año 1973 fue la instalación del árbol de Navidad más alto del mundo; para ello se utilizó la estructura del Obelisco, en pleno centro de Buenos Aires.

     En un reportaje televisivo a la prensa, mientras recorría los puestos de las provincias que presentaban sus productos autóctonos, y rodeado de quince de sus custodios, López Rega dijo:

     -Es un motivo de alegría, ver que se ha podido concluir esta obra, que es una obra de arte de ingeniería, una obra única en el mundo. Todos los hombres mancomunados han demostrado que esta Argentina Potencia que proclama el general Perón es una realidad, vista en el Obelisco, en el centro de la Plaza de la República como un símbolo de esperanza para todo el futuro del año que viene. Esta obra se hizo con el corazón y no con la mente. Aquí, bajo este árbol luminoso se acuna el nacimiento del niño Dios.

     Unas semanas antes, la Triple A había firmado su primer atentado.

El primer atentado que se auto adjudicó la Triple A (primero denominada Acción Antiimperialista Argentina) fue una bomba colocada en el encendido del Renault 6 del senador radical Hipólito Solari Yrigoyen. El día anterior, en su oficina, había recibido un sobre que contenía un papel que sólo decía AAA. En ese momento no entendió qué significaba. El senador acababa de votar en contra de un proyecto de Ley de Asociaciones Gremiales, que favorecía la centralización de la recaudación de las obras sociales de cada sindicato, y multiplicaba las trabas para el funcionamiento de la oposición. Por su rechazo al proyecto de ley, el dirigente justicialista y titular de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) Lorenzo Miguel, había calificado a Solari Yrigoyen como "el enemigo público número uno de la clase obrera organizada". Los técnicos de la policía informaron que la bomba plástica era similar a las utilizadas por la OAS francesa. El senador sufrió quemaduras en las piernas. La vicepresidente Isabel Perón y el ministro López Rega lo visitaron en la clínica cuando estuvo internado. Isabel le trajo flores y saludos de Perón. López Rega se mantuvo en silencio y a cierta distancia. "Pensé: estas cosas sólo ocurren en las películas de la mafia, cuando el capo asiste a los funerales de su víctima. Isabelita, como era habitual, estaba en las nubes. Al ver mi estado chistó y dijo: '¿Qué quieren estos desalmados?¿Convertirnos en una segunda Cuba, en un Chile?'", recordó Solari Yrigoyen, treinta años después. Véase periódico El Mundo (España), 29 de enero de 2007.

Hacia fines de 1973, ya habían sucumbido las esperanzas de Valori de asistir al alumbramiento del Plan Europa. El 14 de diciembre de 1973 fue a ver a Perón a Olivos y logró ingresar a la residencia, pero un miembro de los servicios secretos le dio un consejo discreto: que se fuera urgente del país. Había un plan para matarlo cuando estuviera ante la tumba de su hermano Leo en el cementerio de Castelar, al que pensaba ir por la tarde. Esa misman oche, Valori viajó a París. En entrevista con el autor, confesó que a esas alturas, "ya había un comité de negocios en la Argentina formado por Gelbard, López Rega, (el almirante) Eduardo Massera y Licio Gelli, con la complicidad de Isabel Perón. En esa época, Perón ya no cortaba ni pinchaba". Para terminar, su última decepción fue con el embajador argentino en Italia, Adolfo Savino. Según Valori, él mismo lo había hecho designar en Roma, pero luego Savino lo traicionó y se convirtió en un hombre clave de los negocios de Gelli con la P2. (Entrevista de Valori con el autor.) En la actualidad, Valori es titular de varios organismos del Estado italiano.

FUENTES DE ESTE CAPÍTULO

Para recreación de actividades en el Ministerio de Bienestar Social, entrevistas a Néstor Ortiz y a un ex colaborador de López Rega, a un ex secretario de la Agrupación 17 de Octubre y a un ex miembro de la agrupación Ramón Castillo que prefirieron permanecer anónimos. También se tomaron como referencias para la información volcada la colección completa de Las Bases y El Caudillo.

Sobre algunos aspectos del funcionamiento de las redacciones de esas revistas, entrevista a Américo Rial (ex director de la primera revista) y el periodista Héctor Simeoni. Para descripción de la relación entre López Rega y Gelli fue entrevistado Giancarlo Elia Valori. Para la política de Vignes se entrevistó a Rubén Villone, que fuera funcionario de la Cancillería argentina en 1973.