domingo, 27 de agosto de 2017

EL BOGOTAZO LIMPIO-4TA.PARTE-EL NUEVO ORDEN MUNDIAL-PARTES 5-6-7



5. La Castro-Chávez psiop
     Los datos históricos disponibles indican que, lejos de debilitar el control que ejercen los conspiradores de Wall Street en América Latina, más de cincuenta años de intervención directa de Castro en la región lo han reforzado. Tal como el profesor Peter H. Smith, un especialista en la política de América Latina, ha señalado acertadamente,
En retrospectiva, los hechos históricos revelan tres puntos fundamentales: en primer lugar, desde la década de 1950 hasta la década de 1990 los Estados Unidos ejerció una fuerte y continua hegemonía en el hemisferio, en segundo lugar, dentro de este patrón general, la hegemonía de los EE.UU. sufrió un ligero descenso entre los años 1960 y 1980 y, en tercer
lugar, la hegemonía de EE.UU. subió a niveles nunca antes alcanzados entre mediados de 1980 y mediados de 1990.
     No es por casualidad que haya sido precisamente entre la década de 1960 hasta la década de 1980 cuando las guerrillas controladas por Castro devastaron muchos países de América Latina. Así que, ¿cómo se explica que la hegemonía de EE.UU. en la región sólo haya sufrido un ligero descenso? ¿Por qué Castro contribuyó directamente a la destrucción de los partidos comunistas tradicionales en América Latina?, ¿A qué se debió su gran empeño en desestabilizar y derrocar gobiernos con presidentes democráticamente electos?, ¿Por qué el principal resultado de la actividad guerrillera castrista en América Latina fue que el complejo militar-industrial norteamericano se enriqueció aún más y que los banqueros de Wall Street aumentaron sus fortunas debido a la fuga de capitales de América Latina hacia los EE.UU.? Castro se pinta a sí mismo como un enemigo jurado del liberalismo económico y la globalización, ¿cómo se explica entonces su estrecha amistad con el ex presidente mexicano Carlos Salinas de Gortari, a quien altos ejecutivos del CFR consideran el máximo promotor del liberalismo económico y la globalización en México?


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     La razón de todo esto es que en realidad la hegemonía norteamericana en América Latina solamente pareció declinar, por la sencilla razón de que los conspiradores del CFR no tenían necesidad de enviar a los marines con demasiada frecuencia a los países al sur de la frontera para amedrentar a los dirigentes nacionalistas que no podían comprar, porque Fidel Castro lo estaba haciendo por ellos. Al destruir la mayoría de los partidos comunistas

pro soviéticos en América Latina, que nunca apoyaron la lucha armada guerrillera, Castro hizo un excelente trabajo a nombre de sus amos del CFR.

     Un área de inteligencia y espionaje en la que Fidel Castro ha demostrado su maestría es en el reclutamiento de tontos crédulos bajo la bandera falsa de la lucha contra el imperia-lismo yankee, y utilizarlos como agentes secretos para hacer su trabajo sucio en beneficio de sus amos del CFR. Algunos de ellos, como el Che Guevara, con el tiempo descubrieron que Castro los había usado para sus fines secretos, y tuvieron que ser eliminados. Pero otros voluntariamente se convirtieron en herramientas muy útiles. Uno de los tontos más útiles que Castro ha reclutado en los últimos tiempos es Hugo Chávez.

     Hugo Chávez es el típico gorila latinoamericano — un militar golpista, abundante en músculos y con poco cerebro. En el año 2000, con la ayuda secreta de Castro y la CIA, Chávez se las arregló para apropiarse del poder en Venezuela. Inmediatamente, siguiendo el consejo de Castro, comenzó el proceso de destrucción de su país. Esta destrucción es muy similar a la que Castro ha hecho en Cuba y la que los conspiradores del CFR actualmente están llevando a cabo en los propios EE.UU. y luego piensan expandir a América Latina y al resto del mundo.

     En 2002 la oposición contra Chávez por parte del pueblo venezolano había aumentado tanto que un grupo de militares intentó derrocarlo, pero la CIA lo alertó sobre el golpe de estado que se tramaba. La CIA lo ha negado rotundamente, pero el 24 de noviembre de 2004 el portavoz del Departamento de Estado Adam Ereli lo admitió tácitamente. Según Ereli, un informe del 2002 de la Oficina del Inspector General sobre la política de EE.UU. hacia Venezuela en el período previo al golpe, mencionó que el Gobierno de los EE.UU. había alertado al Gobierno de Venezuela de los intentos de golpe de Estado, así como de un posible intento de asesinar a Chávez.

     En 2004, cansados de ver cómo las desastrosas políticas de Chávez estaban destruyendo el país, algunos sectores democráticos del pueblo venezolano convocaron a un referendo. Fue en ese momento clave, cuando el agente del CFR Jimmy Carter viajó a Venezuela en re-presentación de su propio Centro Carter para supervisar la imparcialidad de las eleccio-nes.

     Encuestas de opinión realizadas previas a las elecciones por la respetable firma Penn, Schoen and Berland, auguraban que Chávez perdería por un amplio margen, pero el resul-tado fue que Chávez se adjudicó la victoria por un estrecho margen. Innumerables casos de irregularidades y evidencias de fraude en las elecciones fueron reportados, pero Carter legitimizó la victoria fraudulenta de Chávez y de esa forma garantizó que continuara en el poder.

     Después de las elecciones, se comentó que Carter había apoyado el fraude electoral para evitar un brote de violencia en Venezuela. Pero hay que tener en cuenta que Jimmy Carter es un importante agente de los magnates petroleros, los banqueros de Wall Street y las corporaciones transnacionales. En realidad su trabajo consistía en proteger los intereses de sus amos del CFR, y el papel de Chávez en América Latina es de vital importancia en los planes de los conspiradores para el área.

     La Castro-Chávez psiop es una operación de guerra psicológica de gran envergadura contra los pueblos de América Latina. Es la continuación de la Castro psiop después de la disminución del poder e influencia de Castro en la región debido a sus problemas de salud. Ambas psiops muestran el uso típico de la dialéctica hegeliana.

      Como resultado de la operación de guerra psicológica que fue el castrismo, los conspiradores del CFR usaron el fantasma del Castro-comunismo para aterrorizar a las clases dominantes de América Latina y empujarlas en los brazos de lo que ellos conside-raban el menor de dos males, los EE.UU. Esto explica por qué, a pesar de todas las actividades aparentemente antinorteamericanas de Castro, la hegemonía de los EE.UU. en la región aumentó a un máximo histórico entre los años 1980 y mediados de 1990.

     Incluso después de la caída de la Unión Soviética, Castro siguió haciendo un buen trabajo para sus amos del CFR. Fue entonces cuando su salud comenzó a deteriorarse, hasta que se puso tan enfermo que muchos auguraron su muerte inminente. Pero, sorprendentemen-te, comenzó a recuperarse.

     Sin embargo, Castro se dio cuenta de que ya no tenía la energía para seguir haciendo su trabajo a tiempo completo, por lo que le pasó la antorcha a su agente Hugo Chávez. Esto no quiere decir que le haya revelado a Chávez en lo que realmente consistía su trabajo, pero no hay que olvidar que Castro ha demostrado ser un maestro en manipular a la gente y usarla para sus fines secretos.

     No obstante, es evidente que, sin saberlo, Chávez le está haciendo el juego a los conspiradores del CFR. En una entrevista que Castro le concedió a Ignacio Ramonet, editor de la publicación francesa Le Monde Diplomatique, le dijo que él le había salvado la vida a Chávez en abril de 2002, cuando un grupo del ejército intentó derrocarlo con un golpe de Estado. Según Castro, él personalmente convenció a los militares en contra de Chávez para que lo liberaran y volvieran a instalarlo en el poder.

     Algunos liberales “progresistas” norteamericanos criticaron duramente a la CIA porque no alertó a Chávez sobre el golpe de Estado que sabían se tramaba. Lo que no mencionaron, sin embargo, es que la CIA había ayudado al coronel Hugo Chávez en 1992, cuando dio el golpe de Estado que lo llevó al poder en Venezuela.

     Después que el subagente Hugo Chávez se consolidó en el poder en Venezuela, Castro continuó llevando a cabo una importante psiop contra los pueblos de América Latina. El objetivo de esta operación, al igual que el Bogotazo pero en una escala continental, consistía aterrorizar a las clases dominantes en América Latina con el miedo al Castro-chavismo.

     Una gran parte de los grupos gobernante nacionalistas en América Latina veían con aprehensión la creciente penetración económica y política de Wall Street y las corporacio-nes transnacionales en sus países, y se mostraban reacios a aceptar los nuevos acuerdos de libre comercio con los EE.UU. Pero esta mismas clases dominantes de la mayoría de los países de América Latina se sentían intimidadas por la habilidad del Castro-chavismo en movilizar la violencia contra el gobierno y por la posibilidad de que Chávez usara el petróleo como una herramienta de chantaje. Por otra parte, algunos de ellos simplemente no querían que pareciera que apoyaban políticas favorecidas por el “imperialismo” norteamericano.

     Estos líderes al parecer ignoran que los conspiradores del CFR han estado utilizando el miedo al Castro-chavismo como un elemento para forzar a los dirigentes de América Latina que no han podido comprar o coaccionar, a aceptar, como males menores, políticas nocivas como las del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), el Tratado de Libre Comercio Centroamericano (TLC) y el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA).

     El ALCA no es sino el paso previo a la creación de la Unión Americana, que se extenderá desde Alaska hasta la Patagonia, bajo el férreo control de los banqueros del CFR a través de sus instituciones financieras internacionales — sin descontar, si es preciso, las cañoneras y las tropas de fuerzas especiales. La Unión Americana, y la subsecuente implantación de una

moneda común a todos los países miembros, conllevará la destrucción total de las economías de los países al sur del Río Grande, la desaparición de la clase media, el enriquecimiento de unos pocos, y la pobreza más total de los obreros y los campesinos.   Estas uniones artificiales de países siguen el modelo económico, político y social que Fidel Castro implementó en la Cuba actual, y que los altos ejecutivos del CFR tanto admiran.

     En el proceso de creación de la Unión Americana jugará un papel principal el Fondo Monetario Internacional (FMI), una institución creada y controlada por los banqueros de Wall Street. La mejor descripción de lo que es en realidad el FMI la dio el economista ruso Georgi Arbatov, en un artículo que tituló “Neobolsheviques en el FMI”. Según Arbatov, los ejecuti-vos del FMI son una especie de “neobolsheviques que gustan de apropiarse del dinero de los demás, imponer reglas antidemocráticas en la economía y la política, y eliminar la libertad económica.”

     Arbatov no exagera. El FMI ha sido el causante directo de la ruina de todos los países, sin excepción, que han caído bajo su control económico. No en balde a las medidas que impone el FMI las llaman “tratamiento de choque”. Tal como en el tratamientos psiquiátrico del mismo nombre, quienes no perecen durante el tratamiento, sufren sus perniciosas consecuencias toda la vida.

6. La guerra psicológica contra América Latina

     El 3 de julio del 2006, el intelectual mexicano Enrique Krauze, director de la revista literaria Letras Libres, dio una conferencia en la Harold Pratt House, sede del Consejo de Relaciones Exteriores en New York, en la que criticó en duros términos a Andrés Manuel López Obrador, uno de los candidatos a las elecciones presidenciales en México y, entre otras cosas, lo llamó “mesías tropical”.

     En el número de enero/febrero de ese mismo año, la revista Foreign Affairs había publicado un artículo de Krauze titulado: “Furthering democracy in Mexico”. En él, Krauze había expresado su preocupación ante la posibilidad de que México volviera a caer otra vez bajo el control de la oligarquía que lo ha gobernado por muchos años, y su esperanza de que

continuara el camino hacia una democracia aún más desarrollada que la que había logrado el gobierno del Presidente Fox.

     Pero constituye una paradoja inexplicable el que Enrique Krauze haya seleccionado precisamente Foreign Affairs, el órgano del Consejo de Relaciones Exteriores, donde se centra el núcleo de la oligarquía que se ha apoderado ilegalmente del gobierno norteamericano y lo controla totalmente, para escribir un artículo en el que expresaba su preocupación porque su país no cayera de nuevo bajo el control de la oligarquía.

     ¿Acaso ignora Krauze que en los Estados Unidos de Norteamérica en estos momentos no existe el derecho de habeas corpus, las autoridades pueden espiar, apresar, encarcelar y torturar a su antojo indefinidamente y sin someter a juicio a los ciudadanos, las elecciones son amañadas, y los dos partidos principales son en realidad las dos caras de una misma moneda? ¿Ignora también que todo eso es parte de un plan que están llevando a cabo precisamente los miembros de esa oligarquía que se aglutina en el Consejo de Relaciones Exteriores? Pero, aún más importante, ¿cómo es posible de que Krauze hable de esperanzas de que México prosiga por el camino de la democracia y se valga para expresarlo de Foreign Affairs, el órgano oficial del CFR, la institución más antidemocrática del hemisferio occidental, donde se planea, a espaldas de los pueblos mexicano y norteamericano, la desaparición de sus países y su fusión con otro cuya historia, idioma, cultura, costumbres, idiosincrasia y tradiciones, no pueden ser más diferentes? Si los conspiradores del CFR son tan amantes de la democracia y lo que planean es tan bueno para nuestros pueblos, ¿por qué lo hacen en secreto y a nuestras espaldas? Mejor ejemplo de falta de democracia sería casi imposible de hallar.

     Contrariamente a lo que expresó Krauze en su artículo y luego en su conferencia en el CFR, lo que se discutía en esas elecciones en México no era si el país volvería a caer otra vez bajo el control de la oligarquía mexicana, sino si el Nuevo Orden Mundial les llegaría a los mexicanos directamente desde la casa matriz en los EE.UU. o a través de su distribuidor

exclusivo para América Latina, Fidel Castro.

     Finalmente, les llegó directamente desde la casa matriz. Pero prueba de que no había diferencia entre los dos candidatos es que, tan sólo unas semanas después de que los mexicanos decidieron elegir a Felipe Calderón como presidente de su país, el New York Times publicó un artículo en el que se afirmaba que Calderón estaba haciendo exactamente lo mismo que Obrador había prometido que iba a hacer. Al ser entrevistado sobre el tema, Krauze aseguró que en definitiva Obrador había planeado hacer algunas cosas buenas.

     Siempre he sido de la opinión de que el peor colonialismo es el colonialismo mental, y es evidente que las clases dominantes de América Latina han caído bajo el control del colonialismo mental que les han impuesto los conspiradores del CFR. Prueba de esto es que envían a sus hijos a estudiar a universidades de Estados Unidos, donde muchos de ellos son reclutados por los servicios de inteligencia norteamericanos — el mejor espía es el que no

sabe, o no quiere saber, que ha sido reclutado.

     Estos jóvenes miembros de las más poderosas familias de la élite del poder de América Latina, graduados de universidades norteamericanas y convertidos en adoradores del Modo de Vida Norteamericano, constituyen una verdadera quinta columna infiltrada en los países al sur de la frontera de los EE.UU. Ellos son una cantera de donde surgirán los próximos líderes militares y políticos, y no cabe duda de que su lealtad no está con sus países sino con los conspiradores que controlan el gobierno de los EE.UU.

     El CFR se ha expandido en una serie de organizaciones importantes, todas ellas creadas con el apoyo financiero de los Rockefellers y sus amigos, los banqueros de Wall Street. Entre las principales están la Comisión Trilateral, el Grupo Bilderberg, la Organización de Naciones Unidas y sus organismos parásitos, tales como la UNESCO, el Consejo Mundial de Iglesias, la Organización Mundial de la Salud y todas las organizaciones comunisto fascis-toides que han creado en los últimos años con el pretexto de proteger el medio ambiente, eliminar las barreras al comercio, y proteger la salud reproductiva de las mujeres del tercer mundo — un eufemismo para camuflar la eugenesia masiva.

     Este grupo secreto también controla las principales organizaciones financieras interna-cionales, tales como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. El fin último de todas ellas es la creación de un Nuevo Orden Mundial, que no es sino un totalitarismo comuno fascista global, controlado por los banqueros y las corporaciones — lo que Benito Mussolini llamó el “Estado corporativo”.

     Podría alegarse que una de las características del fascismo es su rabioso nacionalismo, en tanto que esta gente aboga la globalización. Pero, en la época de las corporaciones transnacionales, tiene lógica que el neofascismo del Nuevo Orden Mundial sea internaciona-lista y globalizador.

     Quienes han acusado a Fidel Castro de comunista por sus agresivas políticas injerencis-tas en todo el mundo, al parecer ignoran que esta política es una copia al carbón de la política de los conspiradores imperialistas de Wall Street. Esta ideología expansionista de liberalismo internacionalista fue formulada a comienzos del siglo pasado por el presidente Woodrow Wilson, pero ahora sabemos que las ideas de Wilson fueron implantadas en su mente por su asesor personal, Edward Mandell House, un agente secreto de los banqueros internacionales.

     La política agresiva de “internacionalismo proletario” implementada por Fidel Castro a partir de los setenta tenía características muy similares al liberalismo internacionalista de Wilson. Por consiguiente, no es festinado deducir que el internacionalismo proletario de Castro también fue una creación de los banqueros de Wall Street. Esto es lo único que explica que la política internacional de Castro siempre haya beneficiado directa o indirecta-mente a los conspiradores del CFR.

7. La economía de Cuba antes de Castro

     Los liberales americanos suelen abordar el tema de las revoluciones en el Tercer Mundo desde un punto de vista simplista. Según ellos, la verdadera causa de estas revoluciones no es la subversión externa, sino la injusticia, la pobreza y las privaciones. Si no hubiese injusticia en América Latina, nos dicen, no habría causas para la revolución.

     Pero los liberales se empecinan en ignorar la realidad de los hechos. Si bien las condiciones económicas y sociales se habían mantenido más o menos iguales en América Latina desde comienzos del siglo pasado, desde que Fidel Castro tomó el poder en Cuba en 1959 los intentos de rebelión en la región se multiplicaron. Esto podría haber sido producto de una coincidencia, pero hay indicios de que no fue así. Los esfuerzos de Castro por crear subversión en América Latina, que comenzaron tan sólo unos días después de que asumió el poder en Cuba en 1959, han sido ampliamente documentados en detalle.

     Por otra parte, nadie se atrevería a afirmar que la injusticia, la pobreza y las privaciones en América Latina terminaron hace veinte años. Pero, como la realidad económica en Cuba después de la caída de la Unión Soviética obligó a Castro a reducir al mínimo sus intentos de subversión, a pesar de algunos brotes aislados, ya no parece que América Latina esté madura para la revolución. Entonces, ¿qué ha pasado? La realidad es que, a pesar de que la injusticia social, la pobreza y la miseria aún persisten, los esfuerzos subversivos de Castro han desaparecido casi por completo, y con ellos la idea de una revolución tipo castrista en los países de América Latina.

     Por otra parte, nadie puede negar seriamente que la injusticia, la pobreza y la privación en la Cuba de Castro desde que tomó el poder en 1959 ha sido y sigue siendo más alta que en la mayoría de los países de América Latina. Sin embargo, mientras que muchos países de América Latina vieron sus gobiernos desestabilizados por movimientos guerrilleros iniciados y respaldados por Castro, el gobierno totalitario de Castro, libre de sus propios esfuerzos de desestabilización, ha demostrado 50 años de estabilidad continua casi sin precedentes en la región.

     La teoría más aceptada, es que la causa principal de la revolución cubana fue la horrible condición económica de la isla. Pero hay algo falso en estas teorías que tratan de explicar a posteriori las causas de la revolución castrista. Contrariamente a la opinión difundida por autores procastristas, cuando Castro tomó el poder en Cuba en 1959, los índices econó-micos de la isla eran los más altos del mundo entre los países no industrializados. En  realidad, en desarrollo económico, Cuba estaba tan sólo debajo de los ocho o diez países más industrializados del mundo.

     El filósofo francés izquierdista Jean-Paul Sartre escribió que antes de 1959 Cuba era una gran plantación de azúcar; un gulag del Caribe donde los amos esclavistas explotaban a un pueblo desnutrido y enfermo. Según Sartre, Cuba era un país cuya sangre había sido absorbida poco a poco por el pulpo del imperialismo norteamericano. Sin embargo, los hechos evidencian algo muy diferente.

     Por supuesto, la afirmación de que Cuba desde 1902 hasta 1934 había sido poco menos que un protectorado y una colonia económica norteamericano no es una exageración de la izquierda, pero esta situación cambió radicalmente desde fines de la Segunda Guerra Mundial. De acuerdo con estimados del Fondo Monetario Internacional, en 1957 Cuba ocupaba el cuarto lugar en ingreso per cápita entre las 20 repúblicas latinoamericanas.

     La Cuba pre castrista tenía una situación económica privilegiada, no sólo en relación con el resto de los países de América Latina, sino también en relación al resto del mundo. En 1957 el ingreso per cápita de Cuba era aproximadamente una sexta parte del de los Estados Unidos, el 90% del de Italia, significativamente mayor que el de Japón, y seis veces mayor que el de la India. Todas estos estimados están dados en el equivalente de dólares en 1957. En un informe de 1956 sobre Cuba, el Departamento de Comercio de los EE.UU. concluyó que, “el ingreso nacional de Cuba ha alcanzado niveles que dan al pueblo cubano uno de los más altos estándares de vida en las Américas.”

     El desarrollo económico de Cuba antes de Castro era sólido y había sido rápido. Contra-riamente a la imagen que encontramos en la mayoría de los libros escritos por autores norteamericanos simpatizantes de Castro, la realidad es que la economía cubana experi-mentó un auge constante durante el gobierno de Batista. La economía que Castro heredó cuando tomó el poder en 1959 era de crecimiento, no de disminución, y mucho de ese crecimiento no sólo fue el resultado directo de las inversiones estadounidenses y el desarrollo de los mercados de exportación, sino también debido al creciente poder del capital cubano en la economía del país.

     En 1956 la economía cubana bajo la presidencia de Batista comenzó a ascender, y 1957 — el año en que Castro comenzó a luchar su guerra de guerrillas en las montañas — fue uno de los mejores años para la economía cubana desde la creación de la República a comienzos del siglo. Durante 1957, la actividad económica de Cuba alcanzó el mayor nivel registrado desde la Segunda Guerra Mundial y el ingreso promedio anual per cápita se elevó a $ 400 dólares, uno de las más altos en América Latina.

     Según las estadísticas publicadas en 1958 por la Organización Internacional del Trabajo, en poder adquisitivo, el trabajador promedio cubano era uno de los mejor pagados del mundo. En 1958 Cuba ocupaba el primer lugar en América Latina en el número de televiso-res por habitante. Por otra parte, Cuba fue el segundo país en América en transmitir progra-mas de televisión en blanco y negro, y el primer país en América Latina que transmitió televisión a color (en 1957).

     El año antes de que Castro tomó el poder en Cuba, el país contaba con 160 estaciones de radio comerciales. Cuba era el segundo país en América Latina en receptores de radio por habitantes. En consumo de pescado fresco Cuba tenía el número uno en América, con 5.6 libras anuales per cápita, tan sólo seguida por los Estados Unidos, con 5.4 libras. En 1958 Cuba ocupaba el tercer lugar en el consumo de calorías en América Latina, con 2.682 calorías promedio per cápita, tan sólo debajo de países con una gran producción de carne como Argentina con 3.106 y Uruguay con 2.991.

     Según los apologistas del castrismo, uno de los avances más significativos del régimen es su sistema nacional de salud pública. Pero la realidad es que el gobierno de Castro no creó el avanzado sistema de salud de Cuba, sino que lo heredó. En 1957, un año antes de que Castro tomara el poder, había en Cuba 128 médicos y dentistas por cada 1,000 habitantes — una proporción igual a la de los Países Bajos y muy superior a la de los Estados Unidos y el Reino Unido.

     Antes de que Castro tomara el poder, Cuba ocupaba el cuarto lugar entre los países de América Latina en desarrollo educativo. Su tasa de alfabetización era del 76% y ahora, según las estadísticas oficiales, es del 96%, o sea, un aumento del 20%. Esta mejora parece menos impresionante cuando se la compara con la de otros países de América Latina similares a Cuba en la década de 1950, como Panamá y Costa Rica, que han demostrado beneficios similares sin un subsidio masivo del gobierno. Además, la mayoría de los otros países (incluidos los más pobres) también han registrado aumentos impresionantes de alfabetización en los últimos 40 años: Haití del 11% al 45%, Guatemala, del 30% al 56%, El Salvador, del 42% al 72%; República Dominicana, del 43% al 82%, Brasil, del 49% al 83%, Ecuador, del 56% al 90%, y Colombia, Panamá, Costa Rica, Paraguay, Chile y Argentina, ahora todos en el grupo de 90-96% de alfabetización.

     A pesar de que los norteamericanos ejercían un control considerable sobre la economía cubana, a finales de la década de los 1950 se notaba una creciente tendencia hacia más y más control de los cubanos sobre la economía de su país y sus recursos naturales. En 1959 los cubanos ya eran propietarios de la mayoría de las ramas de la economía de Cuba, probablemente con la excepción de las compañías de ferrocarriles, la electricidad, los teléfonos y las grandes fábricas de azúcar. Según fuentes de las Naciones Uni das, en 1958 los cubanos controlaban el 86% del total del capital invertido en la isla, mientras que las inversiones extranjeras, que habían disminuido de manera constante desde 1933, ascendían tan a sólo al 14%.

     La industria azucarera, la principal fuente de ingresos de Cuba, presentaba un panorama similar. La producción total de azúcar por parte de intereses extranjeros había disminuido del 78% en 1939 al 38% en 1958. Una disminución similar en la influencia extranjera se evidenciaba en los depósitos bancarios. Los depósitos en bancos extranjeros de dinero ganado en Cuba representaron el 83% del total de depósitos en 1939, pero en 1955

se habían reducido al 38%.

     Antes de 1959, Cuba era el segundo exportador de azúcar del mundo y el mayor exportador de azúcar a los EE.UU., donde el azúcar cubano se utilizaba fundamentalmente en la industria de bebidas no alcohólicas y la repostería. Sin embargo, poco después de que Castro tomó el poder en Cuba, no sólo provocó la cancelación de las ventas de azúcar a los EE.UU., sino que comenzó la destrucción sistemática de la industria azucarera cubana bajo el pretexto de la diversificación de la agricultura. Sin embargo, es extraño que esta destrucción de la industria azucarera cubana coincidiera con la introducción de los edulcorantes sintéticos en los EE.UU. ¿Fue esto otra coincidencia o Castro lo hizo siguiendo las órdenes de sus amos en Wall Street?

     Pero esto no es lo único difícil de explicar.

     Durante los años de la Segunda Guerra Mundial, cuando la gasolina escaseó y su costo se hizo prohibitivo, Cuba comenzó con éxito la producción de etanol de caña de azúcar. Una mezcla de etanol y gasolina se vendió en Cuba bajo el nombre de “Carburante Nacional.” El etanol producido en los EE.UU. es a base de maíz. Debido a la baja productividad del maíz, se necesitan siete litros de materia combustible para producir ocho litros de etanol a base de maíz. Por el contrario, tan sólo se necesitan dos litros de materia combustible para producir ocho litros de etanol a base de caña de azúcar. Esa es la razón por la que el programa brasileño de etanol de caña de azúcar es tan eficiente. Pero el programa de etanol en los EE.UU. no es un programa de energía. En realidad, se trata de un programa de subsidio para proteger a las grandes corporaciones agroindustriales y, al mismo tiempo, evitar que surjan fuentes eficientes de combustible que compitan con el petróleo que los conspiradores controlan.

     Sin embargo, llama la atención que, a pesar de la escasez de petróleo en Cuba, Castro nunca trató de producir etanol de caña de azúcar como combustible, y mantuvo la isla totalmente dependiente inicialmente del petróleo soviético y ahora del de Venezuela. Una explicación pudiera ser que, como agente leal de los conspiradores del CFR, Castro no haya querido cometer el pecado capital de competir con las corporaciones petroleras y agroin-dustriales norteamericanas. Otra explicación es que, al igual que está sucediendo en los EE.UU., la escasez de petróleo es una forma eficiente de reducir a un pueblo a niveles de consumo preindustriales.

     Sin duda había notables diferencias económicas entre la población cubana antes de 1959, pero no eran muy diferentes de los que encontramos hoy día en los EE.UU., Japón o Alemania. Por otra parte, me atrevería a decir que, como resultado de algunas de las características de la cultura hispana y del carácter cubano, estas diferencias económicas y sociales eran menos marcadas que en otros países.

     Si creemos lo que cuentan Fidel Castro y sus más cercanos colaboradores, el presidente Batista era un político corrupto vendido a los intereses extranjeros. Pero esto es sólo parte de la verdad. Lo cierto es que a pesar de los excesos de Batista y el soborno y la corrupción prevaleciente entre sus colaboradores más cercanos, cuando Castro tomó el poder en Cuba en 1959 la isla estaba experimentando una bonanza económica. Los años de la década de 1950 resultaron ser muy buenos para la economía cubana. Todos los índices nacionales de la economía estaban creciendo a un ritmo acelerado. La mayor diferencia entre Castro y Batista es que, a diferencia de Castro, Batista no deseaba destruir el país.

     A comienzo de la década de los 1960, el economista y teórico político Walt Whitman Rostow, agente de confianza de los conspiradores del CFR, escribió un libro que llamó inmediatamente la atención de los conspiradores: Las etapas del crecimiento económico: Un manifiesto no comunista. El libro explicaba en detalle las etapas económicas y sociales por las que pasa un país para saltar de una economía subdesarrollada de tercer mundo a una desarrollada de primer mundo. Tan sólo una lectura superficial del libro mostraba que, de todos los países de América Latina, Cuba era el único listo para dar el salto económico.   De haber continuado la tendencia de la década de los 1950, Cuba se habría convertido en el Japón del Caribe o en la Suiza de América, tal como algunos ya la llamaban en esa época.

    Pero todo indica que esto no estaba en los planes de los conspiradores globalistas del CFR. De modo que concibieron un plan especial para evitar el nacimiento de una potencia económica a sólo 150 kilómetros al sur de las costas norteamericanas. Por tanto, para que les ayudara a llevar a cabo sus planes destructivos, los conspiradores del CFR instalaron en el poder en Cuba a su agente secreto Fidel Castro.

     Louis A. Pérez, Jr., un profesor universitario que estudió en detalle las grandes similitudes entre la cultura y la sociedad norteamericana y cubana en esa época, escribió que,

En sus hábitos, gustos, actitudes, y otras cosas demasiado numerosas para apreciarlas en su totalidad, y con consecuencias imposibles de calcular, los cubanos participaban día a día a día en el modo de vida de Estados Unidos. En muchas cosas llegaron a ser como los norteamericanos. . .”

     Y añadió, “Casi todos los aspectos importantes de Cuba se integran directamente en las estrategias de comercialización de Norteamérica.” El nivel de vida y de pensar de los cubanos se semejaba tanto al de sus vecinos del norte que las compañías de mercadeo y publicidad de la avenida Madison en New York comenzaron a usar la isla como un campo de

pruebas para introducir los nuevos productos que estaban promoviendo.

     Con el fin de poner a prueba su capacidad de venta, algunos de estos productos, tales como algunas marcas de cerveza, el limpiador de cocina Ajax, y otros productos del hogar, se pusieron a la venta en el mercado cubano durante varios meses antes de lanzarlos al mercado norteamericano. A mediados de los años cincuenta, SEARS abrió una gran tienda por departamentos en La Habana y, poco después, comenzó a vender sus productos a través de sus catálogos a toda la isla. Las principales empresas estadounidenses de telecomunicaciones utilizaron a Cuba para probar su nueva tecnología de comunicaciones por microondas y, al terminar el proyecto, dejaron en Cuba una red nacional de comunica-ciones que en algunos aspectos era mejor que cualquiera de los Estados Unidos en ese momento. La planta de procesamiento de níquel en construcción en la Bahía de Nipe — inacabada cuando Castro la nacionalizó — era la más avanzada tecnológicamente en su tipo en el mundo en ese momento.

     Lo anterior explica en gran medida el por qué los conspiradores del CFR escogieron a Cuba como campo de pruebas para experimentar la implementación del Nuevo Orden Mundial que luego pensaban implementar en los EE.UU. Desde esta perspectiva, hay que llegar a la conclusión de que la Cuba castrista ha sido un experimento exitoso de la implementación del Nuevo Orden Mundial comuno fascista y que la Cuba actual es un ejemplo fiel de esa sociedad que los conspiradores del CFR piensan imponer al pueblo norteamericano y a los pueblos del mundo.