domingo, 27 de agosto de 2017

EL BOGOTAZO LIMPIO-3ERA.PARTE:EL BOGOTAZO-PARTES 7- 8- 9



7. Análisis de inteligencia del Bogotazo

     La mayoría de los servicios de inteligencia comparten la opinión de que lo más importante en el campo de la inteligencia y el espionaje no es la acumulación de información, sino la interpretación y el análisis de la información a fin de convertirla en inteligencia que pueda ser usada para llegar a un estimado correcto de la situación y emitir un pronóstico. Desgraciadamente, eso es precisamente lo que brilla por su ausencia en la mayoría de los estudios sobre el Bogotazo, en especial el de Alape.

     Casi todos los autores que han estudiado el Bogotazo, coinciden en que lo que desató los disturbios fue el asesinato del líder colombiano Jorge Eliécer Gaitán, jefe del Partido Popular, a manos de Juan Roa Sierra, un joven mentalmente inestable. Pero tan sólo un somero análisis de los sucesos desde el punto de vista de contrainteligencia, demuestra que, por el contrario, el Bogotazo fue una operación de bandera falsa planeada por los conspiradores del CFR, y puesta en ejecución siguiendo principios operativos establecidos por la OSS y la recién creada CIA.

     En realidad, el Bogotazo fue un elemento clave de una gran operación de guerra psicológica (psiop),72 cuyo objetivo final era amedrentar a los pueblos norteamericano y latinoamericanos con el miedo al comunismo — un enemigo artificialmente creado en sustitución del desaparecido enemigotambién artificialmente creado que los conspiradores acababan de perder con el fin de la guerra: la Alemania nazi.73 Por tanto, no fue por casualidad que la primera misión asignada a la organización que luego pasaría a ser la Oficina de Proyectos Especiales de la CIA fuese una operación dirigida en contra del pueblo norteamericano para condicionar sus mentes en el miedo y el odio hacia el país que poco después se convertiría en el enemigo principal de los EE.UU.: la Unión Soviética.

     Las técnicas de propaganda y sabotaje empleadas en el Bogotazo — transmisión de falsos mensajes por emisoras de radio clandestinas incitando a los revoltosos, distribución de hojas sueltas implicando a los comunistas, etc. — parecen haber sido tomadas directamente de uno de los manuales de operaciones de guerra psicológica producidos por la Rama de Operaciones Morales (Morale Operations Branch) de la OSS. El objetivo principal de la Rama de Operaciones Morales de la OSS consistía en crear pánico infundado, intimidar, desmoralizar, y crear confusión y desconfianza tanto en la población civil como en los ejércitos enemigos. Un objetivo secundario era estimular resentimiento y rebelión entre las poblaciones ocupadas, principalmente usando propaganda “negra”, en la que la fuente de información se oculta o se disfraza de algo que no es.




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     Un hecho importante, pero totalmente ignorado por los autores que han estudiado el Bogotazo y que le añade peso a la teoría de que el suceso fue una operación secreta de la CIA, es que tan sólo dos semanas antes del asesinato de Gaitán y los disturbios, la oficina del Buró Federal de Investigaciones (FBI) en la embajada norteamericana en Bogotá, fue desmantelada.

     Según un documento secreto, desclasificado hace unos años, todos los agentes del FBI (los agentes del FBI trabajan en las embajadas norteamericanas con el nombre de “agregados legales” [legal attachés]) recibieron órdenes de regresar a los EE.UU. y se informó que no serían reemplazados.

     Para entender la importancia de esta información es necesario estudiar un poco las tortuosas relaciones del director del FBI, J. Edgar Hoover, y los conspiradores de Wall Street. Antes de la creación de la CIA, el FBI era la agencia del gobierno norteamericano a cargo de las actividades de espionaje y contraespionaje en América Latina, y la mayoría de quienes han estudiado el tema aseguran que el FBI había estado haciendo un excelente trabajo. A pesar de sus limitaciones personales, Hoover era un verdadero patriota que, contrariamente a los conspiradores del CFR, siempre trabajó para beneficiar a su país. Prueba de ello es que el FBI era una de las pocas agencias del gobierno norteamericano que los conspiradores no habían logrado penetrar y controlar. Aún más importante es el hecho de que uno de los mayores opositores a la creación de la CIA había sido precisamente Hoover.

     Por consiguiente, la eliminación de la oficina del FBI en Colombia debe haber sido una medida de precaución para evitar que personas con mentes inquisitivas, que no estaban bajo el control del CFR, fueran testigos de unos sucesos que, dado su entrenamiento profesional, inmediatamente habrían descubierto que se trataba de una operación encubierta de la CIA.

     Los conspiradores del CFR sabían que, de haberlo descubierto, Hoover habría armado un escándalo difícil de ignorar. Por eso ordenaron cerrar la oficina del FBI en la embajada en Bogotá. El papel que desempeño Fidel Castro como agente provocador durante el Bogotazo es obvio y ha sido ampliamente documentado. No obstante, la mayoría de los autores que han estudiado el Bogotazo y el asesinato de Gaitán se han esforzado en ignorarlo y no lo mencionan. Es difícil de explicar la razón por la cual esos autores no han visto lo que se evidencia fácilmente una vez que los sucesos se analizan con ojo crítico.

     Por ejemplo, poco después de los disturbios, el gobierno colombiano le solicitó al Scotland Yard británico que realizara una investigación de los sucesos. A ese fin, las autoridades británicas enviaron a Colombia un equipo de investigadores, formado por el Inspector-Jefe Peter Beveridge, el Inspector-Jefe Albert Tansil, y Sir Norman Smith, ex jefe de la Policía Británica en la India. A pesar de ciertas inexactitudes debidas mayormente a la

falta de apoyo por parte de las autoridades colombianas, poco conocimiento de la lengua y el país, así como el corto tiempo en que se llevó a cabo la investigación, el informe continúa siendo una valiosa fuente de información sobre el Bogotazo y el asesinato de Gaitán.

     Cuando el Dr. Ricardo Jordán, Investigador-Jefe del Ministerio de Justicia colombiano, se entrevistó por primera vez con los investigadores de Scotland Yard, les mencionó un sumario escrito por él en el que se detallaba lo que consideraba eran los hechos más importantes de su investigación, así como sus conclusiones iniciales. Según Jordán, el sumario mencionaba información de primera mano que implicaba a los comunistas en el asesinato de Gaitán. No obstante, cuando después de ciertas demoras Jordán finalmente entregó el documento a los investigadores británicos, éstos comprobaron que tan sólo “consistían en dos carpetas, que contenían pocas hojas, en las que no aparecía opinión alguna ni nada” que probara en lo más mínimo la participación de los comunistas en los sucesos.

     A pesar de los esfuerzo del Dr. Jordán de implicar a los comunistas en el asesinato de Gaitán, los investigadores británicos concluyeron categóricamente que, “Estamos plenamente convencidos de que ningún partido político, como tal, tuvo participación en el asesinato.”  Por consiguiente, expresaron su opinión definitiva de que ningún partido político pudo haber estado conectado con el asesinato.

     Sin embargo, prueba de que Jordán fue selectivo en la información que le suministró a los investigadores de Scotland Yard, es el hecho de que nada se menciona en su investigación sobre la participación de dos ciudadanos cubanos en los sucesos. Por pura casualidad, los investigadores británicos descubrieron esta información al estudiar algunos documentos que les había suministrado el Ministerio de Relaciones Exteriores colombiano, que contenía un informe de un detective de la policía colombiana en el que mencionaba a los dos cubanos.

     Basados en el informe del detective, los investigadores británicos mencionan el hecho de que,

Dos cubanos, del Pino y Castro, se hicieron notar prominentemente [énfasis añadido] cuando diseminaron desde un balcón del Teatro Colón hojas sueltas con un fuerte matiz comunista, en el que denunciaban que potencias extranjeras mantenían colonias en el hemisferio occidental, y culminaba en un ataque al “imperialismo” norteamericano. Lo hicieron a las 10:30 p.m., mientras se llevaba a cabo una función a la que asistía el

Presidente de Colombia.

     Los británicos también mencionan que el informe del detective de la policía de Bogotá relató que, según lo que le declaró el administrador del hotel Claridge,

La noche del 9 [de abril], los cubanos [Castro y del Pino] regresaron al hotel armados con rifles o escopetas y revólveres, y con una buena carga de objetos que habían saqueado. El administrador añadió que esa noche Castro habló en inglés [énfasis añadido] por teléfono con varias personas.

     En un evidente esfuerzo por desacreditar la información suministrada por el administrador del Claridge, un autor ha mencionado el hecho de que, en esa fecha, Castro no hablaba el idioma inglés. Pero este autor no menciona que del Pino, que era ciudadano norteamericano y ex miembro de las fuerzas armadas de ese país, hablaba inglés flúidamente. Ahora bien, dado que los oficiales de la KGB no se comunican en inglés con sus agentes de habla hispana, ¿con quién hablaron en inglés Castro o del Pino?

     El detective añadió en su informe que un huésped del Claridge le había informado que la noche del 9 de abril escuchó a los cubanos comentar sobre la “efectividad del golpe” y el “éxito total de la parte que les había tocado representar.” [énfasis añadido] Según el detective, ese testigo presencial estaba convencido de que los cubanos eran los instrumentos bien pagados de quienes habían planeado el asesinato político [de Gaitán].87

Se pudiera alegar que el comportamiento de Castro y del Pino descrito anteriormente no concuerda con el de dos agentes a quienes se les ha encomendado una misión secreta. Pero no hay que olvidar que ambos agentes no pasaban de 21 años y, al menos Castro, no había tomado un curso de entrenamiento en esas materias. Por tanto, lo más probable es que ambos se hayan dejado llevar por las fuertes emociones del día.

     Por su parte, los investigadores de Scotland Yard cometieron un error similar. Basados en la información que habían recolectado, los británicos llegaron a la conclusión de que el comportamiento de los dos cubanos, quienes, tal como los propios investigadores afirma-ron, se hicieron notar, “no era el que podría esperarse de personas que eran parte de una peligrosa conspiración para cometer un asesinato.”

     No obstante, en su análisis, los investigadores perdieron de vista el elemento principal. Uno de los objetivos de Castro y del Pino como agentes provocadores durante el Bogotazo consistía precisamente en hacerse notar en su supuesto papel de agentes del comunismo para distraer la atenciónde las autoridades a fin de que no se fijaran en los verdaderos agentes involucrados en la operación.

     La operación Bogotazo fue el pretexto usado por los conspiradores del CFR para iniciar en los Estados Unidos lo que luego se conoció como “the War Scare of 1948” [el terror a la guerra de 1948].89 Como tal, el Bogotazo fue una operación limitada de guerra psicológica que marcó el comienzo en el hemisferio occidental de una operación de guerra psicológica en gran escala: la Guerra Fría .

     La Guerra Fría pronto demostró ser extremadamente lucrativa para los magnates petroleros, los banqueros de Wall Street y los altos ejecutivos de las corporaciones transnacionales. Tal como habían hecho durante los días de la Alemania nazi, los banqueros y las corporaciones ahora engrosaban sus cuentas de banco haciendo pingües ganancias con los préstamos de dinero y la venta de armamentos y tecnología militar a ambas partes del conflicto de la Guerra Fría.

     Todo indica que los disturbios del Bogotazo, que aparentemente fueron un estallido espontáneo de violencia provocado por el asesinato de Gaitán, en realidad habían sido planeados y preparados con anterioridad. El asesinato de Gaitán fue tan sólo una cortina de humo que los conspiradores usaron para ocultar sus causas verdaderas.

8. El asesinato de Gaitán

     Aunque sus verdaderos motivos todavía son discutidos, la mayoría de quienes han estudiado el asesinato de Gaitán concuerdan en que el asesino fue Juan Roa Sierra, un joven desempleado de 25 años, proveniente de una familia de obreros pobres. La escasa información que se tiene sobre Roa indica que era un joven introvertido, perezoso, y con delirios de grandeza.

     Aunque algunas veces conseguía trabajos temporales, se mantenía gracias a que cohabitaba con una mujer mucho mayor que él, la que le daba algún dinero para su subsistencia. Según afirmaron algunos de los que lo conocieron, las opiniones de Roa eran violentamente derechistas, pero no se le conocía filiación política alguna.

     El 9 de abril, alrededor de la 1:30 de la tarde, camino de ir a almorzar con algunos amigos, Gaitán se disponía a salir del edificio Agustín Nieto donde tenía su oficina cuando alguien le hizo varios disparos. Varios testigos han relatado el suceso con bastante detalle, pero algunas de las versio nes se contradicen entre sí.

     Según Guillermo Pérez Sarmiento, director de la United Press in Colombia,

Me hallaba en el Bar Tívoli, en la esquina de San Francisco, en compañía de Alberto Merino-Arquila y de Armando Moyse, cuando oímos los disparos, tres uno detrás del otro, y el último después de un breve intervalo.”

     Pérez Sarmiento continúa su relato del suceso añadiendo que, pocos minutos después, se dirigió hasta la farmacia Granada, donde la policía había momentáneamente detenido al sospechoso, y lo vio, “entre dos policías; había tornado su cara verdosa y parecía poseído por el pánico.” Otro testigo presencial, Plinio Mendoza Neira, un amigo íntimo de Gaitán que se hallaba junto a él cuando ocurrió el asesinato, dio un testimonio similar:

De repente sentí que Gaitán se echaba hacia atrás, mientras trataba de cubrirse la cara con las manos e intentaba regresar al edificio. Simultáneamente escuché tres disparos consecutivos y luego otro.

     Por su parte, el detective No. 6 de la Policía de Bogotá, que también se hallaba cerca de la escena de los sucesos, añade una información clave sobre Roa Sierra. Según el detective, poco antes del asesinato,

Vi a del Pino parado en la puerta del Café Colombia, mientras hablaba con un individuo mal vestido cuya fotografía apareció más tarde en losperiódicos como la del asesino de Gaitán.”

     Otras fuentes confirman la declaración del detective, e indican que Castro y del Pino se habían reunido con Roa Sierra en varias ocasiones en los días previos al asesinato. Un informe de la United Press publicado en El Tiempo de Bogotá afirmaba que, “Pocos días antes del asesinato, Roa fue visto en compañía de algunas personas que parecían extranjeros”.

     El policía Carlos Alberto Jiménez Díaz, que por casualidad estaba cerca del lugar de los hechos, declaró que cuando escuchó los disparos se acercó al presunto asesino por la espalda con la intención de detenerlo. Cuando lo sintió, Roa giró en sus talones, alzó las manos y no opuso resistencia cuando el policía tomó el arma que aún sostenía en la mano y lo desarmó.

     Justo después que el policía lo desarmó, Roa exclamó: “No me mate, cabo.” Poco después otro policía llegó a la escena del crimen y, a fin de evitar la posibilidad de un linchamiento, ambos se hicieron paso entre el pequeño grupo de personas que ya se había formado y condujeron a Roa hacia la farmacia Granada, donde lograron entrar un momento antes de que un asustado empleado bajara la reja de hierro.

     Un empleado de la farmacia, Elías Quesada Anchicoque, luego mencionó que le había preguntado a Roa, “¿Por qué ha cometido este crimen, de matar al doctor Gaitán?”, a lo que éste le respondió en tono lastimero, “Ay señor, cosas poderosas que no le puedo decir. ¡Ay, Virgen del Carmen, sálveme!”. El empleado le volvió a preguntar, “Dígame, quién lo mandó a

matar [a Gaitán], porque usted en estos momentos va a ser linchado por el pueblo.” A lo que Roa le contestó, “No puedo.”

      Uno de los autores que más minuciosamente ha investigado los detalles del asesinato de Gaitán es Rafael Azula Barrera. Según lo que le contó un testigo presencial que vio al presunto asesino unos momentos después de cometer el crimen, Juan Roa Sierra era un individuo pequeño, insignificante, de rostro pálido, angular y débil. No se había afeitado en varios días y vestía un sobretodo gris y una corbata azul con rayas rojas. Trataba de esconderse detrás de la reja de hierro de la farmacia Ganada. Cuando un policía le preguntó por qué había hecho los disparos, Roa Sierra tan sólo le contestó: “Los motivos más altos.”

     Azula Barrera menciona cómo los esfuerzos de la policía por salvar a Roa fueron inútiles. La turba enardecida frente a la farmacia pronto creció y sus amenazas forzaron a los empleados a levantar la reja metálica. Acto seguido, comenzaron a golpear a Roa con furia y, pocos momentos después, lo habían convertido en un guiñapo.

     La turba mató al presunto asesino sin compasión y rápidamente. Demostrando una gran crueldad, o un intento preciso de hacerlo difícil de identificar, lo golpearon hasta matarlo, y luego patearon su rostro hasta convertirlo en una sanguinolenta masa informe, imposible de reconocer. Luego despojaron al cadáver de sus ropas y lo arrastraron por las calles hasta dejarlo frente al Palacio Presidencial.

     Sin embargo, Azula Barrera menciona que, desde el primer momento, hubo dudas de que el hombre que había matado la turba era el verdadero asesino. Según Azula Barrera, que en esos momentos era Secretario General de la Presidencia colombiana, poco después de los hechos, el Presidente Ospina Pérez y sus consejeros principales discutieron y analizaron el asesinato, y llegaron a la conclusión de que a Roa lo habían matado para silenciarlo.

     Pero Azula, el Presidente Ospina y sus asesores, no fueron los únicos que tuvieron dudas sobre el verdadero papel de Roa Sierra en el asesinato de Gaitán. Dos semanas después del asesinato, Milton Bracker del New York Times, se preguntó si Roa había tenido cómplices, que le habían prometido protegerlo, pero que en realidad estaban allí para silenciarlo para

siempre.

     Años después, Willard Beaulac, el embajador norteamericano en Colombia durante los sucesos, expresó una duda similar en sus memorias:

¿Actuó Roa por sí mismo, o fue un instrumento de otros? ¿Fue su acción un crimen ordinario, o tuvo motivos políticos? Estas preguntas todavía no han sido respondidas. Roa Sierra fue muerto a golpes por testigos de su crimen pocos minutos después que lo cometiera. ¿Fue Roa muerto por personas tan airadas por el crimen que había cometido que no temían tomar venganza en ese mismo momento? ¿O fue su muerte instigada o causada por personas ansiosas de que no viviera para declarar las razones por las que cometió

el crimen?

     Con el tiempo y la aparición de más elementos de juicio, las dudas, lejos de desaparecer, han aumentado. Entre otras cosas, está el hecho de que Roa Sierra nunca había tenido entrenamiento militar, al punto de que, cuando compró el revólver con el que se alega que cometió el asesinato, un amigo suyo nombrado Luis Enrique Rincón Pardo fue quién lo probó

haciendo un sólo disparo. Sin embargo, Alejandro Vallejo, que presenció el asesinato, luego declaró que el asesino, todavía apoyado contra un borde de piedra, estaba “con las piernas dobladas en posición de tiro, revólver en mano.”

     Jorge Padilla, otro testigo presencial, corroboró lo anterior. Según Padilla, el asesino “tenía en la mano derecha el revólver con el cual hizo otro disparo. La mano izquierda apoyada contra el marco de la puerta y las rodillas en flexión.”

     Plinio Mendoza Neira, uno de los acompañantes de Gaitán que lo seguía unos pasos detrás, luego declaró que un individuo que había visto al entrar al edificio poco antes, todavía se hallaba en el mismo sitio, y que,

Cuando el doctor Gaitán dio su primer paso a la calle, en dirección norte, el individuo en cuestión dirigiéndose rápidamente hacia el bastión norte de la calle, parado en el umbral, adelantó el brazo e hizo tres disparos consecutivos y muy rápidos, cuya detonación oí perfectamente.

     Mendoza Neira también afirmó que, vio “claramente el cuerpo del atacante y los movimientos de su brazo en tres posiciones diferentes.” Sin embargo, agregó que, debido a su posición en relación con el asesino, no pudo “percibir ni el arma, ni la mano, ni la persona sobre la cual disparaba,” porque una pared obstruía su visión. Mendoza Neira prosigue su

relato de los hechos diciendo cómo se abalanzó sobre el agresor, pero éste saltó al andén,

Cuando yo pisé el umbral, el hombre estaba a unos pasos de él [¿Gaitán?], hacia el norte, con la espalda vuelta hacia el noroeste y el brazo derecho extendido hacia adelante y hacia abajo, haciendo un nuevo disparo sobre un cuerpo humano que yacía de espaldas en el suelo. Hecho ese disparo, el individuo levantó el arma, un revólver niquelado, amenazan-donos y luego corrió rápidamente hacia el norte unos veinte pasos, al cabo de los cuales giró el cuerpo dándonos frente otra vez y volvió a encañonarnos con el arma. En ese momento un agente de la policía lo agarró por la espalda.

     Lo más interesante de la declaración de Mendoza Neira es que, a pesar de que fue testigo presencial del asesinato, no afirma que el asesino profesional que hizo los primeros tres disparos fuese la misma persona que, antes de que lo agarrara el policía, le había hecho un disparo a alguien que yacía en el suelo.

     Sin embargo, Julio Enrique Santos Forero, otro testigo presencial, informó que escuchó varios disparos seguidos y a continuación vio “un hombre que retrocedía y quien hizo un cuarto disparo que ese sí lo vi disparar” en dirección al grupo de personas que salía del edificio.

     Por su parte, Mendoza Neira agregó que el individuo,

Cuando disparaba aparecía sereno, impresionantemente sereno. … La visión de segundos que tuve de él, pero que recuerdo con absoluta precisión, fue la de estar disparando con serenidad, con perfecta tranquilidad, absolutamente consciente de la situación.

     Pero Pascual del Vecchio, otro testigo presencial, ofrece una versión que difiere bastante de la anterior. Según del Vecchio, “el asesino tenía un rostro duro. Estaba pálido y transfigurado por la emoción.” Sin embargo, otro testigo presencial, Alejandro Vallejo, añade varios detalles interesantes,

El hombre que yo vi era un tipo cargado de pasión en cuyos ojos brillaba una mirada de odio intenso. En esos momentos pensé que era un fanático y esa idea y el recuerdo de este sujeto no se me ha borrado de la imaginación desde entonces. La manera agresiva como miraba y la actitud desafiante que conservó después de caído el doctor Gaitán, en el hecho de habernos apuntado, posiblemente disparando también sobre nosotros, en la manera serena como retrocedió y en la forma tranquila como se entregó apenas vio un policía.

     Pascual del Vecchio menciona que, cuando llegó al edificio Nieto donde se hallaba la oficina de Gaitán, vio a un individuo el cual pensó que era un empleado. Luego añade detalles sobre la rápida e inexplicable transformación que manifestó el individuo:

Cuando yo entré [al edificio] ese individuo se hallaba en el estado más apacible. Después en la calle ya estaba absolutamente transformado, como con aspecto de rabia, exaltado en sumo grado.

     El cambio instantáneo del presunto asesino también llamó la atención de los investiga-dores británicos. Según el informe de Scotland Yard,

La impresión que tuvieron algunos testigos es que, en el momento del asesinato, Roa ardía de pasión, pero todos concuerdan en que, un momento después, no hizo ningún esfuerzo por tratar de escapar, y pareció rendirse casi voluntariamente.

     Dos testigos presenciales, Alejandro Vallejo y Jorge Padilla, mencionan algo interesante. Según Vallejo, “escuché tres disparos que no me parecieron de revólver sino de algún fuego de pólvora artificial.”117 Padilla confirma lo dicho por Vallejo, “Oí dos débiles detonaciones que inicialmente no tomé por dos disparos de revólver sino por totes o triquitraques.”

    También es bueno recordar que otro testigo afirma que vio a Roa apuntando su revólver a Gaitán después de que éste yacía postrado en el suelo. Pero es aquí cuando las cosas se tornan un poco más complicadas. Otros testigos presenciales aseguran que no fue uno, sino dos individuos los que participaron en el asesinato de Gaitán.

     Según declaraciones de Pablo E. López, ascensorista del edificio Nieto, desde mediados de marzo le había llamado la atención la presencia de un individuo “alto, moreno, pálido, de ojos más bien castaños, brotados, más que hundidos, de una mirada inquieta, nariz aguileña, de unos veintiocho años de edad.” Este individuo visitó el edificio unas veinte veces, y unas veces subía por el ascensor y otras por la escalera. Cuando usaba el ascensor se dirigía al cuarto piso, donde se hallaba la oficina de Gaitán.

     El ascensorista añadió que el día del asesinato, después de las doce y media, este individuo subió por las escaleras y luego, cuando faltaba un cuarto para la una, bajó por el ascensor. Al bajar se encontró con otro que estaba en el zaguán del edificio, fumando un cigarrillo que sostenía en la mano izquierda, mientras que la otra la tenía en el bolsillo correspondiente del pantalón. Este individuo, el que bajó por el ascensor, “se unió al que estaba abajo, a quien había estado yo viendo en ese sitio desde que entré a prestar mis servicios como ascensorista, y salió con él.”

     Otro testigo, Daniel Salomón Pérez, mencionó que el día del asesinato se hallaba en el café Gato Negro tomándose un vino tinto y, al salir del café, se cruzó con dos individuos que entraban al café. Uno de ellos despertó su curiosidad por lo nervioso que estaba.

     Jorge Antonio Jiménez Higuera, otro testigo presencial, confirmó la presencia de dos individuos. Según Jiménez Higuera,

A eso de la una y siete minutos … pude observar la presencia de dos individuos en la puerta del edificio Agustín Nieto, abajo del quicio, a cada uno de los dos lados del portón. El individuo que estaba al costado sur, de la calle catorce, le hizo una mención con la cabeza al que estaba en el costado norte o derecho, mención como indicando la salida del doctor Gaitán.

     Jiménez Higuera añadió que el asesino era “un tipo joven, bajo de estatura más bien; ligeramente trigueño pálido”, pero el otro sujeto era “un poco más alto y más delgado que el asesino, de mayor edad que el asesino,” ese fue “el que le hizo la señal al asesino.” Otro testigo, Julio Enrique Santos Forero, describe al segundo individuo como “un hombre alto, no fornido, más bien nervudo.”

     Santos Forero, quien presenció la muerte de Roa, declaró que cuando vio al individuo al que la turba golpeaba por haber asesinado a Gaitán, notó que ése no era el asesino que él había visto disparar, y así se lo hizo saber a sus amigos: “Ése no es, éste es otro.” Según Santos Forero, “este individuo era mucho más bajito del que yo había visto sujeto por la policía.”

     Jorge Padilla también confirmó el hecho de que el presunto asesino y el que él vio en acción eran dos personas distintas. Santos Forero añadió que, cuando oyó los gritos de la turba clamando por matar al asesino, les gritó: “No, este miserable nos sirve bien vivo, no lo matemos, este no es”, porque le parecía que este individuo era totalmente diferente del que él había visto anteriormente sujeto por el policía, el cual era moreno y más alto, y creía que era el verdadero asesino de Gaitán.

     Pascual del Vecchio, otro testigo que logró entrar a la farmacia, pensó lo mismo que Santos Forero. Al ver que dos sujetos extraños entraron a la farmacia y comenzaron a golpear furiosamente en la cabeza al presunto asesino con un objeto contundente, pensó que lo que trataban de hacer era eliminarlo para que no hablara. Por eso se acercó a la multitud y les gritó:

“No lo asesinen, para que confiese y entregarlo a la justicia.” Pero del Vecchio recordó que su amigo Antonio Izquierdo Toledo, gobernador de Cundinamarca y amigo de Gaitán, lo llamó aparte y le dijo: “Pascual no seas loco. Mira que te pueden asesinar. Esos son agentes del complot.”

     Otro testigo que se encontraba presente en la farmacia, Carlos Alberto Jiménez Díaz, observó que el presunto asesino, “Me pareció muy asustado. No protestaba por los golpes que recibía, más bien parecía resignado con su situación, es decir, que aceptaba el hecho que ocasionaba la protesta del público.” Luis Eduardo Ricaurte, otro testigo, confirmó lo anterior, y agregó: “El hombre estaba con la mirada fija, lívido, mudo.”

     Unos días antes del asesinato, Roa Sierra le había contado a su madre y a algunos familiares y amigos, que estaba tratando de obtener un permiso de conducir para trabajar como chofer y guardaespaldas de unos extranjeros, los cuales le habían propuesto hacer un viaje a Los Llanos, para explorar la posibilidad de explotar una mina de oro que había por allí. Esos mismos extranjeros le habían facilitado el dinero para que comprara un revólver,

porque Los Llanos era una región donde había muchas fieras e indios.

     La madre de Roa también reveló que, poco antes de los sucesos, suhijo se había interesado mucho en la organización de los Rosacruces, así como que había estado cónsul-tándose con un palmista alemán.

9. El asesino de Gaitán: ¿Un candidato de la Manchuria?

     Dos cosas esenciales se pueden inferir de las declaraciones de los testigos.  En primer lugar, que por lo menos dos individuos participaron en el asesinato de Gaitán. Uno de ellos, probablemente Roa Sierra, es descrito como de baja estatura, de piel oscura, pobremente vestido, nervioso, lleno de odio y fuera de control. El otro era más alto, delgado, de tez clara, bien vestido, totalmente en control de sus actos, y actuó como un asesino profesional.

     En segundo lugar, que tan sólo unos segundos después de haberse cometidoel asesinato, Roa Sierra, inmediatamente y sin transición, pasó de un estado emocional agitado y violento a uno de depresión e inacción — en un segundo, el individuo se transformó de un tigre enardecido en una mansa paloma. Pero, aunque aparentemente inexplicables, esos cambios de comportamiento tan rápidos y radicales son fáciles de explicar si tenemos la clave: control mental.

     Mi interpretación del asesinato de Gaitán es que Roa Sierra fue un candidato de la Manchuria, un predecesor de Lee Harvey Oswald, Sirhan B. Sirhan, James Earl Ray, Mark David Chapman y John Hinckley, Jr., los chivos expiatorios que, años después, tuvieron una participación similar en los asesinatos del presidente norteamericano John F. Kennedy, su hermano Robert, Martin Luther King, Jr., y John Lennon, así como el que trató de asesinar al presidente Ronald Reagan y puso a George H.W. Bush a unpaso de convertirse en presidente de los EE.UU.

     Fiel al dicho de que quien mucho habla mucho yerra, el propio Fidel Castro expuso años después, tal vez sin quererlo, sus sospechas, o su conocimiento, del uso de un candidato de la Manchuria en el asesinato de Gaitán. Según Castro, La oligarquía mata porque organiza una conspiración para matar a alguien o porque organiza toda una campaña y crea condiciones psicológicas para que alguien mate a una figura política. [énfasis añadido)

     El término “candidato de la Manchuria”, empleado para designar a un asesino que ha sido condicionado hipnóticamente para que cometa un crimen bajo control mental, se comenzó a usar en 1959, cuando el autor Richard Condon lo usó como título de su exitosa novela, que luego fue llevada al cine con Frank Sinatra como personaje principal. Aunque en la novela la persona condicionada hipnóticamente es la que comete el asesinato, en los casos de Roa, Oswald, y Sirhan, todo indica que estos candidatos de la Manchuria desempeñaron el doble papel de señuelos y chivos expiatorios — cabezas de turco —, los cuales atrajeron la atención sobre sí mientras los verdaderos asesinos cometían el crimen. En eso consiste esencialmente mi teoría de Roa Sierra como candidato de la Manchuria.

     La idea de condicionar hipnóticamente a un individuo para que cometa actos criminales que no haría conscientemente no es nueva. Se sabe que en septiembre del 1942, la Oficina de Servicios Especiales (OSS) ya había comenzado a realizar experimentos sobre control mental, en busca de una droga que forzara a los prisioneros bajo interrogatorio, tales como tripulantes capturados de submarinos alemanes, a revelar secretos militares. En mayo de 1943, oficiales de la OSS comenzaron a usar acetato de THC (tetrahidrocannabinol, un derivado de la marihuana) para obtener información de individuos que se negaban a cooperar con la interrogación. Los oficiales de la OSS se referían al acetato de THC simplemente como “TD”, un criptónimo de “droga de la verdad” [truth drug].

     Sin embargo, no fue hasta después que se creó la CIA en 1947, que la Marina norteame-ricana comenzó el proyecto secreto CHATTER, que fue el primer experimento serio para tratar de obtener un suero de la verdad. En 1949 la CIA comenzó un proyecto similar, que denominó BLUEBIRD, en el que participaron algunos científicos nazis que los conspiradores habían logrado traer secretamente de Alemania mediante lo que llamaron operación Paperclip.

     Según la madre de Roa Sierra, en las semanas previas al asesinato, su hijo había visitado en no menos de nueve ocasiones la consulta de Johan Umland Gert, un astrólogo alemán residente en Bogotá. Gert no sólo vaticinó el futuro de Roa basándose en los astros, sino que también le dio dinero. También fue Gert el que primero le habló a Roa de la organización Rosacruz.

     La madre de Roa también dijo que, poco tiempo antes de los sucesos, su hijo había comenzado a comportarse en forma extraña: había dejado su trabajo, se había vuelto pensativo, como si soñara despierto, y a veces se reía él solo sin motivo alguno. Últimamente había comenzado a quejarse de fuertes dolores de cabeza, y de que “sentía la cabeza como si estuviera fritando maíz.”

     Pero es difícil de explicar cómo Roa, quien no tenía trabajo y carecía de fuentes de sustento, obtuviera dinero para pagar las consultas de un astrólogo. Más difícil de explicar aún es que fuese el astrólogo quien le pagara a Roa por sus visitas. Por consiguiente, hay que tratar de hallar una explicación a la relación Gert-Roa desde una perspectiva totalmente diferente.

     Es muy posible que haya sido Gert quien condicionó bajo hipnotismo a Roa para que cometiera el crimen (o actuara como si hubiese cometido el crimen), o que colaboró con un psiquiatra de la CIA en el proceso. No hay que olvidar que Umland Gert era alemán y que, a través de la operación Paperclip, la CIA había traído a los Estados Unidos a muchos científicos nazis, incluso muchos de los que habían estado trabajando en experimentos secretos de control mental en la Alemania nazi.

     De hecho, la madre de Roa Sierra halló que las visitas a la consulta de Umland habían afectado enormemente el comportamiento de su hijo. Al parecer, Umland había sugestio-nado a su hijo para que creyera que era la reencarnación de Gonzalo Jiménez de Quesada, el fundador de la ciudad de Bogotá. Esto la preocupó tanto que visitó a Umland para quejarse, pero el alemán le hizo tan buena impresión que descartó la posibilidad de que Umland tratara de hacerle daño a su hijo. La última visita de Roa a la consulta de Umland fue el 7 de abril, dos días antes del asesinato de Gaitán.

     William Turner, un autor que analizó el asesinato de Robert Kennedy, mencionó la posibilidad de que su supuesto asesino haya sido un candidato de la Manchuria que actuó programado bajo sugestión hipnótica. Turner estudió en detalle los síntomas del condiciona-miento hipnótico. Según Turner, los síntomas principales son, un cambio dramático de la personalidad del individuo y un estado de concentración total en el momento de cometer el

asesinato, que se manifiesta principalmente en los ojos del sujeto.

     Luego, tan sólo un momento después de cometido el crimen, el sujeto manifiesta síntomas de abandonar el estado hipnótico: el individuo se muestra desorientado, sin tener una idea clara de lo que acaba de suceder. Este estado es el resultado de barreras amnésicas post hipnóticas implantadas en la mente del sujeto por el hipnotizador. Si nos atenemos a las declaraciones de los testigos presenciales, Roa evidenció todos los síntomas de condicionamiento hipnótico mencionados por Turner.

     Otro detalle interesante es que en Mind Control: America’s Secret War, la primera parte del DVD número 2 de Inside the CIA: Secrets Revealed, un documental producido por el History Channel, un tío de Sirhan B. Sirhan, el presunto asesino de Robert Kennedy, menciona que, en los meses previos al asesinato, su sobrino se había hecho miembro de los Rosacruces. Esto puede ser tan sólo una coincidencia — o tal vez no.

     En abril del 1943, el Dr. Albert Hofman, un científico que trabajaba para los laboratorios Sandoz, en Suiza, descubrió por casualidad las propiedades psicodélicas del LSD, una substancia que él mismo había logrado sintetizar cinco años antes. Sin saberlo, Hofman había abierto las puertas al control mental por medio de sustancias químicas. Ahora se sabe que, al mismo tiempo que Hofman realizaba sus experi mentos en Suiza, varios científicos de la OSS, entre ellos el Dr. Winfred Overholser, director del St. Elizabeth’s Hospital en Washington, D.C., realizaba experimentos similares usando cannabis indica, una droga popularmente conocida como marihuana. Al mismo tiempo, médicos nazis al servicio de la Gestapo estaban realizando experimentos similares de control mental usando como conejillos de India a prisioneros del campo de concentración de Dachau.

     Al crearse la CIA en 1947, los experimentos de control mental de la OSS continuaron, y fueron oficializados en abril de 1950 por el director de la CIA, Almirante Roscoe Hillenkoetter, cuando éste aprobó una nuevo proyecto secreto llamado BLUEBIRD. Pocos años después BLUEBIRD fue rebautizado como ARTICHOKE y, en abril de 1953, con la creación de MK-ULTRA, un proyecto super secreto dedicado al estudio de la guerra psicológica, ARTICHOKE pasó a formar parte de éste.

     La persona designada para dirigir MK-ULTRA fue el Dr. Sidney Gottlieb, quien luego ganó cierta notoriedad cuando se supo que había sido la persona que produjo el veneno para asesinar al líder africano Patricio Lumumba. El proyecto MK-ULTRA tenía una perspectiva mucho más amplia y, aunque mantenía su énfasis en el estudio de las vías de lograr control

mental de los sujetos sometidos a experimento, no se limitaba a dogas psicodélicas. Los experimentos de MK-ULTRA incluían hipnosis, lobotomía, electroshock, privación sensorial, uso de drogas y abuso sexual.

     Todo indica que Roa Sierra no sólo fue un candidato de la Manchuria sino también un cabeza de turco —el chivo expiatorio cuyo papel consistía en cargar con la culpa del asesinato de Gaitán. Lo más probable es que quien llevó a cabo el asesinato haya sido un asesino profesional al servicio de la CIA, cuya arma estaba provista de un silenciador — lo que explica el misterio del sonido apagado de los disparos iniciales que causaron la muerte de Gaitán.

     Como en el caso del asesinato de Lee Harvey Oswald, el presunto asesino del presidente Kennedy, el asesinato de Roa fue parte de un plan para evitar que las autoridades pudieran interrogar al presunto asesino de Gaitán. Si Roa hizo alguno de los disparos, lo cual es discutible, lo más probable es que haya sido el último, cuando el cuerpo de Gaitán yacía boca abajo en el suelo.

     Es un dicho común entre los militares que la primera vez es una casualidad, la segunda una coincidencia y la tercera una acción del enemigo. Pero en el campo de la inteligencia y el espionaje no existen las casualidades. Los oficiales de inteligencia, y en especial los de contrainteligencia, no dan cabida a las casualidades o las coincidencias. Para ellos, todas las coincidencias y las casualidades son potencialmente engañosas, y son vistas como acción del enemigo.

     Por ejemplo, el hecho de que Castro y del Pino tuviesen programada una entrevista con Gaitán para celebrarla tan sólo pocas horas después de que ocurrió el asesinato, podría ser tan sólo una coincidencia. Sin embargo, hay que tener en cuenta una serie de hechos.

     En primer lugar, que Castro había sido reclutado por la CIA unas semanas antes. En segundo lugar, que en los días previos al Bogotazo Castro se hizo notar llamando la atención de las autoridades al actuar como un obvio agente provocador.

     En tercer lugar, que en los días previos al asesinato Castro y del Pino habían sido vistos en compañía del presunto asesino. En cuarto lugar, que al parecer Castro y del Pino fueron quienes le dieron a Roa la idea de comprar un arma de fuego y le suministraron el dinero para comprarla. Finalmente, el hecho de que Castro y del Pino hayan estado tan cerca de la

escena cuando ocurrió el crimen, haría que hasta el más ingenuo oficial de inteligencia sospechara que habían tenido que ver con el asesinato.

     Es imposible saber con certeza qué papel desempeñó Fidel Castro con su presencia tan cerca del lugar donde se llevó a cabo el asesinato de Gaitán. Según un informe secreto de la Embajada de los EE.UU., Fidel Castro había actuado como vigilante o apuntador [watcher or finger-man] de los asesinos de Manolo Castro. Es posible que esa haya sido una de las tareas que le encomendaron sus controladores en la CIA en el asesinato de Gaitán.

     Sin embargo, conociendo la naturaleza psicopática de Castro152 y su afición al magnicidio, me inclino a creer que, en violación de sus órdenes, lo hizo tan sólo para disfrutar del espectáculo. Con el asesinato de Gaitán los conspiradores del CFR mataron varios pájaros de un sólo tiro. En primer lugar, se deshicieron de un líder nacionalista y un enemigo potencial que temían. Gaitán había tenido un papel importante después de la “masacre de las bananeras”, en la región de Magdalena, ocurrida cuando algunos trabajadores de la United Fruit se declararon en huelga en 1928 y finalmente fueron masacrados por tropas del ejército.

     Gaitán asumió la defensa de los trabajadores y acusó al gobierno de ser un títere de los capitalistas norteamericanos, y eso le dio fama nacional. Obviamente, su intervención en los sucesos le ganó la enemistad de algunos miembros importantes del Consejo de Relaciones Exteriores que tenían estrechos lazos con la United Fruit, entre ellos David y Nelson Rockefeller, así como Allen y John Foster Dulles.

     En un informe fechado el 16 de marzo de 1946, John C. Wiley, embajador de los EE.UU. en Colombia, le comentó al Departamento de Estado que, en relación a Gaitán, en la Embajada, “Vemos sus triunfos políticos con considerable aprehensión. Quienes lo conocen aseguran que él no quiere a los Estados Unidos”.

     En segundo lugar, si Gaitán hubiese llegado a ser presidente de Colombia les habría creado innumerables dolores de cabeza a los conspiradores del CFR. Amparo Jaramillo, la viuda de Gaitán, cuenta que, al enterarse del asesinato, fue hasta la oficina de su esposo para tratar de salvar unos documentos sobre el papel del presidente Ospina Pérez y la Shell en relación con la explotación del petróleo de Colombia, que Gaitán pensaba exponer al pueblo, pero halló que la oficina había sido saqueada.

     Por tanto, los conspiradores usaron el asesinato de Gaitán para incitar a las masas a que se sumaran a unos disturbios que habían preparado con anticipación. Finalmente, al culpar a los comunistas locales y, por extensión, a la Unión Soviética, crearon un excelente pretexto ideológico para forzar a los países latinoamericanos a que crearan la OEA, un instrumento de dominio imperial, y para justificar el comienzo de la Guerra Fría que tan cuidadosamente habían planeado.

     Sin embargo, no voy a cometer el error de los izquierdistas de culpar a la CIA e insinuar que la KGB y los comunistas locales fueron espectadores inocentes de los sucesos. No podemos ignorar que los comunistas soviéticos también tienen su larga lista de trucos sucios llevados a cabo en contra de los pueblos del mundo y del propio pueblo ruso.

     Tampoco descarto la posibilidad de que los comunistas tuviesen sus propios planes de hostigar la Conferencia. Pero todo indica que el asesinato de Gaitán y la magnitud de los disturbios los tomó por sorpresa. Esto se evidenció en el estado de confusión mostrado por los comunistas colombianos, así como su inhabilidad de obtener ventajas políticas con el Bogotazo.

     Un informe secreto producido por la División de Inteligencia del Estado Mayor norteamericano, fechado el 13 de mayo de 1948, llegó a conclusiones similares. Según el informe,

Existe abundante evidencia de que los comunistas habían concebido varios métodos de interferir con el desarrollo de la Conferencia, incluyendo demostraciones de masas, una huelga general, incitar a un grupo de estudiantes, y posibles sabotajes. No obstante, aunque no hay duda de que estaban bien preparados para sacarle ventaja la situación, y así lo hicieron, no parece posible que hubieran logrado incitar más que desórdenes menores (los cuales probablemente hubieran sido controlados por la policía) de no haber sido por la espontánea reacción de las turbas de Bogotá como resultado del asesinato [de Gaitán].

     De modo que todo indica que, al menos en esta operación, los conspiradores del CFR fueron mucho más eficientes que la KGB. En su entrevista con Fidel Castro, Arturo Alape le preguntó: “Comandante, ¿por qué cree usted que mataron a Gaitán? La larga respuesta de Castro es altamente reveladora, por lo que voy a citarla en detalle:

Imagínate, yo no puedo hacer una afirmación categórica. A Gaitán pudo haberlo matado la CIA, por ejemplo, el imperialismo pudo haber matado a Gaitán como exponente de un movimiento progresista. … A Gaitán pudo matarlo un fanático, es posible. … Te repito, a Gaitán lo podían matar como resultado de un plan imperialista, de un plan oligárquico, o

podía ser el resultado de la acción individual de un fanático. … Yo no tengo elementos de juicio para decirte que fue la CIA o el imperialismo quien lo mató, aunque conociendo toda la actividad y toda la política de la CIA y el imperialismo, un líder popular como Gaitán pudo haber sido asesinado por la CIA. …

     La respuesta de Castro, en la que menciona varias veces la posibilidad de que la CIA haya tenido participación en el asesinato de Gaitán, pudiera erróneamente interpretarse como evidencia de que Castro no tuvo participación en el asesinato. Sin embargo, es bueno recordar que uno de los usos que los conspiradores le han adjudicado a la CIA es la de chivo expiatorio: cargar con la culpa de los crímenes cometidos por sus amos ocultos.

     Lo más notable de lo que Castro dice acerca de la CIA, es que muestra a la Agencia como una entidad autónoma o como una dependencia de un abstracto “imperialismo norteame-ricano”. Pero no menciona que la CIA es una creación de los magnates petroleros y los banqueros de Wall Street y que, al igual que él mismo, siempre ha trabajado para éstos.