domingo, 27 de agosto de 2017

EL BOGOTAZO LIMPIO-3ERA. PARTE-EL BOGOTAZO-TEMAS 1- 2- 3



TERCERA PARTE:
EL BOGOTAZO
Lo hicieron los comunistas. Gen. G. Marshall
     La mayoría de los colombianos que han estudiado el Bogotazo consideran que los trágicos sucesos fueron tan sólo una explosión de violencia producto de la política nacional. Pero, tal como demostraré más adelante, esa opinión no se corresponde con los hechos. Por el contrario, todo indica que el Bogotazo fue una operación de guerra psicológica de bandera falsa que no tuvo nada que ver con la política interna de Colombia. Prueba de ello es que un informe secreto sobre los disturbios, hecho por el Attaché de la Oficina de Inteligencia Naval de los EE.UU., Coronel W.F. Hausman, menciona que inicialmente los disturbios habían sido planeados para que estallaran durante la Conferencia Panamericana
que había tenido lugar en Rio de Janeiro en 1947. Pero la policía brasileña hizo un buen trabajo y eficientemente dispersó a los revoltosos antes de que los disturbios llegaran a generalizarse.
     En realidad, el Bogotazo fue el suceso que inició en el hemisferio occidental una operación de guerra psicológica de enormes proporciones: la llamada Guerra Fría.
1. Los agentes provocadores
     Tal como expliqué en el capítulo anterior, Fidel Castro fue reclutado por la CIA a comienzos de 1948 y enviado a Colombia como agente provocador para participar en el Bogotazo y en el asesinato de Gaitán. Su objetivo era plantar pistas falsas que inculparan a los comunistas por ambos hechos.
     Camino a Colombia, Castro y su amigo Rafael del Pino Siero hicieron una breve escala en Panamá, donde fueron presentados al Presidente Enrique Pérez Jiménez. Fiel a su papel de agente provocador, del Pino aprovechó la ocasión para pronunciar un discurso virulentamente antinorteamericano. Pero quienes escucharon su apasionada arenga anti norteamericana ignoraban que, pocos meses antes, del Pino había sido licenciado honorablemente de las fuerzas armadas norteamericanas. Más aún, su presencia en casa de Mario Lazo cuando Castro fue reclutado indica que del Pino aún mantenía relaciones con miembros de los servicios de inteligencia norteamericanos.
     Pocos días después, los recién reclutados agentes provocadores se trasladaron de Panamá a Venezuela, donde repitieron su actuación cuando se reunieron con un grupo de estudiantes universitarios. Luego se entrevistaron con el ex presidente Rómulo Betancourt, quien había sido designado para encabezar la delegación de Venezuela ante la Conferencia de Bogotá.
     Debido a su posición nacionalista y antiimperialista, y al hecho de que cuando joven había sido líder del Partido Comunista venezolano, los conspiradores del CFR consideraban a Betancourt problemático y por eso lo acusaban de comunista.
     Es evidente que el verdadero propósito de las actividades de Castro y del Pino en Panamá y Venezuela habían sido planeadas con anterioridad por los conspiradores del CFR para solidificar la falsa cubierta de los agentes provocadores como agentes del comunismo internacional. De Venezuela, ambos agentes provocadores se dirigieron a Colombia.
     Desde el momento en que Castro y del Pino arribaron al aeropuerto de Medellín, la Oficina de Seguridad Nacional colombiana los mantuvo bajo una estrecha vigilancia. 
Alberto Niño, en esos momentos Jefe de Seguridad de Colombia, luego escribió que había sido informado de que los cubanos habían reemplazado dos agentes de inteligencia soviéticos estacionados en Cuba. Pero, como veremos más abajo, al parecer Niño era uno de los que creía que ser anticomunista le ganaba puntos con los señores del norte.
     Continuando su misión de agentes provocadores, en los días previos al Bogotazo, Castro y del Pino abiertamente distribuyeron propaganda comunista en varios lugares de la ciudad. También colocaron convenientemente a la vista en su habitación del hotel Claridge literatura comunista para que luego fuera hallada por las autoridades.
     El día antes de que estallaran los disturbios, Castro y del Pino asistieron a una reunión con representantes de la Unión Sindical Obrera Colombiana donde, entre otras cosas, Castro disertó sobre las técnicas del golpe de estado. Sin embargo, hasta la propia Claudia Furiati, una autora brasileña procastrista, ha tenido que reconocer que el tono fuertemente izquierdista usado por Castro en su disertación, “se parecía al que solían emplear los provocadores.”
     Testigos presenciales afirmaron que, a eso de las 4:00 p.m., pocas horas después de que Gaitán había sido asesinado, vieron una turba callejera, con Fidel Castro al frente, gritando “A Palacio” [refiriéndose al Palacio presidencial]. Según esos testigos, Castro empuñaba un fusil, y se jactó de haber matado a dos curas.
    
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 En un esfuerzo por añadir credibilidad a la acusación de que Castro era un agente soviético, William D. Pawley, embajador norteamericano en Brasil y delegado a la Conferencia, luego declaró ante una investigación del Senado norteamericano que, cuando se dirigía a la embajada norteamericana en un auto oficial el día que comenzaron los disturbios, oyó en la radio a alguien que decía:

Les habla Fidel Castro, de Cuba. Esta es una revolución comunista. El Presidente ha muerto. Todos los establecimientos militares están en nuestras manos. La Marina ha capitulado y la revolución ha triunfado.

     Algunos autores han interpretado la declaración de Pawley como prueba definitiva de que ya en esa época Castro era un comunista activo al servicio de los intereses del Kremlin. Pero la evidencia apunta a lo contrario. En primer lugar, porque, según lo afirmado por Ramón Conte, Pawley asistió a la reunión secreta en la residencia de Mario Lazo donde Castro fue reclutado por la CIA. En segundo lugar, porque años más tarde Pawley tuvo un papel importante en 1958 como enviado personal del presidente Eisenhower en un intento de convencer a Batista de que abandonara el país voluntariamente y dejara el camino expedito para que Castro tomara el poder en Cuba. Por consiguiente, la veracidad de la declaración de Pawley es cuestionable.

     El uso de agentes provocadores para incitar a gente rebelde e inmadura a cometer acciones terroristas, o hasta simularlas, no es ajeno a las técnicas de los conspiradores del CFR que controlan el gobierno norteamericano.

     En un libro publicado en el 2001, James Bamford menciona la Operación Northwoods, nombre clave de una operación de bandera falsa que incluiría sabotajes, provocaciones y asesinatos de ciudadanos norteamericanos.

     El plan, atribuido al agente del CFR Comandante Lyman Lemnitzer, se describe con lujo de detalles en un documento secreto del Estado Mayor Conjunto, luego desclasificado, fechado en 1961. El documento detalla un plan de las fuerzas armadas norteamericanas para crear encubiertamente varios pretextos que justificarían una invasión de Cuba. El plan incluía el asesinato de varios cubanos anticastristas en los EE.UU., un falso ataque por tropas cubanas a la base de Guantánamo, y el hundimiento de un buque norteamericano en aguas cercanas a Cuba para crear un incidente tipo “recuerden el Maine.”

     Bamford considera que la Operación Northwoods es tal vez el plan más corrupto que haya sido concebido por el gobierno norteamericano, pero no hay que olvidar que él escribió su libro antes de la funesta operación de bandera falsa del 11 de septiembre del 2001. No obstante, no cabe duda de que los militares que concibieron ese documento12 conscientemente deshonraron sus uniformes, su rama militar, y su país.

     Sin embargo, las actividades de los agentes del CFR en la creación de operaciones de bandera falsa aún continúan. Hace unos años el Secretario de Defensa Donald Rumsfeld (CFR), mencionó un plan de los conspiradores para la creación de una organización llamada Grupo de Operaciones Preventivas y Proactivas (Proactive, Preemptive Operations Group, P2OG). El propósito principal del P2OG es darles un empujón final a terroristas temerosos o indecisos para que cometan actos de terrorismo que justifiquen una reacción del gobierno, aún si estas acciones terroristas le cuestan la vida a ciudadanos norteamericanos.

2. La creación de pistas falsas

     Desde su arribo a Bogotá, Castro y del Pino dedicaron gran parte de su tiempo a plantar pistas falsas en un esfuerzo por involucrar a la Unión Soviética y a los comunistas colombianos en el asesinato de Gaitán y los disturbios del Bogotazo.

     Prueba de esto es un informe confidencial del detective número 6 de la policía colombiana, reproducido en El Gráfico de Caracas el 22 de septiembre de 1949. El informe, originalmente publicado en el diario El Siglo de Bogotá, se refiere a los resultados de la vigilancia mantenida sobre Castro y del Pino en los días previos y durante el Bogotazo.

     Según el informe del detective número 6,

Fui comisionado por el Dr. Iván Arévalo, Jefe de Detectives de la Policía Nacional, para custodiar al Presidente de la República, Dr. Mariano Ospina Pérez y a su esposa durante la función que ambos iban a asistir en el Teatro Colón la noche del 3 de abril. Alrededor de la 10:00 p.m., poco después de comenzar el tercer acto de la obra que presenciaban, una lluvia de hojas sueltas cayó de la galería. Las hojas sueltas habían sido impresas en La Habana [especuló el Detective No. 6]; carecían del sello municipal de impuestos de Bogotá; el texto era definitivamente revolucionario en fraseología y contrario a los principios democráticos de nuestro país, Inglaterra y los Estados Unidos.

Conjuntamente con otros dos detectives, [el detective No. 6] se dirigió a la galería, donde capturó a dos cubanos en el acto de hacer llover hojas sueltas de propaganda revolucionaria sobre los palcos y el foso de la orquesta del teatro Colón. El detective no. 6 detuvo a Fidel Castro y del Pino y los condujo a su alojamiento — la habitación no. 33 del Hotel Claridge. Una vez allí, los dos cubanos, voluntariamente [énfasis añadido], le mostraron a los detectives varios documentos, algunos importantes. Entre ellos había una

carta de Rómulo Betancourt recomendando a ambos, así como varios libros comunistas o izquierdistas [énfasis añadido], incluso uno de Betancourt, “con el cual éstos [Castro y del Pino] afirmaron tener relaciones de amistad y afinidad política.”

     De acuerdo con el informe, los detectives solicitaron autorización escrita de sus superiores para ocupar los pasaportes de Castro y del Pino y conducir a los detenidos al Buró de Detectives de la Policía Nacional para continuar interrogándolos sobre sus actividades comunistas. Pero, extrañamente, la autorización fue denegada.15 Al parecer, algunas personas importantes en Colombia necesitaban que Castro y del Pino continuaran su trabajo de agentes provocadores sin ser interrumpidos.

     El mismo día que Gaitán fue asesinado a la 1:30 p.m., Castro y del Pino se encontraban en un café frente al edificio donde se hallaba la oficina de Gaitán. Según ellos, estaban esperando para acudir a una entrevista con Gaitán que había de efectuarse a las 3:00 p.m. Castro y Gaitán ya se habíanentrevistado unos días antes. La fecha y la hora de la entrevista aparece registrada en el diario de Gaitán. Según el periodista Jules Dubois, la entrevista se iba a realizar en las oficinas del periódico El Tiempo.

3. El viaje a Colombia según la versión de Castro

     En varias ocasiones, Fidel Castro ha ofrecido diferentes versiones sobre su participación en el Bogotazo. Aunque algunas de éstas difieren considerablemente entre sí, he decidido analizar la que le contó al periodista colombiano Arturo Alape, no porque sea la más coherente —como veremos, el pensamiento de Fidel Castro se caracteriza por su incoherencia— sino porque es la más larga. Esto no quiere decir que sea la más completa o la que más se ajusta a la verdad histórica, porque, a pesar de su extraordinaria memoria fotográfica, Castro convenientemente olvidó mencionar algunos aspectos importantes de su participación en los hechos y su versión de los mismos es bastante distorsionada.

     En la introducción a la entrevista, Alape manifiesta su convicción de que su interés por entrevistar a Fidel Castro sobre su participación en los sucesos del Bogotazo se debió a su convicción de que “la versión, la definitiva y verdadera, sólo podía salir de boca del protagonista.” Esta afirmación, increíble en boca de un periodista que se respete, indica que al parecer Alape ignora los más elementales principios de su profesión.

     La labor del periodista no se reduce a regurgitar lo que los políticos le soplen al oído, sino publicarlo como una versión más de los hechos y, si es posible, acompañado de un análisis personal basado en información proveniente de otras fuentes, preferiblemente antagónicas. Además, no hay que olvidar que, a la lista de preguntas que todo aspirante a periodista aprende el primer día de clases: ¿qué?, ¿quién?, ¿cuándo?, ¿dónde? y ¿cómo?, un verdadero periodista tiene que terminar añadiendo la más importante, ¿por qué?, y hacer su propio análisis del caso a fin de tratar de desentrañar algo que el entrevistado posiblemente no mencionará o sobre lo que dará una versión prejuiciada. Y eso es algo que brilla por su ausencia en la entrevista de Alape.

     Aún más, su idea de que la versión definitiva de los hechos sólo puede salir de boca del protagonista indica que Alape ignora no sólo que, por definición, todos los políticos son mentirosos, sino que desde una temprana edad Fidel Castro siempre ha sido un mentiroso profesional.

     A pesar de sus constantes alusiones a su veracidad, la evidencia indica que Fidel Castro es un mentiroso convincente y consumado. A través de los años, Castro ha demostrado ser un verdadero maestro en decir una cosa mientras tiene en mente otra diametralmente diferente.

     Tan sólo un somero análisis de los discursos de Castro muestra decenas de veces en las que a posteriori ha admitido que mintió. Un autor que hizo este análisis de sus discursos señaló que “el dictador cubano es un mentiroso que luego confiesa la verdad — retroactivamente.” El hecho explica el por qué Mario Lazo —quien, como veremos más abajo, conocía bastante bien a Castro — lo llamó “el gran mentiroso.”

     Ahora pasaré a analizar en detalle la versión “definitiva y verdadera” del Bogotazo tal como salió de la boca de uno de los protagonistas, cuyo papel en los sucesos fue mucho más importante de lo que él mismo y sus admiradores nos tratan de hacer creer.

     Al inicio de la entrevista, al ver cómo su entrevistado comienza “a desmontar la historia como si hubiera sucedido el día anterior”, Alape se asombra de “la maravillosa máquina que es la memoria de Fidel.” Pero Alape ignora que esa memoria prodigiosa es propensa a olvidar selectivamente hechos clave que Castro prefiere no recordar. Por ejemplo, en otras entrevistas, Castro ha afirmado que fue a Bogotá actuando como Presidente de la Federación de Estudiantes Universitarios (FEU), para representar su organización en la Conferencia de jóvenes universitarios que iba a tener lugar en esa ciudad. Pero, como veremos a continuación, esa versión está en desacuerdo con la verdad.

     Según el propio Castro, “yo era presidente de la Escuela de Derecho, era alumno oficial de la universidad.” Y, como para que no quepa la menor duda, en ese mismo párrafo vuelve a repetirlo: “Yo era presidente de la Facultad de Derecho.” No obstante, en el párrafo siguiente, Castro ofrece una versión algo diferente de la anterior. Según él, en la Escuela de Derecho,

Había un litigio, puesto que los que controlaban la mayoría de la Universidad, asociados al gobierno de [el Presidente de Cuba] Grau, tenían interés en el control. En la Escuela mía, que era la de Derecho, la mayoría de los delegados había destituido al presidente, que estaba muy asociado al Gobierno, y me habían elegido a mí. De manera que yo era vicepresidente de la Escuela y además fui elegido en ese momento presidente de la Escuela.

     Sin embargo, en la próxima página Castro añade cierta información que desmiente su afirmación categórica anterior de que él era el Presidente de la FEU en la Escuela de Derecho. Según su propia confesión, debido a haberse involucrado en una expedición militar que planeaba derrocar al Presidente de la República Dominicana, Rafael Trujillo,

Yo perdí mi época de exámenes. Me vi en una situación en la que tenía que renunciar a mis derechos políticos oficiales en la Universidad o matricularmeotra vez en el tercer año, si quería ser siendo dirigente oficial.

     A continuación, Castro explica la causa por la que, debido a esa situación, “en ese momento yo era estudiante por la libre y no tenía derechos políticos, pero tenía una gran ascendencia entre los estudiantes universitarios.” En típico estilo fidelomentiroso —Castro siempre ha sustentado la firme convicción de que las palabras (sobre todo las suyas) tienen más valor que los hechos: verba non facta— Castro, de la misma forma que explicó que aunque no era comunista, en realidad era comunista, ahora trata de convencer a su crédulo interlocutor de que, a pesar de que por ley no podía ser, y por tanto no era, presidente, de la FEU en la Escuela de Derecho, en realidad lo era de facto porque “tenía una gran ascendencia entre los estudiantes universitarios.”

     Pero el hecho de que Castro tuviese una gran ascendencia entre sus compañeros de aulas, lo cual no tenemos forma de corroborar más allá de sus palabras, no desmiente el hecho de que, como él mismo confiesa, debido a que no era alumno oficial en ese momento no podía haber sido elegido legalmente Presidente de la asociación de estudiantes.

     De modo que hay que llegar a la conclusión de que lo que Castro siempre ha alegado, que el motivo de su visita a Colombia en 1948 fue para representar la FEU como Presidente de la Escuela de Derecho en la Conferencia de estudiantes que iba a tener lugar en Bogotá, es simplemente una mentira. Los hechos indican que Castro viajó a Colombia como un impostor, haciéndose pasar por alguien que no era.

     En realidad, para encubrir su verdadera misión, Castro ilegalmente se nombró a sí mismo Presidente de la Escuela de Derecho y viajó a Colombia sin la autorización de la FEU. El mismo Castro lo confiesa más adelante en la entrevista:

Yo me arrogaba [énfasis añadido] la representación de los estudiantes cubanos, aunque tenía conflictos con la dirección de la FEU, … Es decir, yo no llevaba la representación oficial de la gran mayoría de [los] estudiantes, queme seguían considerando a mí como dirigente, a pesar de que yo no me habíamatriculado oficialmente y no podía ser cuadro oficial de la FEU.

     Al enterarse de que el loco Fidel29 se había auto titulado ilegalmente Presidente de la Escuela de Derecho para asistir a un evento en Colombia, la reacción de los dirigentes oficiales de FEU ante el impostor no se hizo esperar. Según el propio Castro le confiesa a Alape,

Ocurre una situación: yo estaba de organizador del Congreso y en todas partes aceptaron el papel que desempeñaba,30 pero entonces los dirigentes de la FEU en Cuba, cuando ven que el Congreso es una realidad, quieren participar oficialmente y mandan entonces una representación en la cual incluyeron al que era secretario de la organización: Alfredo Guevara y al Presidente de la FEU.

     Según sus propias palabras, tal parece que la reunión fue bastante acalorada, y Castro termina diciendo que “prácticamente de una manera unánime los estudiante me apoyaron” y por eso continuó en el papel que él mismo se había asignado en la Conferencia estudiantil. Pero, una vez más, no hay forma de corroborar sus palabras, y hay que confiar en su selectiva memoria fotográfica.

     En otra parte de su entrevista con Alape, Castro explica de quién fue la idea de realizar una reunión de estudiantes en Bogotá que coincidiera con la celebración de la Novena Conferencia. Según Castro,

Por esos días, yo concibo la idea, frente a la reunión de la OEA en el año de 1948,33 reunión promovida por los Estados Unidos para consolidar su sistema de dominio aquí en América Latina, de que simultáneamente con la reunión de la OEA y en el mismo lugar, tuviésemos una reunión de estudiantes latinoamericanos, detrás de esos principios antiimperialistas,

… La idea de la organización del Congreso fue mía. ... Así concibo el viaje de esta forma: primero visitar Venezuela, donde se acababa de producir una revolución y había una actitud de los estudiantes muy revolucionaria; después visitar Panamá y después visitar Colombia.

     Sin embargo, después de saber que varias semanas antes Fidel Castro había sido reclutado por la CIA, y que la CIA no es sino un instrumento al servicio de los intereses de los magnates petroleros, los banqueros de Wall Street y los altos ejecutivos de las corporaciones transnacionales, no es festinado suponer que la idea de la reunión de estudiantes partió de los mismos que planearon el Bogotazo: los conspiradores del Consejo de Relaciones Exteriores.

     El joven estudiante Manuel Galich había viajado a Colombia como representante de los estudiantes universitarios guatemaltecos para asistir a la conferencia que habían organizado los cubanos. Pero, a su llegada a Colombia, “encontramos que únicamente habían venido los promotores de la reunión, que eran los cubanos de la Federación Estudiantil Universitaria, FEU.”35 Y añadió que, “La reunión se hizo en los locales de la CTC, que era un cuartito chiquito, pobrecito, todo destartalado.”36 O sea, que a la reunión tan sólo asistieron cuatro gatos.

     Lo anterior es una prueba más de que la reunión de estudiantes latinoamericanos no pasó de ser una farsa; un pretexto para justificar la presencia de Castro en Colombia y encubrir su papel real como agente provocador al servicio de los conspiradores del CFR.

4. El papel de Perón

     En su entrevista con Alape, Castro trata de explicar algo bien difícil: el motivo por el que el pro fascista y anticomunista presidente-dictador de Argentina, Juan Domingo Perón, le suministró los fondos para viajar a Colombia y otros países.37 Según la versión de Castro,

Por aquella época existían ya las contradicciones fuertes entre Perón y los Estados Unidos. Nosotros [Castro usa el plural retórico de los reyes cuando se refiere a sí mismo] estamos pues en este movimiento que se circunscribe a los siguientes puntos: la democracia en Santo Domingo, la lucha contra Trujillo, la independencia de Puerto Rico, la devolución del

canal de Panamá, la desaparición de las colonias que subsistían en América Latina.

Eran los cuatro puntos fundamentales, y esto nos [me] llevó a establecer ciertos contactos, digamos tácticos, con los peronistas, que también estaban interesados en su lucha por algunas de estas cuestiones, porque ellos también estaban reclamando las Islas Malvinas, que eran unacolonia inglesa.

Por aquella época los peronistas realizaban actividades, enviabandelegaciones a distintos países, se reunían con estudiantes, distribuían sumaterial; de esa coincidencia entre los peronistas y nosotros [yo] surgióun acercamiento táctico con ellos.

     Algunos autores han tratado de explicar el contacto inicial entre Castro y los peronistas alegando que, por una de esas coincidencias de la vida (coincidencia no es un término científico), a mediados de marzo de 1948 se hallaban de visita en Cuba varios delegados argentinos a la Reunión de Empleo y Comercio de las Naciones Unidas, que se iba a celebrar en La Habana. Esos fueron quienes les proporcionaron a Castro los fondos necesarios para el viaje a Colombia.

     Pero las contradicciones entre Perón y los conspiradores que controlan el gobierno de los Estado Unidos no pasan de ser una entelequia producto de la imaginación de Fidel Castro o de quienes lo enviaron a Bogotá. Por el contrario, en esos momentos Perón era uno de los aliados más valiosos de los mismos intereses que reclutaron a Castro para su misión secreta en Colombia.

     Aunque Perón en esos momentos había asumido una aparente postura anti norteamericana, existe evidencia circunstancial que indica que en realidad era un aliado secreto de los banqueros de Wall Street y amigo personal de Allen Dulles. Como abogado de Wall Street, Dulles representó los negocios de muchos intereses corporativos y políticos en Argentina, en particular de los Rockefellers, antes y después de la guerra.

     Al finalizar la guerra, los hermanos Nelson y David Rockefeller (CFR), con la ayuda de su agente Allen Dulles (CFR) y la colaboración del Vaticano y su fiel amigo Perón, facilitaron que muchos oficiales nazis escaparan a distintos países de América Latina y los EE.UU. vía Argentina. Entre estos criminales de guerra nazis estaban Adolf Eichmann, Josef Mengele, el oficial de la Gestapo Klaus Barbie (el carnicero de Lyon), y otros menos conocidos como Alfons Sassen, Friedrich Schwend, Wimm Sassen y Walter Rauff. Dulles y el jefe de la OSS, general William Donovan (CFR), tuvieron un papel importante en el reclutamiento de exoficiales nazis para trabajar con la CIA — el más notorio fue Reinhard Gehlen — y, mediante la Operación Paperclip, repatriaron en los EE.UU. a muchos científicos nazis, entre ellos Werner Von Braun.

     La operación secreta para ayudar a altos oficiales nazis a que escaparan de la justicia y se refugiaran en América del Sur fue coordinada eficientemente por Allen Dulles desde su oficina de la OSS en Berna, Suiza. Esta operación comenzó antes de terminarse la guerra y continuó por muchos meses después.

     Entre los notorios criminales de guerra pronazis que se refugiaron en Argentina estaba Ante Pavelic, jefe del movimiento fascista de Croacia durante la Segunda Guerra Mundial. Después del fin de la guerra, Pavelic reemergió en Argentina, y poco después Perón lo nombró su “asesor de seguridad.”

     Otro importante ex nazi que halló refugio en la Argentina fue el coronel de las SS Otto Skorzeny, el comando favorito de Hitler. Skorzeny ganó fama internacional con la exitosa operación que dirigió para rescatar a Mussolini. Se sabe que a fines de 1948 Skorzeny se mudó permanentemente a la Argentina, donde comenzó a trabajar directamente para Perón.

     Un personaje importante en la cooperación Perón-Vaticano para repatriar criminales de guerra nazis a América fue Licio Gelli, un financiero fascista italiano que desde muy temprano mantuvo estrechas relaciones con la CIA. Este es el mismo Gelli que en los 70, siguiendo órdenes de la CIA, organizó y facilitó los fondos para la creación de las Brigadas Rojas. Ese fue el mismo grupo terrorista que luego, siguiendo órdenes del agente del CFR Henry Kissinger, asesinó al primer ministro italiano Aldo Moro. En 1947 Gelli tuvo que huir de Italia para escapar de la justicia. Como es de esperarse, viajó a la Argentina, donde su amigo Perón lo recibió con los brazos abiertos.

     Pero esto no es lo único que prueba que el antiamericanismo de Perón es un mito. En 1945, la delegación norteamericana a la Conferencia de San Francisco, donde se discutía la creación de la Organización de Naciones Unidas (ONU), incluía 47 miembros del CFR, entre ellos Adlai Stevenson, John Foster Dulles, Nelson Rockefeller, Edward Stettinius, Cordell Hull y Alger Hiss. La carta de creación de la ONU que aprobaron los delegados había sido escrita en su totalidad en la Harold Pratt House.

     Uno de los aspectos problemáticos durante las sesiones de la Conferencia fue la presión ejercida por la delegación norteamericana para que se incluyera a la Argentina entre los países miembros de la futura Organización de Naciones Unidas. Finalmente, debido a la fuerte oposición de la Unión Soviética y de algunos países latinoamericanos, que mencionaron la colaboración del gobierno de Perón con la Alemania nazi, Argentina no formó parte del grupo inicial de naciones miembros. Sin embargo, el próximo año, John D. Rockefeller, Jr. (CFR), donó una parcela de tierra en Manhattan, valorada en $8.5 millones de dólares, para la construcción del edificio de las Naciones Unidas. Poco después, Argentina fue aceptada como un miembro más de la ONU.

     En su biografía de Fidel Castro, Tad Szulc menciona el hecho aparentemente inexplicable de que los peronistas escogieran precisamente a un grupo de estudiantes cubanos para la misión de organizar y celebrar el congreso en Bogotá. De hecho, es extremadamente difícil de explicar por qué el fascista Perón escogió precisamente a un estudiante “comunista” para organizar un congreso de estudiantes antinorteamericanos en América Latina. También es difícil de explicar el por qué, a pesar de que existía una representación legítima de los estudiantes universitarios cubanos, la Federación Estudiantil Universitaria (FEU), los argentinos la ignoraron y fueron directamente a contactar a Castro, el cual no era parte de esta organización.

     Pero hay una explicación que merece ser considerada. Según el propio Castro, la idea de organizar el congreso estudiantil se le ocurrió pocos días antes de la fecha en que la Novena Conferencia debía comenzar. Es decir, que fue después de haber asistido a la reunión secreta en casa de Lazo y de su primer contacto con su controlador, el agente de la CIA Salvatierra. Por consiguiente, no es difícil llegar a la conclusión de que la idea de un congreso estudiantil paralelo a la Novena Conferencia no fue de Castro, sino de sus amos los Rockefellers y otros miembros del CFR. Este sería el pretexto perfecto para justificar la presencia del agente provocador Fidel Castro en Bogotá.

     Lo más probable es que los fondos para el viaje hayan sido suministrados por los Rockefellers. Pero, obviamente, no podían haberlo hecho directamente a través de la CIA, pues esto hubiese sido algo difícil de explicar por Castro. Por tanto, los conspiradores recurrieron a la ayuda de su buen amigo Perón para que sirviera de intermediario, lo cual es un procedimiento común usado por las agencias de inteligencia cuando quieren ocultar la

procedencia de los fondos que suministran a sus agentes secretos.

     Si Perón era antinorteamericano, lo era sólo en el sentido que lo eran David y Nelson Rockefeller, Allen Dulles y Fidel Castro: siempre actuando en contra de los intereses del pueblo norteamericano, pero a favor de los intereses de los banqueros de Wall Street, los magnates petroleros, y los ejecutivos de las corporaciones internacionales que controlan la política de los Estados Unidos. Lo demás no pasa de ser un cuento de hadas creado para ocultar las estrechas relaciones de Perón con los verdaderos imperialistas anti norteamericanos.

5. Los disturbios del Bogotazo

     En la entrevista que le concedió a Alape, Castro afirma categóricamente que el Bogotazo fue una explosión espontánea de violencia de las masas como resultado del asesinato de Gaitán:

Te puedo asegurar que lo del 9 de Abril fue una explosión espontánea completa, que ni lo organizó nadie, ni podía haberla organizado nadie. … Nadie puede atribuirse haber organizado lo del 9 de Abril, porque precisamente lo del 9 de Abril lo que careció fue de organización. Esa es la clave, careció absolutamente de organización.

     Es altamente significativo que la versión de Castro de los hechos coincida exactamente con la que ofreció el entonces Director de la CIA, Almirante Hillenkoetter. Sin embargo, contrariamente a la opinión de Castro y de la CIA, la mayoría de los autores que han estudiado el Bogotazo concuerdan en que, lejos de haber sido un alzamiento espontáneo, se evidenció que había habido preparación previa para crear los disturbios. Más aún, en contradicción con lo que le aseguró a Alape, el propio Fidel Castro le ha prestado credibilidad a esas sospechas.

     En una entrevista que le concedió al periodista hindú Kurt Singer a fines de 1960, Castro mencionó cómo, cuando apenas tenía veinte años, “participé en la ejecución de un plan [énfasis añadido] cuyo objetivo era la liberación de Colombia.” El hecho de que Castro estaba siguiendo un plan previamente establecido se confirma en una carta que recibió de su novia Mirtha, en la que ésta le menciona que está preocupada porque, antes del viaje, Fidel le había dicho que “iba a comenzar una revolución en Bogotá.”

     Ahora bien, dado que en ese momento Fidel Castro tenía tan sólo 21 años y carecía de la experiencia, los recursos, y la estatura política necesaria para llevar a cabo tal plan, hay que concluir que el plan no era suyo, sino de alguien que él no menciona. No obstante, después de conocer que Castro había sido reclutado anteriormente por la CIA, así como que la CIA no es mas que un instrumento de los banqueros de Wall Street aglutinados en el Consejo de Relaciones Exteriores, no es desacertado pensar que el plan que menciona no era suyo, sino que había sido concebido por los conspiradores del CFR en la Harold Pratt House, y llevados a cabo por agentes de la recientemente creada CIA y de la desaparecida OSS.

     Evidentemente, hay muchas cosas que indican que los disturbios del Bogotazo habían sido planeados con bastante anterioridad. Posiblemente el indicio más claro fue que, unas pocas horas antes de que Gaitán fuera asesinado, el periódico El Popular, de Barquisimeto, Venezuela, publicó en su edición de abril 9 de 1948 (que, lógicamente, había sido preparada la noche antes de ser impresa) la noticia del asesinato y los disturbios que le sucedieron.

     Otras publicaciones se percataron del hecho increíble. Unos días después, el 14 de abril, la publicación venezolana El Gráfico de Caracas, reprodujo un facsímil de la página de El Popular en la que había aparecido la información. El diario El Siglo de Bogotá siguió el ejemplo, y el 29 de abril reprodujo la extraordinaria información aparecida en El Popular.

     Si descartamos la posibilidad de percepción extrasensorial, lo único que explica la publicación de las noticias sobre el asesinato de Gaitán y los disturbios del Bogotazo antes de que ocurrieran, es que la Mighty Wurlitzer49 de la CIA cometió un error de cálculo temporal. Pero eso no es lo único difícil de explicar acerca del Bogotazo.

     Aunque los revoltosos se valieron mayormente de explosivos improvisados para causar la destrucción, algunos testigos presenciales luego recordaron que hacían su labor destructora con gran rapidez y eficiencia. Según un estudio sobre el Bogotazo publicado en 1969 en una revista académica la CIA, sólo para circulación interna, algunos de los revoltosos llevaban una cinta roja en el brazo (el símbolo tradicional del Partido Liberal colombiano), pero algunas de las cintas rojas mostraban la hoz y el martillo (el símbolo tradicional del comunismo soviético).

     Un testigo presencial que observó de cerca el trabajo de un grupo de unos 25 revoltosos, y al parecer se unió a ellos por cierto tiempo, declaró que estos eran disciplinados y estaban bien organizados. El líder del grupo llevaba una cinta roja en el brazo. Poco después, a este grupo se le sumaron otros tres grupos similares, pero el jefe de esto grupos llevaba una cinta blanca. Este nuevo líder sostenía en las manos una hoja mecanografiada con una lista de los edificios que se proponían saquear y destruir. El testigo añadió que, durante el tiempo que se unió al los grupos, no escuchó ningún comentario de crítica al general Marshall o a los Estados Unidos.

     La evidencia ofrecida por varios testigos presenciales muestra que, a pesar del caos aparente, los participantes en la revuelta actuaron siguiendo un plan bien coordinado. Algunos testigos observaron que la destrucción estaba muy bien organizada, al punto de que, desde antes de que la revuelta estallara, en ciertos lugares estratégicos de la ciudad ya se habían almacenado depósitos de gasolina que luego fue usada para quemar los edificios.

     Un informe del G2 del 17 de abril de 1948 asevera que “la revuelta ha sido organizada hasta el punto de distribuir cuidadosamente tarros de gasolina que pudieran utilizarse para quemar” Sin embargo, el famoso Teatro Colón, el Club de Jockey, el Club de Tiro, y otros símbolos máximos de la aristocracia colombiana, fueron dejados intactos. Más aún, a pesar de que los saqueadores robaron toda la propiedad privada que pudieron cargar, no tocaron los archivos de los notarios públicos donde se guardaban los contratos de transacciones de propiedad.

     Mucho más difícil de explicar es el hecho de que, a pesar de la apariencia caótica y sanguinaria de la masa de revoltosos, algunos de estos parecía que actuaban con cierta coordinación. Por ejemplo, mientras algunos de ellos preparaban cocteles Molotov para quemar un edificio en particular, otros entraban al edificio y, mientras destruían los muebles, forzaban a los que todavía permanecían en edificio a evacuarlo en un esfuerzo por evitar muertes innecesarias. Además, a pesar de que las estaciones de radio incesante-mente acusaban al general Marshall de estar implicado en el asesinato de Gaitán, los revoltosos nunca trataron de atentar contra la vida de Marshall o de interrumpir la Conferencia. El saldo de los disturbios mostró que ningún político importante colombiano o extranjero perdió la vida en la revuelta.

     Unos pocos minutos antes de las 2 p.m., la turba llegó al Capitolio Nacional y comenzó a saquear el edificio. La Conferencia acababa de terminar unas de sus sesiones de la mañana y muchos de los delegados se disponían a salir. Sin embargo, inexplicablemente, ninguno de los más de un centenar de delegados presentes fue molestado. La turba los mantuvo rodeados, pero sin agredirlos, hasta unas horas más tarde cuando fueron rescatados por fuerzas militares que los condujeron a sus respectivas embajadas.

     Al día siguiente, Carlos Atilio Bramuglia, Ministro de Asuntos Exteriores de la Argentina, le sugirió al general Marshall que pospusiera la continuación de la Conferencia hasta que cesaran los disturbios. Pero Marshall, tal vez basándose en información privilegiada, se negó rotundamente a aceptar la sugerencia. Poco después, el lugar de la Conferencia se trasladó a una escuela en las afueras de la ciudad, donde prosiguió sus deliberaciones, que

culminaron con la Declaración de Bogotá, sin ser molestada.

     El uso durante el Bogotazo de ciertos elementos propagandísticos típicos de operaciones de guerra psicológica, evidencia una cuidados preparación previa a los sucesos. Por ejemplo, tan sólo unos pocos minutos después de que Gaitán cayera herido por los disparos del asesino (o los asesinos), algunas personas bien organizadas distribuyeron una hoja suelta en las calles del centro de Bogotá. Especialistas que luego la analizaron, notaron varias cosas difíciles de explicar. Primero, la impresión mostraba el uso de seis tipos de letras diferentes. Segundo, la tinta con que había sido impresa estaba totalmente seca. En tercer lugar, los márgenes del texto impreso estaban totalmente nítidos, sin manchas ni borrones que indicaran una manipulación cuando la tinta aún estaba húmeda.

     El texto, en teoría escrito por los comunistas colombianos, acusaba al Presidente Ospina de ser culpable del asesinado de Gaitán: El hecho de que esta hoja suelta que menciona el asesinato de Gaitán evidentemente había sido impresa antes de haberse cometido el crimen, indica que el asesinato no fue la obra de un individuo aislado sino de una conspiración bien organizada .

     Pocos minutos después de que se difundió la noticia del asesinato de Gaitán, las estaciones de ferrocarril, las oficinas de correos y telégrafos, así como la mayoría de las estaciones de radio, habían caído bajo el control de los revoltosos. Estas fueron las estaciones de radio que inmediatamente comenzaron a jugar un papel importante en la coordinación de los disturbios.

     Muchos de los autores que han estudiado el Bogotazo coinciden en que las estaciones de radio tuvieron un papel clave en instigar los disturbios. Menos de 20 minutos después de que Gaitán fue asesinado, alguna emisoras de radio comenzaron a transmitir mensajes en los que se incitaba a la revuelta y se daban instrucciones a los revoltosos sobre cómo obtener armas saqueando ferreterías, así como preparar cocteles Molotov y qué puntos clave atacar. Algunos locutores legítimos se dieron cuenta del daño irreparable que el asesinato de Gaitán podría causar, y aconsejaron a sus oyentes que permanecieran en sus casas o en sus trabajos60 y no se sumaran a los disturbios, pero otros hicieron todo lo contrario, e incitaron a los revoltosos a saquear, matar y destruir.

     Sin embargo, los locutores improvisados que transmitieron sus mensajes desde las estaciones de radio ocupadas por los revoltosos demostraron un alto grado de profesionalismo que va en contra de la opinión generalizada de que todo sucedió en el calor del momento. Un informe secreto del hecho, escrito por el Coronel W. F. Hausman, Agregado de la Oficina Norteamericana de Inteligencia Naval, menciona “transmisiones de radio secretas” en las que se incitaba al pueblo a participar en la revuelta. Según otro informe, no menos de tres estaciones clandestinas, una de ellas móvil, comenzaron a transmitir mensajes tan sólo unos pocos minutos después del asesinato de Gaitán.62 La mayoría de las estaciones usadas en la operación usaban la misma técnica: transmitían por unos pocos minutos, paraban, cambiaban la frecuencia y volvían a salir al aire. Esto evitaba que el lugar donde se originaba la transmisión pudiera ser localizado por triangulación.

     Un mensaje que se repitió constantemente en las transmisiones radiales consistía en una arenga a asesinar al presidente Ospina, a quien acusaban de estar vendido al imperialismo yanqui. Según estos mensajes, Ospina, en complicidad con el general Marshall, había ordenado el asesinato de Gaitán. Sin embargo, los anunciadores radiales nunca incitaron a la turba a interferir en la Conferencia ni a atacar físicamente al general Marshall o a ningún otro norteamericano que asistía a la misma.

     Varios testigos luego informaron sobre la actividad de francotiradores durante los disturbios. De hecho, gran parte de las bajas ocurridas durante la revuelta fueron el resultado de los disparos de los francotiradores. Debido a que algunos de los franco-tiradores disparaban desde los campanarios de las iglesias, circularon rumores infundados de que los sacerdotes estaban disparándole a la gente.

     Después de los disturbios, se difundió ampliamente el hecho de que algunos de los revoltosos habían asaltado estaciones de policía, donde se habían apoderado de armas y municiones. Según estas versiones, fue allí donde los francotiradores hallaron las armas que luego usaron en su tarea mortífera. Sin embargo, tal como cualquier persona que haya pasado entrenamiento militar puede atestiguar, la técnica de francotirador no es fácil de aprender.

     A pesar de que no es difícil disparar un fusil, hacer blanco a una distancia de más de media cuadra (unos 50 metros) es algo bien diferente. Las dificultades aumentan si el que dispara no ha tenido experiencia previa en el manejo de armas de fuego, la mira del fusil no ha sido profesionalmente acerada por un armero, y el disparo no se produce cuando el fusil está en línea horizontal con el blanco, tal como requiere el disparar desde las azoteas de los edificios o los campanarios de las iglesias.

     Por consiguiente, la duda persiste. ¿Quiénes eran los francotiradores? ¿Quién les suministró los fusiles perfectamente acerados? ¿Quién los entrenó y los ubicó en sus posiciones de tiro?