lunes, 20 de junio de 2016

A BEBER SU PROPIA MEDICINA -SOBRE RETIROS Y DEPOSITOS EN GENERAL BERGOCLIO

A BEBER SU PROPIA MEDICINA

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
En esta pesadilla de gángsters en que viene a zozobrar el relato kirchnerista, con un funcionario de primera línea lanzando sus bolsos con millones de dólares termosellados por encima de la tapia de un convento amigo, Francisco queda inevitablemente salpicado. No sólo por haber degradado durante estos tres últimos años el ministerio petrino al comportarse, entre otras zafiedades, como un vulgar propagandista del reciente criminal gobierno de su país, sino por el papel que le cupo al mando de la Iglesia argentina durante aquellos años de desfalco a titánica escala. En efecto, si la obra pública fue el inverecundo ítem, la matriz de los más caudalosos latrocinios de que se tenga memoria en nuestras esquilmadas latitudes, Bergoglio coincidía en ser el arzobispo de Buenos Aires y cardenal primado de la Argentina justo en los años en que el Estado nacional se servía financiar la costosa restauración de la iglesia de San Ignacio, en pleno centro porteño, y la basílica de Luján.

Raros estos contubernios entre la Iglesia y el Estado en tiempos en que el laicismo ya lo invadió todo, cuando la doctrina católica ya no inspira a las leyes ni es objeto de la menor atención por parte de los políticos en sus impíos programas de rigor. Entente que se perpetúa en la noche misma de la fuga, cuando de enterrar dólares se trata en el jardín de unas ancianas monjitas. Como en los llamados «siglos de hierro», pero con el aditamento poco agradable de una jerga marxistizante, tenemos ahora una Jerarquía ávida de acumular poder a cualquier precio, enroscada con los poderes mundanos en los asuntos menos inocentes.

Ahora quizás se comprende -o, al menos, se conjetura con alguna aproximación- porqué Bergoglio, siempre tan celoso de la oportunidad y tan ágil para las adaptaciones de última hora, sigue tan atado a los figurines de un gobierno ya concluso, porqué se obstina en apoyar una causa perdida. Peor para esta ralea de politicastros, si es cierto -como parece- que el favor de Francisco pronto se trueca en calamidades. Puede dar fe de ello, entre muchos otros de una larga lista, el presidente ecuatoriano: no terminaba de estrecharle la mano al pontífice en la Santa Sede el pasado mes de abril cuando su nación empezaba a sufrir uno de los terremotos más terribles de su historia.

Se impone, con todo, recordar el alcance del reciente motu proprio francisquista (Come una madre amorevole), en el que se establece una nueva normativa para la destitución de los obispos en los casos en que "a través de negligencia, han cometido u omitido actos que han causado un grave daño a los demás, ya sea con respecto a las personas físicas, o con respecto a la propia comunidad". Pese a que algunos ingenuos quisieron ver en esto el principio de la necesaria depuración de aquellos prelados encubridores de presbíteros incursos en casos de abuso sexual, los más perspicaces reconocieron aquí un paso más en la estalinización de la Iglesia, el camino expedito a una purga de todo aquel elemento sospechoso por refractario a la demolición ordenada en vestes blancas por Bergoglio: bastará con imputarle fácilmente al obispo algún descuido en asuntos de orden patrimonial de la diócesis para así dar con él y con su fama en el fango irremontable. Es de temer que la celeridad -en éste como en otros órdenes del gobierno de la Iglesia- se deba, como reza el Apocalipsis, a que "queda poco tiempo".

Pero a Bergoglio habría que darle a beber su propia medicina, si esto fuera posible. Y reprocharle cuánto su connivencia con los delincuentes que saquearon las arcas de su nación «causa un grave daño a los demás» --pecado de escándalo, que le dicen-- y que es su deber, ya que le gusta descender al llano de la política, dar cuenta de cómo se manejaron los presupuestos de obra pública volcados a templos de su jurisdicción cuando era ordinario de Buenos Aires, para que no se siga maliciando que su amistad con estos hampones se funda en turbios negocios comunes. Bastará traer a colación el caso de quien fuera su inmediato subordinado, el entonces Provicario General de su arquidiócesis monseñor Eduardo García, quien en 2008 les arrebató literalmente un convento a las Hermanas de la Santa Casa de Ejercicios sin que esto le impidiera seguir "haciendo carrera". O el de aquel párroco elevado a la dignidad episcopal por su exclusivo intermedio, luego de que fuera señalado su adulterio con una feligresa a instancias del propio marido injuriado, que pocos meses después de entrevistarse con Bergoglio para pedirle que le hiciera justicia murió de una penosa enfermedad. Memorable es también la apoteosis que le organizó Bergoglio al entonces obispo de Merlo-Moreno, monseñor Bargalló, destituido por haber viajado al Caribe con otra mujer casada a expensas de los fondos de Cáritas, que él mismo y con tal pericia administraba. Ni siquiera el ahora parco Pepe de la Achicoria dejó de referirse al entonces cardenal como a «una plaga de Egipto para la Iglesia argentina, o las siete juntas», en un artículo publicado en setiembre de 2010 y eliminado de la web cuando cambiaron los vientos, pero que otros sitios se ocuparon de archivar por su elocuente valor testimonial. Pues, como se dice allí con entera veracidad, «Bergoglio no ha sido sólo una calamidad para su arzobispado sino que ha extendido su maléfica influencia a toda la nación sobre cuya Iglesia impera para perdición de las almas».

Si no bastara con la ingente cosecha de actos y dichos perniciosos con que cuenta en su haber a lo largo de su tenebroso pontificado, suficiente a solicitar a gritos una saludable remoción, podría aplicarse retroactividad a las normas de su reciente motu proprio y despojarlo en el acto de la dignidad que tuvo en nuestras orillas antes de su impensado y definitivo ascenso. Que vuelva a sus probetas el ambicioso perito químico, y que la Iglesia se vea libre de las aguas de sangre, de la invasión de ranas, de los piojos, de las moscas, de las pestes y las úlceras, del granizo, las langostas, las tinieblas y la muerte de sus hijos.

Sobre Retiros y Depósitos en General Rodríguez

Enviado por Moderador el Jue, 06/16/2016 - 16:58.

La feliniana historia de un revoleo de bolsos
Es el único monasterio donde en lugar de hacer retiros, hacen depósitos…
Ingenio popular argentino.
En la madrugada en que el Sr. José López fue sospechosamente sorprendido “in fraganti” por una patrulla policial, a las 4 de la madrugada, ingresando 8 bolsos con unos 9 millones de dólares en efectivo y otros valores al Monasterio de las Monjas Orantes y Penitentes de Nuestra Señora del Rosario de Fátima, en la localidad de General Rodríguez, Diócesis de Mercedes-Luján, Prov. de Buenos Aires, Argentina, cayeron todos los “relatos”.
En el orden político, siendo el Sr. López un altísimo funcionario ya perseguido, aunque no mucho, por la justicia a causa de manejos turbios muy evidentes de fondos públicos, estrechísimamente ligado a los ex presidentes, Kirchner y Fernández de Kirchner, las cosas van por un carril que no nos compete analizar aquí. Pero la extraña concurrencia de los hechos toca, o más bien, choca y se lleva por delante con enorme fuerza a la Iglesia Católica argentina.
El famoso “relato” que reinó durante la larga década kirchnerista en principio es su peregrina versión de la realidad. Hay, sin embargo, otros “relatos” concurrentes o paralelos. Uno que da cuenta de la persecución del kirchnerismo a Bergoglio. Otro del anticlericalismo acérrimo de Néstor y Cristina. Pero los hechos indican sospechosas contradicciones.
“Quedó lindísimo, Agustín”
El decreto Nº 1 de Néstor Kichner fue la asignación de un subsidio para el remozamiento de la Basílica de Luján, que se realizó durante años, con resultados magníficos. El costo de esta obra “pública”, ya que es patrimonio histórico de la Nación, es difícil de calcular. El costo real, digo, por esa mala costumbre que suele tener el clero de firmar sin mirar mucho si lo que dan por recibido es lo que han recibido realmente. Este subsidio fue la inauguración de era kirchnerista, a nivel nacional, de sobreprecios y “retornos” a los funcionarios del dinero que pagaban por obras de interés público. Un monto difícil de imaginar; miles de millones de dólares transportados en bolsos con paciente perseverancia durante 12 años, semana tras semana. Y la paciencia es una virtud.
Se supone que los Kirchner tenían mala relación con la Iglesia porque ni se hablaban con el Arzobispo de Buenos Aires y Cardenal de la Argentina, hoy papa Francisco. Pero tenían muy buena relación con otros obispos, algunos de los cuales respondía muy sumisamente, o bien debía la diócesis a las intensas y resistidas gestiones de Bergoglio en Roma para su designación.
En Mercedes-Luján, Mons. Radrizzani, un salesiano muy izquierdoso, llegó desde Neuquén gracias a la insistencia de Bergoglio, que tenía tal manejo de las designaciones episcopales, siendo arzbispo y no papa, que raramente se le se le escapaba alguna, como si dependieran de él. Aunque una que otra se le escapó y ya viene dando cuenta de los que entraron por la ventana. Que lo diga Mons. Sarlinga , ex obispo de Zárate - Campana, al que literalmente hizo sonar…
Volvamos. Las buenas relaciones del Arzobispo de Mercedes-Luján, (en adelante “Luján”, por razones de brevedad) vienen de cuando el conservador Mons. Rubén Di Monte ejercía la titularidad, la cual dejó por razones de edad a su sucesor Radrizzani. Ideológicamente, por decirlo de un modo coloquial, ambos son muy distintos. Pero en la práctica tuvieron excelentes intercambios con los Kirchner. Los obispos elogiaban al gobierno o esquivaban las críticas, o las hacían de un modo muy elíptico y el gobierno aportaba dinero para “obras”. Cuánto puso el gobierno y por cuanto firmaron los obispos es otro tema.
Di Monte se retiró pero con la precaución de fundar una orden que denominó muy tradicionalmente Monjas Orantes y Penitentes de Nuestra Señora del Rosario de Fátima, residentes en un monasterio, antigua casa de monjas de clausura, dentro de la Diócesis, la cual utilizará como residencia de retiro personal y centro de operaciones de su apostolado fatimista. Porque Mons. Di Monte era un devoto de Fátima.
Digresión autorreferencial necesaria
Es curioso que unos 15 días antes de este episodio yo leyera, muy por encima porque la calidad de la obra no merece dedicarle mucho tiempo, un libro de Mons. Di Monte sobre Fátima. “Trucho”, si se me permite el coloquialismo, desde la tapa misma, con un fotomontaje que muestra al autor junto a Sor Lucía. Si lo estuvo alguna vez, se ve que no encontraron la foto. El contenido es una mera recopilación de documentos que no aportan nada nuevo al caso, pero visten la figura del fundador de una orden con tan marcada devoción.
El caso es que Mons. Di Monte parece salido de la misma matriz típica de ciertos obispos: “conservadores”, “devotos”, habilísimos para entenderse con el poder político y el Establishment del dinero, dispuestos a pactar con cualquiera “por el bien de la Iglesia”.
Honestamente, no me quiero meter en cosas de su fuero interno ni juzgarlo, pero creo que ante sus ojos, como ante los de muchos obispos de antes, “las obras” católicas (los ladrillos, entíendase, o el sostén de instituciones, aunque fueran inútiles y perjudiciales para Fe) les otorgaban un extraño salvoconducto para esquivar ciertos mandamientos, como “no robar”, “no mentir”, etc. Lo mismo que ahora, los Amores de Leticia inaugura la excepción al mandamiento “no fornicar”, etc. Creo que se entiende la comparancia.
Por cierto, que tanta intrepidez para negociar y pactar no es óbice para una extrema cobardía, que llega al ridículo, a la hora de despegarse de los hechos escandalosos. Muerto Di Monte, con gran sentido de la oportunidad, hace apenas dos meses, su sucesor, Mons. Radrizzani estaba perfectamente al tanto de todo esto y lo aprovechaba con fruición. O sea, agarraba la plata y los beneficios sin ningún asco. Hasta el día reciente en que Lopecito tuvo la idea -digna de Fellini- de arrojar bolsos con dólares por sobre la tapia del Monasterio tan querido como beneficiado por el gobierno kirchnerista. Y esto es para Radrizzani un bulto difícil de levantar, más que los bolsos de López, por lo que decide comunicar a todos los que quieran saber lo siguiente:
"Ante los acontecimientos sucedidos en el día de la fecha en el Monasterio de Nuestra Señora del Rosario de Fátima en General Rodríguez, queremos manifestar nuestra perplejidad y sorpresa ante esta situación.
"Informamos a la opinión pública que la comunidad conocida como 'Monjas Misioneras Orantes y Penitentes de Nuestra Señora del Rosario' es, en realidad, una asociación privada de fieles que se rige de acuerdo a los cánones 321-326 del Código de Derecho Canónico y que ha permanecido bajo la autoridad de su fundador, monseñor Rubén Di Monte, recientemente fallecido. 
"Deseamos que la Justicia pueda actuar con plena libertad para llegar a la verdad de lo acontecido y manifestamos nuestra disponibilidad a colaborar con lo que ella requiera".
O sea, nunca recibimos plata ni sabemos nada del Sr. López, (¿López, quién es, hay tantos López) no tenemos nada que ver con esa orden ni ninguna jurisdicción sobre ella. Lo primero lo desmiente la historia demasiado reciente a la vista de todos, lo segundo el simple hecho de que el monasterio está en su diócesis. Tanto que lo tiene como una de las dos casas religiosas femeninas existentes bajo su jurisdicción en la web oficial.
Radrizzani al horno, con papas
El distinguido periodista y biógrafo papal, Sergio Rubín, el mismo día del escandalete felinesco, a eso de las 15 hs. declara en TN, canal de noticias de la Argentina del Grupo Clarín, que este lamentable espisodio podía esperarse de alguien como Di Monte, un hombre conservador, etc. Un gerente más que un obispo (eso es verdad), etc. Y que merced a las gestiones del Card. Bergoglio, gracias a Dios, Luján ahora estaba en manos de un obispo moderno, de otro estilo, lejano al poder político (¿?) etc.
Tres horas más tarde, en ese mismo canal y si no me equivoco ante los mismos periodistas, Sergio Rubín dice que “el penoso comunicado de Mons. Radrizzani no está a la altura de las circunstancias”, etc. Y cita -tomen nota de esto porque también es de Fellini- cita el derecho canónico en el parágrafo que describe la responsabilidad que tiene un obispo en el gobierno de su diócesis sobre todos los institutos de la Iglesia allí radicados, etc.
¿Qué pasó, Sergio? No lo sabemos. Podemos presumir un llamado de o hacia Roma que le hizo cambiar el “relato”. Radrizzani pasó de ser el elegido de Bergoglio a un obispito mediocre e irresponsable, peor que Di Monte. ¿Queda claro? ¡Marche un obispo al horno con papas! porque hay dos, ¿no?
¿Hermanitas de Fátima, inc.?
Las 3 (tres) monjas que forman la orden, cuyas edades van de 94 a 38 años, pasando por una de 70 y pico, quedaron sospechadas de ser una asociación ilícita. Muerto Di Monte y desamparadas por su obispo, las pobres aparentemente no tenían demasiada idea de la gravedad de los hechos, aunque uno nunca sabe.
Declararon que todos estos señores generosos habían sido habituales visitantes del Monasterio, el cual seguía creciendo en edificios pese a la menguante notable de miembros. Allí AICA, la Agencia Católica oficiosa argentina nos aporta un dato interesante del año 2013. El 13 de mayo se comenzó, con la bendición de la piedra fundamental, la obra de la nueva casa de retiros que se construiría en el predio del Monasterio. Ver noticia, imagen del proyecto, etc. aquí.
Como el humor popular ha consagrado ya en una fórmula notable, sería la primera casa de retiros donde se hagan depósitos
Después de infructuosas búsquedas, en el lugar solo se halló lo que puede esperarse de una casa religiosa. Algunas monjas, celdas en general vacías y rastros de obras recientes o en curso. Lo que se presume con facilidad es quien pagaría estas obras, y se puede imaginar con menos esfuerzo el precio final de las mismas. Mons. Di Monte era tan rápido con la lapicera como Radrizzani con la computadora.
Recomendamos guglear los elogios mutuos de Mons. Radrizzani y los Kirchner. Hasta el uso del púlpito por parte de los presidentes tras los Tedeums ad hominem (y ad feminam) que se celebraban en la Basílica, de los que dimos oportuna cuenta en Panorama. Ver aquí, y aquí, si tienen ganas. Para completar el mandato final, Cristina también fue a un Te Deum en Luján, donde le dijo al obispo, con cierto exceso de confianza, que el trabajo de restauración de la Basílica “quedó lindísimo, Agustín”.
Cierto que a los Kirchner nunca les fue bien con los Tedeums. Cuando su obispo preferido era Maccarone, el pobre terminó renunciando después de aparecer en un vídeo en paños menores intercambiando pruebas de amistad íntima con un joven remisero. El entonces arzobispo de Santiago del Estero fue un adelantado de la Amoris Laetitia. Todavía se lo encuentra en la web (el vídeo) pero no vale la pena buscarlo. Ni a Maccarona. Bajo la supervisión del entonces cardenal y hoy papa, Maccarone intentó reivindicarse (Help, Maccarone is back!) sin éxito.
Kirchnerismo nacional y cristiano
Finalmente, hay que dar a cada uno lo suyo. Kirchner restauró la Basílica y la honró con su presencia y palabra. Lo mismo Cristina, que según parece siempre se opuso a proyectos de ley de aborto legal, por más que haya versiones atenuadas de aborto no punible en la Argentina.
Cuando Bergoglio fue elegido papa, durante un tiempo tuvo una actitud hostil, pero luego lo visitó incesantemente allí donde lo pudo encontrar. Y hasta Hebe de Bonafini, la irreductible, terminó diciendo que había sido injusta con Bergoglio. Casi todos los funcionarios de rango del gobierno kirchnerista han pasado por la Santa Sede a ver a Francisco, todos tuvieron una cálida recepción. La esposa de uno de ellos, Guillermo Moreno, supervisa las cuentas de Scholas Occurentes… ¡Temamos!
Ahora se descubre que el Monasterio de General Rodríguez era un lugar dilecto de muchos funcionarios, artistas y gente cercana a los Kirchner para asistir a ceremonias y comer asados. Nadie come asados en un monasterio si no es católico, es evidente. Por fin, desde el Ministerio de Planificación Federal se enviaba no solo ayuda para las obras de una casa de retiros, sino una limosna de nueve millones de dólares, entregada personalmente por el ex Secretario de Obras Públicas por la noche (que tu mano izquierda no sepa lo que hace tu mano derecha), robada especialmente (sic) para las monjitas. Sería realmente un acto de ingratitud acusar al kirchnerismo de hostilidad hacia la Iglesia Argentina.
Después de todo, como se supo por fuentes confiables, López no pudo hacer la donación de un modo más anónimo porque no cabía en el cepillo de la colecta.