lunes, 22 de junio de 2015

En el nombre de la Madre por Andrea Palomas Alarcón



En el nombre de la Madre


Andrea Palomas-Alarcon 
De madrugada, la Juez Sandra Arroyo Salgado allanó el domicilio en el que Bárbara y su marido vivían con su pequeña hija. El Código Penal ordena que los allanamientos en domicilios particulares sean siempre en horario diurno (art. 158 CPPN) pero desde que el kirchnerismo llegó, la única ley que rige es la del más fuerte.
El marido de Barbie fue separado y encerrado con su hijita en una habitación. Barbie y su propia madre también fueron separadas entre sí. Arroyo Salgado exigía una muestra de sangre para averiguar si Barbie era hija de “desaparecidos”. Aunque la ley pide su consentimiento para esta extracción, las medidas coercitivas que rodean el examen son de tal brutalidad que la víctima (la víctima del Estado abusador) termina cediendo.


Su hijita lloraba desconsoladamente. Arroyo Salgado, la misma que hoy mendiga ayuda contra el poder que tan bien supo servir, negó que le alcancen una mamadera. La bebé se estaba deshidratando por el llanto y el miedo.
Barbie pudo reunirse con su madre Elida Hermann en privado. La juez no la autorizó a atender a su hija pero sí a reunirse con su madre, sabiendo bien el efecto que tendría. “Vas a tener que aceptar, Barbie, no te van a dejar en paz hasta que les des sangre… yo voy a estar bien”, la convenció Elida.
Barbie aceptó. Por obra de la magia genética kirchnerista pasó a ser hija de “desaparecidos” y Elida fue a prisión.

El nombre

“¿Cómo te querés llamar?” le preguntó a Barbie la juez Arroyo Salgado ya en la calma de su oficina ante el dudoso examen genético.
-¿Cómo te querés llamar?
-No entiendo… ¿me tengo que cambiar el nombre?
-El apellido, desde ya, pero si también querés cambiarte el nombre de pila, lo dejo a tu elección.
-Yo soy Bárbara… siempre fue mi nombre y siempre lo va a ser.
Barbie nunca rechazó a su supuesta hermana, Juliana, antes bien recibió con alegría tener una hermana habiendo sido criada como hija única. Habían empezado a construir una relación, ambas tenían hijas de la misma edad pero sólo le hizo un pedido a Juliana, que no fuera querellante contra su madre. Juliana se negó “se lo debo a ellos”.
Nunca volvieron a verse.

Mala influencia

Elida Hermann continúa en prisión contra todas las prescripciones legales y todos los pronósticos. Se aluden oscuros designios de pactos internacionales pero “off de record” le explicaron a Barbie que Elida seguía en prisión efectiva porque es una “mala influencia” para ella.
Elida Hermann tiene 71 años, un año más que el que necesita para acceder a la prisión domiciliaria. Tiene además múltiples enfermedades propias de la edad, problemas de columna, presión alta, asma… El Código Procesal Penal ordena que los presos de más de 70 años o enfermos sean detenidos en su domicilio. Las cárceles argentinas no están preparadas para personas de más de 40 años. Los únicos de más de 40 (60;70;80;90) que continúan presos en Argentina son los condenados por “lesa”. Elida cumple las dos condiciones: edad y enfermedad. El único motivo por el que no se le permite ir a su domicilio es porque Barbie se niega a rechazarla como madre.
El pasado 16 de junio, la Sala IV de Casación volvió a rechazar su detención domiciliaria por tercera vez. Con el voto de Juan Carlos Geminiani y Mariano Borinsky (en disidencia Gustavo Hornos) decidieron, entre gallos y medianoche, que Elida siga en prisión común, rodeada de presas comunes. Barbie había solicitado estar presente en la audiencia de Casación para pedir por su madre. Por eso fallaron sin audiencia previa, en contra de lo que ordena la ley. El escándalo de una hija “apropiada” pidiendo clemencia por su “apropiadora” es más que lo que el relato del régimen puede resistir.
Barbie tuvo una crisis de nervios cuando lo supo. Se presentó en el edificio de Comodoro Py y exigió hablar con los jueces. La defensora Magdalena Laiño trataba de calmarla.
Sus gritos llegaron a los imperturbables jueces. Sólo Borinsky salió a atenderla precariamente en un pasillo, le dijo con desprecio que no iba a desperdiciar ni cinco minutos de su tiempo con una “hija de genocidas”.
Como Barbie no se somete al relato del régimen, pasa de hija de “desaparecidos” a hija de “genocidas”.
Ésta es la terrible disyuntiva. Barbie y su madre saben muy bien que el amor que se prodigan no tiene cabida en la realidad de utilería que inventaron las “orgas” de DDHH. Ambas saben que Elida sólo podrá ir a detención domiciliaria si Barbie la rechaza como madre pero ninguna de las dos acepta esa regla y sufren con estoicismo la realidad que les impusieron.
Barbie podría disfrutar un presente de fama, halagos, indemnizaciones y cargos públicos bien remunerados pero en su lugar elige el amor de su madre y la lealtad a la familia que la crió.
La identidad biológica que le quieren imponer violenta sus sentimientos de persona libre y sensible.
País hundido en la mediocridad y el fracaso, aquel que castiga el amor y premia la codicia.

Presos Políticos

En Argentina hay más de 2000 presos políticos, muchos de ellos en cárceles comunes aunque por edad y enfermedad deberían estar en detención domiciliaria.
La justicia no sigue ni la ley ni las recomendaciones internacionales de Naciones Unidas para enfermos y ancianos en las cárceles.
Ya han muerto 301 presos políticos​, muchos sin atención médica.
La Constitución Nacional responsabiliza a los jueces por el estado de detención en las cárceles “Las cárceles de la Nación serán sanas y limpias, para seguridad y no para castigo de los reos detenidos en ellas, y toda medida que a pretexto de precaución conduzca a mortificarlos más allá de lo que aquélla exija, hará responsable al juez que la autorice” art. 18 de la CN.
Andrea Palomas Alarcón