viernes, 24 de mayo de 2013

CRITERIOS DE ACCION POLITICAS

Publicado por Revista Cabildo Nº102
Mes de Abril de 2013-3era Época

DOCTRINALES
Jordán ABUD

Criterios de Acción Política
UNA necesaria disquisición —para quienes tenemos la gracia de ser católicos y ar­gentinos, y la desgracia de estar in­mersos hasta lo impensable en una revolución cultural que parece no haber dejado rincón por destruir— es preguntarnos con cautela qué criticamos cuando criticamos.

Podemos estar disconformes con la ideología reinante, pero sin sólidos criterios morales terminare­mos creyendo —por ejemplo— en el voto castigo, sin darnos cuenta de que—así como están dadas las cosas— el verdadero castigo es el voto.

Ya lo sabemos, el fariseísmo a coro rasgará sus vestiduras diciendo que no somos amigos del pueblo. Pero no es precisamente a la legíti­ma y necesaria participación orgá­nica del hombre en lo atinente al bien común a lo que aludimos. Es a esta parodia liberal, demagógica y maquiavélica que funge de gerenciadora nacional.

Pero vamos a lo nuestro; quere­mos que la tristeza que hoy embar­ga a todo argentino bien nacido, sobre cuyo corazón cae diariamen­te un azote y una afrenta, no opa­que las directrices básicas con las cuales debemos "pensar la Patria", ni desvirtúe las anheladas opciones políticas del cristiano.

¿A qué apuntamos? Pongamos algunos ejemplos sueltos:

La figura de Guillermo Moreno

no es nefasta —como lo es, de he­cho— porque sea descaradamente frontal, desprecie abiertamente el dialoguismo a ultranza, y le ponga, el cuerpo a sus ideas. El Inadi no es perverso porque censure y reprima, ni porque pretenda ponerse en cus­todio de algún supuesto tipo de bien social intangible. Tampoco porque denuncie públicamente to­do lo que se aparta de las líneas ge­nerales del gobierno reinante, o re­curra a la justicia —presuponiendo que aquí existiera— y hasta al casti­go de la cárcel si fuera preciso. La Cámpora no es reprochable por conformarse de juventudes militan­tes que pretenden ser el brazo fuer­te y el grupo de choque de quien gobierna. En fin, no reprobamos siquiera un calendario sembrado de feriados porque existan nutridas — y cada vez más— celebraciones que se van intercalando en el ritmo co­tidiano del trabajo y la rutina. Ob­jetar equivocando el sentido de la objeción resulta funcional a la ex­pansión de la patraña.

Ir a la raíz es preguntarse a quién se sirve: a la verdad o a las mentiras ideologías. Lo que cualifi­ca son los fines, y más propiamen­te el Fin. Claro, ellos —los fines— disponen, orientan, sugieren, prefi­guran los medios. Para quien no cree en Dios cualquier medio está permitido, y aquí ya comenzamos a hacer el diagnóstico diferencial de fondo.

Lo reprochable de Moreno es que mienta y robe abierta e impu­nemente; lo indignante es que la fuerza ejercida, al no estar movida por la justicia, resulta palanca del mal. Que para él y su camándula el fin justifique "los medios, con un franco desdén por los criterios mo­rales: eso es lo sublevante. Que, en las antípodas de la génuina política, su principio y fundamento sea acu­mular e incrementar poderes, no servicios a la Nación. No es el des­precio al supuesto clamor popular lo que nos preocupa, sino la burla al hombre sencillo, al ciudadano de bien, al argentino de sentido co­mún.

El Inadi es perverso porque su fin propio es hacer la guerra al Creador y al Orden Natural, y ser custodio de la soberbia, madre de todos los pecados capitales. El Ina­di es represor; pero no lo acusamos de ello, sino de reprimir el Bien. Es discriminador; pero tampoco radica aquí su culpa, sino en discriminar a la Verdad. Es censor, pero bueno sería que lo fue, y más aún, si el ob­jeto de su censura fuera la inmorali­dad.

Lo reprochable de La Cámpora es que sus integrantes sean merce­narios y sicarios de una tiranía marxista; no jóvenes dispuestos a lu­char y a promover su ideario. Lo que los vuelve condenables a sus miembros es vender el alma al me­jor postor y ponerle precio a los amores. Es hacer alarde de una valentía disfrazada de patoterismo impune y anónimo.
En fin, la vergüenza de nuestro calendario, es trocar el sentido cristiano y patriótico de la fiesta por la mentira oficial plasmada en el almanaque; es hacer de la alegría pagana el motor forzado de un pueblo que nació bajo la protección de María Santísima y la inspiración de los santos. Es inventar puentes para demostrar por lo mismo el poco peso vital que tiene un día auténticamente festivo.
Entonces —como en El nuevo gobierno de Sancho—, si el querido Padre Castellani nos permitiera por un momento soñar con él una Argentina Católica, digamos con certeza que puestos en tales circunstancias quienes gobernaran deberían aplicar la mayor reciedumbre contra los enemigos del orden, la mayor conmiseración para el indefenso y un contundente vigor para mandar a todos. Un jefe que cuando diga blanco sea blanco, y cuando negro, negro.
Desde ya que debería existir una institución especial que censurara el error, que persiguiera la herejía, que castigara el escándalo. Todo lo que ofendiera a Dios, la Patria y la Familia sería detectado rápidamente y reprimido. Diríamos entonces, una vez más, que la juventud, por estar hecha para el heroísmo y no para el placer, será la gran invitada a alistarse en el escuadrón más glorioso que pudo existir: el de la Iglesia Militante. Alistada para que defienda sus amores con la oración, con la palabra, con el ejemplo y con los brazos. No serían mercenarios a sueldo, sino soldados de Cristo Rey. No el tío Cámpora sino el Arcángel San Miguel resultaría el patrocinante de la Legión.
Desde luego que el calendario tendría un peso vital en la marcha de la vida social. Pero sus fiestas palpitarían al unísono con el corazón de la Iglesia y de la verdadera historia dé la Patria, ésa que nos han secuestrado y que es preciso rescatar. El día de la Asunción de Nuestra Señora y de Corpus Christi volverían a ser días gloriosos en el
 alma festiva de la Argentina.
Gritaremos una vez más, para que no haya malos entendidos: nuestros amores son incompatibles. No hay paz posible entre Cristo y el mundo. No anhelamos la belleza inaugural de la Patria ni presentimos el poético nuevo amanecer porque nos inspire una acaramelada novela de moda o nos guíe una imaginación dislocada. Es la esperanza cristiana la que prefigura la belleza eterna de las cosas, es la verdadera poesía, la que promete, la que señala el norte muchas veces oculto en la marcha terrena de la historia; es ,la vocación inalterada de la Iglesia y de la Patria, que mientras más se traicionan más claman rugientes desde sus entrañas juramentándonos a la última y definitiva restauración.
Por todo esto, seguiremos siendo católicos y nacionalistas. •