jueves, 25 de abril de 2013

INFAMES TRAIDORES A LA PATRIA


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Son los legisladores del oficialismo y aquellos que hayan votado cuando menos una de las vergonzantes leyes recientemente propiciadas por el Ejecutivo con blanco en el Poder Judicial de la Nación. Y no lo son porque se me ocurra descerrajarles un nuevo epíteto con el que suelo distinguirlos. Lo son porque así lo dice la Constitución Nacional en su artículo 29, que me permito recordarle: “El Congreso no puede conceder al Ejecutivo nacional, ni las Legislaturas provinciales a los Gobernadores de Provincias, facultades extraordinarias, ni la suma del poder público, ni otorgarles sumisiones o supremacías por las que la vida, el honor o las fortunas de los argentinos queden a merced de gobiernos o persona alguna. Actos de esta naturaleza llevan consigo una nulidad insanable, y sujetarán a los que los formulen, consientan o firmen, a la responsabilidad y pena de los infames traidores a la patria”.
Repare Ud. en lo sabio de la Constitución, que en un solo artículo, de breve redacción, ilegaliza e ilegitima, por ejemplo, la maratónica sesión de más de 17 horas llevada a cabo en la Cámara Baja y de bajezas del Legislativo.
Lo que me pregunto es si será justamente el más alto Tribunal del Poder Judicial, y me estoy refiriendo a la Suprema Corte de Justicia de la Nación, la encargada de juzgar la conducta de estos 129/130 legisladores “infames traidores a la Patria”. Pero, cuál es la pena que les correspondería en caso de encontrarles el más alto Tribunal, autores del delito de traición a la Patria, sería la pregunta. Vea, antaño, quizá se podría interpretar con fusilamiento (ocurre que la Constitución siempre se opuso a ello). Destierro en su momento. Ocurre que la reforma introducida en el año 1994 habla solamente para esta caterva de delincuentes, de inhabilitación a perpetuidad para ocupar cargos públicos, excluyéndoselos además de los beneficios del indulto y la conmutación de penas.
Ricardo Pareja2Eduardo Juan Salleras escribió: “Se sabe que los argentinos somos muy livianos para estas cosas y olvidamos, y tal vez también dejamos pasar por alto, estas actitudes demasiado serias para nuestras risueñas vidas institucionales. Entonces no hace a una sanción demasiado importante.”
¡Y debe ser por esto que prefiero llamarlos “¡Terribles hijos de puta!” Para LA ENCARGADA de elevar semejantes proyectos para su aprobación, actual titular del Ejecutivo de la Nación, ya no encuentro calificativo descalificador que mejor se adapte a su condición personal y función que ejerce por mandato mayoritario de oligofrénicos argentinos.
Ricardo Jorge Pareja